Calamares a la romana low carb I

¿Quién puede resistirse a unos calamares a la romana? O ¿quién no los echa de menos cuando decide pasarse a la dieta low carb? Nadie de corazón noble desde luego 😉

Al lío. No tiene mayor misterio que el de sustituir la harina de trigo del rebozado por harina de coco. Low carb, sin gluten, sin lácteos (y ya que estamos, sin todo lo que se os ocurra menos huevo, coco y moluscos). Necesitamos:

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  • Calamar
  • Harina de coco
  • Huevo batido con un pellizco de sal

Perdonadme la obviedad, pero debo decir que empezamos por limpiar el calamar y cortarlo en anillas. Hay quien lo marina unos minutos en zumo de limón (o lima): yo lo hago los días que estoy de buenas. Eso sí, ¡aseguraos de secar bien los trozos de calamar antes de rebozar y freír para minimizar las salpicaduras!

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Y a rebozar se ha dicho, pasadlo primero por la harina de coco y luego por el huevo batido. No queda más que freírlos en aceite caliente y abundante, escurrirlos bien y servirlos aún calientes con una buena rodaja de limón. Una cena estupenda y rauda como pocas.

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Eso sí, salpica MUCHO, ¡tened cuidado! Que no os pase como a mi que, dando por hecho que el aceite no osaría salpicarme en la cara, me he llevado una quemadura de aúpa. Menos mal que tenía para cenar calamares a la romana (y que me he regalado un buen vino por el mal rato), que si no el cabreo habría sido de escándalo… ¡Avisados quedáis! Están muy buenos, pero son peligrosos 🙂

Tortilla de no-patatas I (de hinojo)

Bueno, aquí el primer intento de aplacar mi ansia por una buena tortilla de patatas. No decaigáis si no sois fans del hinojo, que tengo muchas más ideas de bombero en la chistera 😉

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Sinceramente, el resultado es muy satisfactorio (teniendo en cuenta que se trata de mi primer acercamiento al mundo de las no-patatas).

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No creáis que el engaño es absoluto: no despistaría a un experto en la materia (ni a un semi-profano tampoco), aunque desde luego queda muy rica. No se aprecia apenas el sabor del hinojo. Eso sí, ¡no escatiméis con la cebolla!

Para una tortilla pequeñuza, han caído:

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  • 2 huevos
  • un bulbo de hinojo
  • una cebolla mediana
  • una guindilla (para darle algo de alegría, que el hinojo es sosete)

El procedimiento es sencillo, limitaos a cortar en juliana la cebolla y el hinojo y a sofreír la primera en aceite (con la guindilla) mientras cocéis el segundo en agua hirviendo con sal (unos 10 minutos, para ablandarlo un poco antes de freírlo).

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Escurrid el hinojo, mezcladlo con la cebolla ya casi sofrita y dejadlo cocinar 10 minutejos más. Retirad la guindilla y ya tendréis listas las no-patatas con cebolla para proceder felizmente al “tortilleo” 😀

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Una cena rápida y apetecible (más que capaz de aplacar vuestro anhelo de tortilla de patatas).

Quiche low carb I (de espinacas y champiñones)

Debo confesar que esta entrada tiene su origen en una prueba que no salió como esperaba en un principio y que luego opté por “reconducir”. Intentaba hacer pasta fresca con harina de coco, usando (en lugar de la típica proporción de un huevo por 100 gramos de harina de trigo), un huevo por 30 de harina de coco (es mucho más fibrosa y pide más líquido que la de trigo) más una cucharada de semillas de lino (pretendía que ayudase a aglutinar y diese buen sabor).

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La dejé reposar en la nevera envuelta en papel film, como manda la tradición, y esperé un milagro que no ocurrió. El resultado tenía la textura de una masa quebrada, no… ‘pastificable’. Mi gozo en un pozo. Aunque seguiré investigando el tema de la pasta fresca, ¡keep you posted!

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Visto el fracaso, decidí añadirle una cucharada de mantequilla fría a daditos, amasarla un poco y hacer una estupenda masa quebrada. De ese cúmulo de despropósitos no desprovisto de buenas intenciones, surgió esta quiche. No estaba todo perdido.

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Cubrí con la masa un molde engrasado y aproveché que tenía unas espinacas y un par de champiñones para el rellenar la quiche. Este molde es pequeñito, por lo que usé solo un huevo y dos o tres cucharadas de nata.

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El relleno no podía ser más simple, freí en un poco de aceite un par de ajos picados, le añadí los champiñones a rodajas y las espinacas y lo dejé cocinar unos minutos (un puñadito de piñones le habría sentado estupendamente, por cierto). Le eché un pellizquillo de bicarbonato también y se infló un poquito en el horno (quedó con una textura muy agradable y el sabor me encantó, el coco no se distinguía, era como… bizcocho de lino).

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Precalenté el horno a 180º mientras mezclaba todo y vertí la mezcla sobre la masa.

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La horneé unos 10 o 15 minutos (según el tamaño tardará más o menos,  ¡el olor y la pinta os guiarán!).

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Quedó de rechupete. De hecho me sorprendió que la masa saliera con un toque abizcochado muy agradable a pesar de no haber montado la clara. Me lo llevé para desayunar al trabajo al día siguiente y me sentó de maravilla.

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No desisto en mi búsqueda de la perfecta pasta fresca low carb, ¡seguiremos informando!

Nota desde el futuro: si sois puristas de las quiches, echad un ojo a la masa quebrada low carb mejorada (aquí).

No-empanado I (pechuga rebozada con coco rallado)

Tenéis que probarlo, ¡qué cosa más fácil y más rica y más low carb! No sé cómo quedará con otras cosas, pero con pechuga de pollo, queda estupendo. Debo decir que tiene un saborcillo a coco delicioso (si os gusta el coco, claro) sin ser empalagoso. Para un día en que no haya ganas de cocinar pero apetezca fritanga, no lo dudéis, que además es sin gluten, sin lácteos y low carb: un primor, vamos 😀

Necesitáis:

  • pechuga de pollo
  • leche de coco
  • huevo batido
  • coco rallado

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No tiene más secretos que el de marinar la pechuga en la leche de coco un buen rato, salpimentarlo, pasarlo por el huevo batido y por el coco rallado y freírlo en aceite abundante. Queda la mar de “apañao” y crujiente como con pan rallado (creí que quizás el coco se quemaba durante la fritura, pero la verdad es que queda doradito y delicioso).

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¡Os aseguro que se le quitan a uno las ansias de fritanga!

Pseudo-canelones I (de berenjena)

De acuerdo, no se puede decir que haya inventado el arroz con leche precisamente (asumo que un nada desdeñable porcentaje de vosotros habrá probado a sustituir la pasta de los canelones por berenjena cortada en lonchas con éxito sin que haya ido yo a darle la idea). Qué queréis que os diga, me gustan tanto que debía incluirlos. Son una gozada. Por supuesto el relleno y la salsa admiten todo tipo de variaciones, aunque ésta en particular es mi favorita: sin gluten, sin huevo, sin frutos secos, sin lácteos y si en lugar de con queso gratináis con cebolla,  vegano.

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Necesitáis (para 2 personas o una persona y un tupper):

  • una berenjena hermosa
  • pisto (yo suelo hacer un perolo de vez en cuando y lo congelo en porciones, lo añado como acompañamiento a multitud de platos, y me resulta así mucho más cómodo: cortad a cachitos una cebolla, un pimiento rojo, uno verde, una berenjena y un calabacín y freídlos a fuego lento con un chorrito de aceite durante un buen rato; y si estáis de humor añadidle al final un ajito picado y un tomate rallado y cocinadlo unos minutos más.
  • espinacas (si tenéis frescas estupendo, si no, las congeladas le van estupendamente también)
  • champiñones
  • salsa de tomate frito (con cebolla, ajo y tomate natural rallado)

Primero hay que cortar la berenjena a rodajas a lo largo (la mandolina va genial para este propósito, aunque poned cuidado que algún que otro dedo me he rebanado en pos de este objetivo). No las dejéis demasiado finas que si no en el horno se convertirán en ‘crujiente de berenjena’, que está muy rico, pero hoy nos fastidiaría el plan. Calculad una anchura de un centímetro más o menos.

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Salad la berenjena y dejadla que sude unos minutos. Mientras, encended el horno. Secadla con papel de cocina y ponedla en una bandeja engrasada con aceite y al horno con ella (a unos 180º tardará poco menos de 10 minutos). ¡Vigiladla porque se quema rápido!

Mientras, podéis preparar la farsa. Freíd los champiñones y las espinacas con un chorrito de aceite y un ajito picado. Cuando estén casi hechos, añadidle el pisto (al gusto) y salpimentad.

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Y ya una vez listas las ‘lonchas’ de berenjena y el relleno, procedemos a montar los canelones propiamente dichos.

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Ponedlos en un plato apto para horno y cubridlos con la salsa de tomate (si tenéis y os gusta, coronadlo con un poco de parmesano rallado, aunque la cebolla picada y sofrita queda de lujo también). Gratinadlo unos minutos y listos. Veréis qué agradecidos son (y también quedan estupendos congelados, aunque tened en cuenta que el pisto debería ser fresco si tenéis intención de congelarlo para no andar congelando y descongelando y volviendo a congelar).

P1030958¡Todo un lujazo low carb!

Casi-cuscús I (de coliflor y/o brócoli)

Aquí otro ejemplo de cómo la coliflor (y/o el brócoli) puede disfrazarse, en este caso, de sémola de trigo. De nuevo os aseguro que apenas se capta el sabor de la coliflor, más bien queda poco menos que anulado por el del caldo de pollo y el sofrito. Sin gluten, sin huevo, sin lácteos y sin frutos secos (entre otros ‘sines’), probadlo, ¡veréis como me dais la razón!

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Necesitamos:

  •  Coliflor y/o brócoli picados (para el cuscús lo paso por la trituradora, queda una textura muy similar)
  • Cebolla
  • Zanahoria (o si queréis que sea realmente low carb, pimiento amarillo)
  • Calabacín
  • Pollo (media pechuga que os haya sobrado, o una pata, o un contramuslo, o lo que sea, servirá)
  • Caldo de pollo (una taza al menos, aunque siempre se puede añadir agua si falta líquido durante la cocción)
  • Garbanzos cocidos (la cantidad va a gusto del comensal, yo le echo un puñadito por persona)
  • Cucharadita de mezcla de curry (y si tenéis, echadle sin falta un pellizco de pimienta de Jamaica, le va genial)

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Empezad por sofreír la cebolla, el calabacín y la zanahoria (o pimiento) picados (a trozos no muy pequeños, queremos encontrárnoslos en el plato) en un chorrillo de aceite.

Cuando la cebolla empiece a transparentar, añadid el pollo cortado a daditos y rehogadlo unos minutos antes de añadir el caldo de pollo, los garbanzos y la coliflor (con/sin brócoli, aunque recomiendo ‘con’) picada. Salpimentad y añadid una cucharadita de curry para darle un toque especiado (si os gusta el comino o el picante, no os reprimáis, que éste es el momento). Dejadlo cocer un cuarto de hora o 20 minutos hasta que el olor y el aspecto os obligue a apagar el fuego para coméroslo sin más dilación. Veréis qué lujo (¡y además low carb!).

P1030951Por cierto, este cuscús sí se puede congelar, ¡queda estupendo!

 

Huevos rellenos I (mini deviled eggs)

A muchos os sonará eso de “deviled eggs” o huevos endiablados (básicamente son huevos rellenos picantes). Sin desmerecer los típicos huevos rellenos de atún con mayonesa (que también son low carb y bastante más castizos), hoy me he decantado por esta típica receta americana.

¡Quedan riquísimos! Además, si son de codorniz (obviamente se pueden rellenar huevos de gallina también) quedan muy aparentes y desaparecen en cuestión de segundos. Sin gluten, sin lácteos (si la mayonesa es casera), sin frutos secos y low carb.

El grado de picante va a gusto del consumidor, yo soy poco amante del “que-pique-hasta-anestesiar-las-papilas”, aunque un toquecillo sí me gusta (si sois de los que desayunáis chili con carne añadidle tabasco también).

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Necesitáis:

  • huevitos cocidos y pelados
  • una cucharada de mayonesa
  • una cucharadita de mostaza de Dijon
  • un toque de vinagre de vino blanco o sidra
  • una cucharada de cebolla o chalota picada
  • sal, pimienta y pimentón (dulce o picante) para decorar

Primero hay que vaciar los huevitos de sus yemas o de parte de ellas según haya salido el huevo y su ubicación lo permita (podéis hacerlo en horizontal o en vertical, ambos quedan muy monos). Añadid las yemas a la mezcla del resto de ingredientes.

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Con cariño y paciencia, rellenad los huevitos. Yo os aconsejo hacer algunos de más, primero porque seguro que al menos un par de ellos caen mientras los hacéis por aquello de que “en la cocina hay que probarlo todo”, y segundo porque alguno saldrá con la yema ubicada de tal modo que la operación “rellenado” se vuelva poco menos que imposible.

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Ya podéis espolvorear el pimentón por encima (si no os apasiona el picante y lo tenéis a mano, el pimentón ahumado queda genial también). ¡Listos!

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Espero que os gusten. Si no, ¡siempre podéis recurrir al atún con mayonesa la próxima vez! 😛

Tomatito cherry relleno de pseudo-guacamole

Bueno, aquí un típico ejemplo de paridita mona para picar, sanísima y relativamente rápida de hacer (quedan buenísimos y muy resultones en una bandeja de canapés).

Le llamo pseudo-guacamole porque es básicamente aguacate y cebolla, aunque por supuesto cada cual es libre de adaptar la receta como le apetezca y añadir lo que buenamente quiera. Esta versión es tremendamente low carb, sin gluten, sin huevo, sin lácteos, sin frutos secos y, de paso, vegana.

Necesitamos tomatitos cherry (también podéis rellenar tomates no-cherry, aunque no quedan tan cucos), aguacate, cebolla y lima.

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Es tan fácil como trocear el aguacate y la cebolla y mezclarlos con un poco de zumo de lima y sal al gusto.

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Luego hay que cortar una arandelita de la base del tomate para que se mantenga derecho, y vaciarlo con cuidado. Añadid la pulpa del tomate que saquéis a la mezcla de pseudo-guacamole.

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Ya solo falta rellenar los tomatitos. Si sois hábiles con la manga pastelera podéis dejarlos sin tapar y espolvorear por encima un poco de perejil (o cilantro si os gusta, a mi la verdad no me apasiona). Si no, rellenadlos con una cucharita y volved a ponerles la tapita. ¡Quedan monísimos y están de vicio!

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Pincho (sencillo pero delicioso) de piña asada, queso y pavo

Aquí otro pincho tremendamente rápido, fácil y agradecido como pocos. A pesar de que la piña no es la fruta más low carb, un par de bocaditos no aportan una cantidad de azúcar considerable, por lo que mi conciencia está tranquila. Dicho esto, vamos al lío (si es que puede llamarse así, de sencillo que resulta):

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Cortad la piña en daditos (si es natural en lugar de envasada, el contenido en azúcar es infinitamente menor), y pasadla por la plancha con una nuez de mantequilla hasta que quede doradita.

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Ensartad en la brocheta un dadito de piña asada, uno de fiambre de pavo (si queréis podéis pasarlo por la plancha también, aunque no es necesario) y uno de queso.

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¡Listo! En cuestión de 3 minutos tenéis unos pinchos hechos, sin gluten, sin huevo y sin frutos secos que quedan de lujo, ¡os lo aseguro!

Paella con no-arroz (de quinoa)

Dicen que para superar el duelo hay que pasar por 5 fases. A saber: la negación, la ira, la negociación, el dolor y la aceptación. Pues confieso que en mi relación de amor-odio-nostalgia-resignación con los crustáceos he pasado por todas ellas. Y es que en un aciago día hace poco más de 6 años un angioedema modo “de-ésta-no-salgo” me obligó a despedirme de ellos de por vida — Maldición… — Vale, no es verdad que ya haya cubierto todas las fases…

Comprenderéis pues que optara por distanciarme de mi otrora idolatrada paella de marisco. Primero la odié (así como a todo el mundo que sí podía) porque no podía comerla. Cuando el odio dejó paso a la  resignación, me limité a cocinarla ‘adaptada’ (con pollo, salchichas, mejillones y sepia) con resultados bastante satisfactorios. Pero ya cuando me pasé al low carb, retomé la épica odisea de ensayos y tanteos. Debía darle una vuelta de tuerca más y alcanzar un “más difícil todavía”: tenía que apañar una paella sin arroz.

Entre otros inventos que pronto os trasladaré, probé a sustituir el arroz por quinoa. Aunque no es muy low carb, sí lo es mucho más que el arroz. Y queda de rechupete.

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Debo decir que he probado a hacerla a la vieja usanza, simplemente sustituyendo el arroz por quinoa, así como hirviéndola a parte y añadiéndola al sofrito al final. Ambas quedan bien, aunque me inclino por la segunda opción (permite controlar la cantidad de líquido final y asegurar una cocción uniforme de la quinoa). Así pues, ¡recomendado queda!

Mi conciencia me obliga a decir que para aquellos afortunados que podáis, unas gambitas le sentarían de maravilla sin restarle un ápice de ‘lowcarbismo’. Estamos de acuerdo en que paella, lo que se dice “paella” no es, pero os aseguro que se basta y se sobra para quitar el mono (¡y aporta la mitad de carbohidratos que el arroz!)