Tupper de casi-repostería paleo y low carb (o el picnic/regalo perfecto)

¡Por fin! He aquí una bandeja-tupper de repostería paleo y low carb llevable la mar de aparente, apta para celíacos, intolerantes a la lactosa/fructosa, alérgicos al gluten/caseína e insulinorresistentes que acaban de superar un cáncer (lo que les ha convertido en verdaderos fanáticos del paleo low carb – como yo 🤗), una auténtica gozada que será igualmente idolatrada por todos aquellos que no quepan en las categorías anteriores.

Os reto a mirar el hermoso platico que me ha quedado después del encarnizado reparto del botín y decirme con toda sinceridad que no tiene una pinta tremenda. Yo desde luego me vendía sin titubeos por otro igual (y hasta por medio).

Y doy fe de que no solo son bellos, también levantarán comentarios del tipo “increíble que siga soltero/a” a vuestro alrededor así que vuestros co-comensales los caten. Francamente, no se me ocurre regalo mejor (o postre más apetitoso para un picnic de lujo).

Una vez convencidos y embarcados en el digno cometido de llenar vuestro tupper, llega el momento de decidir de qué. En esta ocasión, el rey indiscutible de la bandeja han sido las mini-tartas de calabaza (en este caso coronadas con unos deliciosos piñones), cuya receta tenéis aquí, porque es mi favorita-del-mundo-para-siempre-o-al-menos-de-momento.

Y, como no podía ser de otra manera, HABÍA que incluir mini-bizcochitos de chocolate con propina (hoy con fresas, frambuesas, nueces y pistachos). Tremebundos.

Y por supuesto, otro pastelito de obligada inclusión han sido las aclamadas nubecillas de coco (que tenéis aquí), una apuesta segura.

Y para rizar el rizo (y dar una opción paleo y apta para alérgicos al huevo), unos deliciosos “casi-ferreros” de “chocoaguacate”, simplemente soberbios (aunque esté feo que lo diga yo, pero a falta de abuela…) ¡Un hurra para la pastelera! 😀

mTOR (o la ruta metabólica que puede acelerar y detener el cáncer)

La primera vez que oí hablar de mTOR fue en una impactante presentación sobre la conexión ancestral entre las proteínas, el envejecimiento y el cáncer impartida por el Dr. Ron Rosdale, uno de los padres fundadores de la comunidad low carb. Me resultó fascinante, a pesar de que, por aquel entonces, yo ignoraba que mi dieta cetogénica estaba manteniendo a raya un agresivo cáncer de endometrio, cuya sintomatología, que yo achacaba a una premenopausia precoz, me acompañó (contra todo pronóstico) durante más de un año. Tras el diagnóstico, aquella inicial curiosidad se convirtió en obsesión y literalmente me sumergí en mTOR, tratando de comprender (y aprovechar) su influencia en la carcinogénesis.

La diana de rapamicina o mTOR (por Mammalian Target of Rapamycin) viene a ser un maestro de ceremonias o director de orquesta bioquímico. Es un complejo enzimático que regula la multiplicación y supervivencia celulares, es decir, es quien decide si la célula emplea su energía en cuidarse y reciclar sus partes dañadas (lo que vendría a ser “invertir en reparación y mantenimiento”) o si, por el contrario, opta por multiplicarse.

Como ruta encargada de modular el crecimiento celular, mTOR juega un papel crucial en el envejecimiento, así como en las patologías relacionadas con él (como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los desórdenes metabólicos). De hecho, se ha comprobado que mTOR se encuentra sobreactivado en la inmensa mayoría de los tumores, lo que no sorprende si se considera que el cáncer es básicamente una proliferación descontrolada de células.

Hasta aquí, suena curioso pero poco práctico, ¿verdad? Parece otro mecanismo susceptible de ser aprovechado por las terapias oncológicas (lo que felizmente ocurrirá en breve, también), pero sobre el que no tenemos control. ¡Pues nada más lejos! Sabed que mTOR modula el crecimiento celular en respuesta a los nutrientes que detecta (particularmente aminoácidos, los componentes de las proteínas que consumimos) y a los llamados factores de crecimiento, ciertos mensajeros bioquímicos celulares (básicamente IGF-1 o factor de crecimiento insulínico tipo 1 y nuestra vieja conocida, la insulina).

Y limitar la acción de mTOR impide la multiplicación de las células promoviendo que inviertan su energía en cuidarse. Sí, esta afirmación incluye a las células cancerosas de (hasta la fecha) un estimado 70% de los tumores. He aquí nuestra poderosa artillería pesada: el control de los nutrientes y mensajeros que recibe mTOR para que incline la balanza hacia la reparación celular y la aleje de la multiplicación. ¡Imaginad el potencial de tenerlo como aliado en la lucha contra el cáncer!

Ruta metabólica de mTOR [Charles Betz (Creative Commons BY 3.0)]
Si queremos que nuestras células se dediquen a reciclar sus mitocondrias dañadas en lugar de dividirse, disminuyendo considerablemente el riesgo de incidencia de cáncer (y retrasando su progresión una vez instaurado), debemos asegurarnos de que mTOR recibe los mensajeros bioquímicos adecuados. Como suele ocurrir, no podemos controlar todos los factores ambientales que potenciarán la expresión de los genes procáncer, pero, igual que podríamos escoger qué partituras le llevamos al director de orquesta, también podemos elegir qué nutrientes alcanzan a mTOR.

Entonces, ¿cómo podemos esquivar un envejecimiento prematuro y eludir las enfermedades que este depara? Pues, una vez ya creciditos (se estima especialmente útil a partir de los 35), manteniendo a mTOR en modo “reparación y mantenimiento”, optando por una dieta baja en proteínas (que activan mTOR directamente) y baja en carbohidratos (que lo hacen a través de los niveles altos de insulina que provocan).

Si estáis aquí, probablemente ya habéis restringido el azúcar y aumentado la proporción de grasa que quemáis. Solo tenéis que darle una vuelta de tuerca más. El Dr. Rosedale recomienda una ingesta diaria de unos 0,8g de proteína por cada kilo de masa magra. Para que os hagáis una idea, en mi caso (mido 1,75m y ahora peso 67Kg), esto se traduce en un par de huevos y una porción mediana de carne o pescado por día.

Pero igual que nunca os pediría que contéis calorías, tampoco creo que haya que pesar proteínas. Simplemente, intentad que el grueso de vuestro plato sean verduras frescas de mil colores llenas de fibra y antioxidantes, convenientemente bañadas en grasas saludables y escoltadas por porciones tamaño “palma de la mano” de huevos, carnes (idealmente de gallinas y de animales felices que no se hayan hinchado a antibióticos) o pescados (preferentemente pequeños y salvajes). ¡Que las mega-barbacoas sean ocasionales! Así, os aseguraréis de que mTOR recibe partituras anticáncer y cambia de bando para luchar a vuestro favor.

Nunca sabré cuánto tiempo mantuve a raya el cáncer, ni cómo habría evolucionado sin la histerectomía, pero cuanto más aprendo sobre epigenética, más consciente soy de que las probabilidades de que mi dieta me salvara de la quimioterapia son considerables.

A los previsores: El mejor día para empezar a cuidarse fue hace 10 años, ¡el segundo mejor día es hoy!

A los guerreros: Si el cáncer ya ha tenido la osadía de hacer su aparición, demostradle que se ha equivocado de cuerpo. Encarad la batalla confiados y seguros de vuestra victoria. Y ponédselo aún más difícil blandiendo un arma que sí podéis controlar: el poderoso mTOR. A por él, sin piedad.

Canapés “hágaselo usted mismo” (para todos los gustos/requerimientos)

¡Aquí os traigo la solución a (casi) todos vuestros problemas! Los canapés “hágaselo usted mismo”, que no esconden a un/a cocinero/a perezoso/a, sino a un anfitrión que quiere asegurarse de que todos sus ilustres invitados disfruten de un entrante de auténtico lujo (independientemente de sus gustos/requerimientos).

Y es que… ¿os habéis encontrado alguna vez ante el desafío de preparar unos canapés con la capacidad de contentar a un surtido grupo de invitados con manías/necesidades dietéticas diversas?

Imaginad una reunión de sibaritas que incluyen a una insulinorresistente que acaba de superar un cáncer y se ha vuelto aún más estricta con el low carb/real food (mismamente, una servidora 😊), un individuo de gran corazón pero poco amante de las verduras y a una celíaca con intolerancia a la lactosa y a la fructosa muy embarazada.

Así que las premisas eran: sin gluten (por el bien común), cero azúcar ni procesados (por mí), nada de ahumados, curados, fruta o queso (que están crudos o llevan fructosa/lactosa, por mi estimada premamá) y que además el verde fuera “opcional”. Y yo quería canapés 😋.

Así que a pesar del enorme desafío que se erigía ante mí (porque la mayor parte de mis canapés incluyen algún tipo de fruta, jamón, queso o vegetal), me negué a renunciar a ellos (porque me encantan los canapés y además me ponen los retos). ¡Así que decidí apañar un mini-buffet libre de canapés sin montar!

El plan era coger un dadito de no-pan de molde low carb como base y que cada comensal eligiese las combinaciones que le apetecieran más y se montase su propio canapé.

Había tres deliciosas salsas (un romesco, un baba ganoush y un guacamole), además de pisto, anchoas, mejillones, vieiras con panceta crujiente, huevecitos de codorniz cocidos, chistorra, espárragos trigueros y pollo al vapor.

¿Los triunfadores de la noche? Dos combinaciones estrella: el canapé de guacamole con mejillón y el de romesco con vieira y panceta. Resultó una auténtica gozada de cena con sabor a celebración que pasará a la historia como “el reto (superado) de los canapés deconstruidos”.

Tarta “la vida es bella” (de mousse de mango)

A mis padres y hermanos: GRACIAS. Con una guardia pretoriana de tamaña categoría, no hay cáncer que pueda conmigo.

Por fin, hoy os traigo una tarta para celebrar la vida: risueña, jugosa y exquisita. No lleva azúcar ni gluten, pero el dulzor natural del mango le aporta una nada desdeñable cantidad de carbohidratos, así que la reservo para ocasiones realmente especiales (como una cena de celebración junto a mi adorada enfermera-madre tras un “adiós, muchas gracias” a cierto cirujano oncológico) 😊

La ventaja añadida de esta tarta, además de su exultante dulzor y textura amorosa, es que es fácilmente adaptable a días/cocineros vagos con mucho que celebrar/agradecer. Si hacéis sólo la deliciosa mousse de mango y la presentáis felizmente en vasitos, en apenas 10 minutos la tendréis lista y os aseguro que deshará el corazón más gélido. Ella sola se basta y se sobra como postre de celebración, pero si la ocasión lo merece… Vale la pena dedicar media horita más a la causa y llevar a la mesa esta maravilla.

Los que os decantéis por la tarta en todo su esplendor, empezad por apañar una base de bizcocho de chocolate low carb (alegremente sustituible por las míticas galletas trituradas con mantequilla) y dejar el molde desmontable listo para volcar la mousse. ¡No olvidéis el papel de acetato en los bordes para que vuestro yo del futuro pueda desmoldar la tarta con elegancia!

Vale, la base de bizcocho está lista. Vamos a por esa deliciosa mousse de mango. Para 4 vasitos alegres o para rellenar una tarta de tamaño “familia bien avenida” (de unos 20cm de diámetro), necesitáis:

  • un mango maduro (o dos si, como yo, usáis las bolitas para decorar/usar de base de canapés y trituráis los retales)
  • dos cucharadas de queso crema
  • 150ml de nata para montar
  • un par de láminas de gelatina (sólo si os decidís por la tarta, para que la mousse no se desmorone al desmoldarla)
  • edulcorante al gusto (yo ni siquiera le echo, el mango aporta suficiente dulzor para mis papilas)

El “cómo se hace” no puede ser más sencillo. Triturad el mango y mezcladlo con el queso. Si vais a por la tarta, hidratad la gelatina en frío unos minutos y disolvedla en un dedico de agua caliente (yo aprovecho para “rebañar” el vaso donde he triturado el mango). Añadidla a la proto-mousse y mezcladlo todo bien para que se vaya amalgamando mientras montáis la nata bien fría.

Sólo queda añadir la nata montada a la mezcla de queso y mango. Hacedlo con cariño y movimientos envolventes para que mantenga la textura ligera y vaporosa. Probadla (en este instante ya se aprecia el “gracias a la vida” que entonará el resultado final 😋) y volcadla en el molde con la base de bizcocho de chocolate low carb. Metedla en la nevera y dejadla reposar (idealmente toda la noche).

Llegó el momento de dar rienda suelta a la creatividad. Desmoldadla con cariño y decoradla como buenamente os dicte el espíritu con el que hayáis amanecido. Por mi parte, yo hoy me he decidido por cubrirla con cacao puro en polvo,  un monigote risueño hecho con retales de mango, tres frambuesas y un pelín de almendra picada.

Aunque está absolutamente deliciosa, esta tarta no entra en la categoría de low carb para el día a día ni con calzador. Peeeero… sí cabe con holgura bajo la etiqueta de bastante low carb para celebrar la belleza de la vida en un día excepcional 💪. 

Cáncer y dieta cetogénica (o el “más difícil todavía”)

Es curioso como todas  las preocupaciones que invadían tus días e inquietaban tus noches se esfuman en un segundo cuando te confirman que tienes cáncer. Tu escala de prioridades da un giro de 180º y todo pasa automáticamente a clasificarse en dos categorías:  “antes de” o “después de”. La verdad es que, desde el diagnóstico, me siento como en una nube.

Para mantener la mente ocupada y de paso contribuir a la causa (una vez más o menos superado el shock inicial), he revisado una cantidad ingente de literatura médica al respecto. Y, a día de hoy, puedo concluir que:

  • el cáncer es complicado y
  • cada tipo de cáncer es diferente, pero
  • encarar la batalla con optimismo y
  • una dieta cetogénica antiinflamatoria son aliados inestimables sobre los que sí tenemos control.

En breve os comento los dos libros que más me han ayudado a entender el cáncer (y cómo hemos llegado a las terapias actuales): Tripping over the Truth (de Travis Christofferson) y mi nueva biblia, Cancer as a Metabolic Disease (del gran Thomas Seyfried).

Os diré que, a día de hoy, me alegro una barbaridad de llevarle un año de ventaja al diagnóstico en estricta dieta antiinflamatoria y low carb. Sólo hay que darle una vuelta de tuerca más.

La evidencia apoya que esta dieta anti-cáncer sea no sólo rebosante en antioxidantesbaja en carbohidratos, sino también baja en proteínas. Al final, se trata de mantener a raya la insulina, para que ésta no active el crecimiento de las células cancerosas a través de mTOR, el fascinante Mammalian Target of Rapamycin. Ved aquí qué es y cómo podéis usarlo a modo de artillería pesada en la batalla contra el cáncer. No dejéis de incluirlo en vuestro arsenal y salid a matar. Yo lo haré.

Y es que nadie dijo nunca que la vida iba a ser un apacible paseo. Supongo que es parte de su encanto.

Nota desde el futuro (3 largos meses después) 

Parece que he ganado yo… Mi apreciado oncólogo me ha llamado “anomalía estadística”, básicamente porque, sin saberlo, he mantenido a raya un cáncer de metástasis fácil y fugaz durante mínimo un año. ¡He tenido mucha suerte! Gracias a mi buena fortuna (y a que mi rigurosa dieta cetogénica había obstaculizado el crecimiento del cáncer), me he ahorrado la quimioterapia.

Así que el lado bueno es que conservo la melena y los agravios a mi sistema se han limitado a 3 intervenciones quirúrgicas, 30 dosis autoinyectadas de heparina, antibióticos a mansalva y algunos chutes de analgésicos de caballo. El lado menos bueno es que mi muy estimado útero cayó en la batalla, así que si alguien esperaba reclamar el primogénito que prometí aquí, mejor vaya pensando en otro soborno. Recomiendo la tarta de calabaza.

No ha sido un camino de rosas, pero supongo que ya nadie me dará la brasa para que me eche novio porque se me pasa el arroz 😏

Canelones-xató (un vicio “de cuidao”)

He aquí los primeros canelones-xató de la historia (¡que yo sepa!) “Canelones”, porque son rollitos de tiriñas de calabacín rellenos de pisto con merluza (felizmente sustituible por cualquier resto que tengáis en la nevera) y “xató” porque se cubren con salsa romesco y escarola*.

*[El xató es una deliciosa ensalada tarraconense de escarola con salsa romesco, mismamente, lo que me lleva a sospechar que el premio a la creatividad no llamará a mi puerta este año tampoco 😀 ]

Vale, reconozco que no elegiría estos canelones para una cena fugaz, pero creedme si os digo que pocos entrantes levantarán tanta admiración entre vuestros comensales en aquel día feliz en el que amanezcáis con ganas de echar un ratillo en la cocina.

¿Qué necesitáis? Pues para 4 platillos alegres, calculad:

  • un par de calabacines hermosos (idealmente, cortad las tirillas externas con un pelapatatas o una mandolina y aprovechad los retales para el pisto)
  • una berenjena, un pimiento rojo, uno verde y una cebolla
  • unos restos de merluza (o cualquier pescado, o carne, ¡o nada!)
  • romesco (ved aquí la deliciosa receta “secreta” de mi madre)
  • escarola y granillo de almendra para coronar

Empezad por meter en el horno los tomates y el ajo para el romesco y apañar las “placas de canelones” pasando por el microondas (o la plancha) las tiriñas de calabacín. Seguid por hacer el pisto cocinando a fuego lento la cebolla, la berenjena, los pimientos y los retales de calabacín que hayan sobrado. Mientras se cocina, pasad la merluza por la plancha y desmenuzadla. ¡Ya casi estáis!

Mezclad la merluza con el pisto y colocad las tiriñas de calabacín sobre papel de aluminio (para facilitaros después la “canelonización”). Colocad un par de cucharadas de farsa sobre cada “placa de canelón” y enrolladlo felizmente. Como no va al horno, podéis colocarlos directamente sobre una camita de romesco en los platos que llevaréis a la mesa.

Cubridlos con una capa generosa de salsa y un poquiño de granillo de almendra (o no). Justo antes de servir, coronadlos con unas hojiñas de escarola y aliñadlas con un pelín de sal y aceite de oliva. Veréis qué lujazo: unos canelones deliciosos abarrotados de fibra y vitaminas, sin gluten, sin lácteos, sin féculas, paleo y low carb.

Nadie se imaginará que es un entrante “aprovecha-restos-varios” 😉

Casi-Ferreros de “chocoaguacate”, macadamia y almendra

Ya llegó el día feliz en el que podéis dejar atrás la nostalgia navideña de los ubicuos “ferreros” abarrotados de azúcar y aditivos. He aquí los deliciosos “casi-ferreros” de “chocoaguacate”, nuez de macadamia y almendra picada. ¿A que suena rimbombante? Pues son fáciles a rabiar (¡además de convenientemente paleo, sin gluten, sin azúcar, sin lácteos, sin huevo, low carb y bajos en fructosa!)

¿Qué necesitáis? Pues para una bandejita hermosa, nada más que:

  • un puñado de nueces de macadamia (sustituibles por las sempiternas avellanas)
  • media tableta de chocolate negro y una nuez de mantequilla para derretir
  • almendra picada para rebozar
  • un bolecico de “chocoaguacate”, mezclando:
    • medio aguacate maduro chafadico
    • un par de cucharaditas del chocolate derretido
    • edulcorante al gusto

Cuando tengáis listo el “chocaguacate”, sumergid alegremente las macadamias en el resto del chocolate negro derretido con la mantequilla (para darle más untuosidad).

Dejadlas un ratillo en la nevera para poder manipularlas y… ¡Llegó el feliz momento de embadurnarse de chocolate! Coged una macadamia cubierta de chocolate, cubridla con el “chocoaguacate” y rebozadlas con la almendra picada. Id colocándolas en sus capsulillas para toquetearlas lo mínimo posible. Intentad no probarlas mucho, ¡que no podréis parar!

Hmmm… Quedan super curiosos, con sabor a almendra, macadamia y chocolate pero con un peculiar aire a aguacate. Tre-men-dos. No echaréis de menos los “ferreros” industriales, ¡palabra!

Si os sobrase, además, con una gotita de chocolate derretido a modo de guinda, levantarán suspiros de admiración incluso antes de ser convenientemente catados.

Roedorcitos casi-mazapanes de calabaza rellenos

Nadie en su sano juicio probará estas delicias del bastante-low-carbismo y dedicará siquiera un segundo de su vida a echar de menos a sus primos mazacote-mazapanes navideños… Si miráis más allá de mis limitadas habilidades escultóricas, sabed que en cuanto a textura y sabor… Son de matrícula de honor. O más. Y son ridículamente fáciles, sólo requieren pelín de paciencia y cariño (si elegís los erizos, que los ratoncitos ni eso).

Imaginaos sacando un platillo de roedorcitos de sabroso y jugoso mazapán de calabaza alegremente rellenos de arándanos y/o frambuesas en la sobremesa navideña… El triunfo, os lo digo yo. Si queréis comprobarlo, sabed que para una bandejilla generosa necesitáis:

  • 200g de calabaza cocida
  • un huevo (y una yema para pintar)
  • 200g de almendra molida (¡más o menos! dependerá de lo húmeda que os quede la calabaza)
  • una cucharadita de canela molida
  • edulcorante al gusto (yo le pongo una cucharadita de xylitol)
  • pizquilla de sal
  • piñoncitos para las púas de los ericitos
  • almendras para las orejillas de los ratoncitos
  • arándanos y/o frambuesas

Haced el mazapán mezclando la calabaza desmenuzada con una pizquilla de sal, la canela, el edulcorante, el huevo y la almendra molida. Debe quedar una masa manejable pero no demasiado mazacote (os dificultará la vida durante la manipulación, pero lo agradeceréis cuando los comáis).

Lista la masa, coged una frutilla y cubridla felizmente con ella, dándole la formilla de gota sobre una bandeja con papel de horno. Pintad los casi-roedorcitos con yema de huevo para que se doren bellamente durante el horneado y colocadles las púas y/u orejillas.

Y  al horno con ellos. En 20 minutitos a lo sumo (dependerá del tamaño que les hayáis dado) estarán doraditos por fuera y cociditos y jugositos por dentro. Idealmente, dejadlos enfriar sobre una rejilla para que la humedad de la calabaza tenga por donde huir y no los ablande.

Aconsejo guardarlos bajo llave (o idealmente no probarlos) hasta que lleguen a la mesa… Quedan con una textura parecida al mazapán pero más jugosa y sorprende tanto el sabor como la frescura que aporta la inesperada frutilla.

Están tre-men-dos, infinitamente más sabrosos que los mazapanes tradicionales. He tenido que echar mano de toda mi fuerza de voluntad para no acometer una escabechina de roedores.

Cerdito de casi-pan de Cádiz bastante low carb

Para mamá. Porque seguir una dieta sana no está reñido con ser fiel a las tradiciones, este año también tendrás tu cerdito. Ha salido curtidito por fuera y dulce por dentro… igualico que yo 😘

He aquí mi versión bastante low carb del delicioso (y ultra high carb) cerdito navideño de mazapán/casi-pan de Cádiz. En lugar de rellenarlo de boniato, membrillo y/o frutas escarchadas, viene “low-carbmente” repletillo de pseudo-mazapán de calabaza con canela, frambuesas y chocolate negro.  ¿A que suena bien? Pues os aseguro que sabe mejor… 😛

Para un cerdito medianito (no conviene pasarse, que aunque sea bastante low carb un piquillo de insulina sí caerá) necesitáis:

  • de cuatro a seis cucharadas de harina de almendra (según el tamaño de las claras y la humedad de la almendra)
  • edulcorante al gusto (yo le he echado una cucharadita de xylitol)
  • dos claras de huevo (¡guardad las yemas para pintar!)
  • ralladura de naranja y/o limón
  • mazapán de calabaza low carb con chocolate negro picadico (idealmente 100%, para compensar)
  • frambuesas

Empezad por amasar la almendra con la clara, el edulcorante y la ralladura hasta formar una bola manejable (debe quedar como plastilina) y dejarla reposar una horica en la nevera. Podéis aprovechar para apañar un poco de mazapán de calabaza para rellenar y echarle chocolate picadito con alegría.

¡Llegó el ansiado instante de empezar a “cerditizar”! Es un momento feliz (con un grado de satisfacción comparable sólo al de partirlo y probarlo)! Coged un buen cacho del mazapán de almendra y aplanadlo un pelín (reservad la mitad para cubrirlo y un cachillo de masa para las orejas y el rabillo).

¡Y el cerdito está listo para rellenar! Empezad por poner un buen pegote del delicioso mazapán de calabaza con canela low carb y extenderlo (con cuidado o a lo bruto, dará un poco igual). ¡Que sea un cerdito gordito y alegre!

Colocad encima una hilerilla de frambuesas y formad el cerdito cubriéndolas con el resto de la masa (esta vez sí, mejor con cariño). Llegó el momento ya de dar rienda suelta a vuestra creatividad y darle forma al cerdito. Como la escultura no es una de mis habilidades, me limito a apañarle un morrico y ponerle un rabillo y unas orejas.

Cuando el cerdito se ajuste a lo que dicte vuestro criterio artístico, pintadlo con la yema y horneadlo una media horica a 180ºC (o hasta que esté doradito). Veréis qué delicia: navideño, sin gluten, sin lácteos, paleo y bastante low carb (además de crujiente por fuera y jugoso por dentro)… Brutal. Se ha convertido en mi nueva tradición de navidad.

Casi-marquesitas de zanahoria, coco y canela

Si también os apasionó la tarta de zanahoria y os veis obligados a ofrecer caprichillos dulces aproxi-navideños, sabed que estas casi-marquesitas rozan el nivel “ambrosía de los dioses”… El toquecillo de coco rallado y canela hará que vuestros afortunados invitados crean tocar el cielo. Nadie echará de menos el turrón industrial, ¡palabra!

Eso sí: tened en cuenta que os arriesgáis a que se os adjudique el título de “anfitrión navideño vitalicio”. Si estáis dispuestos a correr el riesgo, sabed que para un platillo generoso de marquesitas necesitáis:

  • 2 zanahorias hermosas cocidas (al micro se hacen en un plis)
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • 2 cucharadas de coco rallado
  • edulcorante al gusto (yo le he puesto una cucharadita de xylitol)
  • 2 huevos
  • una cucharada de aceite de coco (o de oliva, si no tenéis)
  • una cucharadita de canela molida
  • puntita de bicarbonato
  • almendra picadita para decorar (o más coco rallado, o lo que buenamente os apetezca)

No tenéis más que mezclarlo todo y volcarlo en un molde (idealmente engrasado con aceite de coco). Hornead media horita a 180ºC (usad el truco del palillo para aseguraros de que ya está cocido, pero os garantizo que el olor os guiará).

Queda tan delicioso que confieso que horneo la tarta en un molde redondo y corto las marquesitas en los tradicionales cuadrados para dar buena cuenta de los retales. Exquisitas, sencillas, sin gluten, sin lácteos, paleo y bastante low carb. Una maravilla perfecta para ofrecer en épocas navideñas (y daros un caprichito sin alejaros demasiado de vuestra dieta baja en carbohidratos).