Ànec amb peres empordanès (o pato con peras del Ampurdán)

Si es que en el Ampurdán no se vive solo de mis muy añoradas gambas de Palamós (maldita alergia a los crustáceos …), sino también de delicias de toda la vida  como ésta, que sobra añadir está para chuparse los dedos. De esta receta existen infinitas variantes, me atrevería a decir que tantas como familias, pero aquí os presento una sublime, fácil y que ensucia pocos cacharros (uno, básicamente 😀 ).

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Para la versión (no rápida, pero sí tremebundamente fácil) en cazuela, para dos personas (o una persona y un tupper) necesitamos:

  • un par de muslos de pato
  • 2 peras
  • 1 cebolla
  • un vaso de caldo de ave (o agua)
  • un puñado de almendras
  • un chupito de brandy
  • sal, pimienta y aceite de oliva

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Empezamos por salpimentar los muslos y freírlos en un buen chorro de aceite de oliva hasta dorarlos. Echamos el brandy y dejamos reducir. Los reservamos. Podéis retirar el exceso de grasa de la cazuela, pero no la tiréis, que es una delicia. Podéis congelarla y usarla para embadurnar felizmente un pollo antes de meterlo en el horno.

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En la misma cazuela, pochamos la cebolla picadita. Cuando esté dorada, añadimos el caldo (o el agua) y el pato. Lo cocinamos a fuego lento hasta que la carne esté tierna, tranquilamente un par de horas.

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Llegados a este punto, solo queda rectificar de sal, añadir las almendras picadas y las peras enteras y dejarlo cocer todo al menos 30 o 40 minutos más. ¡Veréis qué olor reparte por toda la casa!

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Al día siguiente estará si cabe aún más delicioso, ¡probadlo!

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Huevo poché con ajo negro

Pero qué invento eso del ajo negro… ¡Cómo te apaña cualquier cosa! Me atrevería a decir que podría hacer las veces de trufa para épocas económicamente poco halagüeñas. Si no lo habéis probado, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis: es barato, sabroso y deja un sabor tostado y dulzón delicioso.

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Si os gustan los huevos pochés, obviamente ya sabréis hacerlos, en cuyo caso podéis omitir el resto del texto y limitaros a ver la foto del final. Si no, creedme si os digo que hacerlos es tremendamente fácil a pesar de lo aparatoso que pueda parecer, solo requiere cierto cariño (y tampoco excesivo  😀 )

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Empezad por poner un cazo de agua a hervir. Luego colocad un trozo de papel film en una taza, echad un chorrillo de aceite, cascad el huevo dentro y envolvedlo con cariño. Ya está listo para ponerlo a cocer exactamente 4 minutos (un huevo tamaño estándar).

P1050287Así nos aseguramos que la clara quede cocida y la yema cremosa y deliciosa.

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Ahora viene el momento del cariño: desenvolver el huevo medio cocido. Veréis que a menos que tengáis dos manos izquierdas no es tan difícil (aunque yo suelo hacer siempre uno extra por lo que pudiera ser…). ¡Y listo! No queda más que hacerle un cortecillo para que se desparrame la yema y coronarlo con un pellizquillo de sal gorda y unos trocitos de ajo negro (a modo de trufa). Queda delicioso.

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Coniglio al ginepro

Para Manuel. Te seguiré echando de menos.

Aquí una idea que me dio alguien nacido en tierras italianas. Para más señas, el susodicho me ilustró sobre los mejores aderezos a añadir a los logomorfos después de probar la receta de conejo con setas de mi madre y decir que era “mejorable” (lo que hay que oír)…

Pero bueno, rencillas aparte, confesaré que nunca se me había ocurrido usar bayas de enebro para aromatizar carnes (de hecho, solo se las había echado al gin-tonic… ¡cuánto mundo queda por descubrir!)

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Y debo decir que queda muy sabroso y con un fuerte sabor a campo. Investigué un poco y al final adapté una receta que encontré en una web de recetas italianas llamada Gustissimo (si queréis la versión ‘auténtica’, está aquí). Veréis que es fácil con ganas. Aunque no es apta para días con  prisas, tiene la ventaja de que solo necesita que se le vayan echando vistazos de vez en cuando.

Para esta versión, usé:

  • 1 conejo
  • 10 bayas de enebro
  • ajos
  • medio vaso de vino blanco
  • medio vaso de vinagre de vino blanco
  • medio vaso de agua
  • un par de hojas de laurel
  • una rama de romero
  • pimienta, aceite y sal

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Empezamos por marinar el conejo cortado a trozos en una mezcla de todos los ingredientes (incluí un par de ajos chafadicos) al menos una hora (así la carne se cocina antes y queda más tierna).

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Luego no queda más que freír 3 o 4 ajos más en un chorro generoso de aceite de oliva y dorar los trozos de conejo bien escurridos. Una vez dorados por ambos lados, añadir todo el marinado y cocinar a fuego lento, al menos durante una hora, dándoles la vuelta a los trozos un par de veces durante la cocción.

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A que es fácil? Pues queda estupendo y tiene la ventaja de ser una de aquellas recetas que ‘se hacen casi solas’ mientras tú haces lo que buenamente te apetece 😀

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