Bizcocho low carb con fresas y melocotón

Decidida a proveer a mi adorado hermano mayor con un desayuno sano y fácilmente portátil, me he decidido por un bizcocho-perfecto-para-aprovechar-cualquier-resto-de-fruta-porque-creo-que-todas-quedan-de-lujo 🙂

Hoy tenía fresas y melocotoncitos. Entenderéis que locamente enamorada como estoy de la mezcla de harina de avellana y almendra que os descubrí con el pastel de ruibarbo, no podía serle infiel. No soy celosa, probadla y me entenderéis 😀

Para un molde de 20cm de diámetro he usado:

  • 3 huevos
  • dos nueces de mantequilla
  • canela en polvo
  • ralladura de limón
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • 2 cucharadas de avellana molida
  • una cucharada de xylitol (o edulcorante al gusto)
  • fresas y melocotoncitos a discreción

Mezclad las yemas con el resto de ingredientes e incorporad las claras a punto de nieve firme con mucho amor. Verted la mezcla en un molde con papel de horno e idealmente enmantequillado.

Colocad las frutas como buenamente tenga a bien vuestra creatividad y hornead a 180ºC hasta que la superficie esté dorada (y el palillo salga limpio 🙂 ).

Sólo el olor que sale del horno servirá para despertar al más dormilón. Qué aroma, por favor. Cuando lo saquéis, mejor dejadlo enfriar sobre una rejilla, así la humedad lo respetará.

Si bien el melocotón no es tremendamente low carb, no está de más permitirse alguno de vez en cuando (y más si la ocasión o vosotros mismos lo merecéis). Podéis sustituirlo por arándanos, moras, frambuesas, manzanas, peras, nectarinas, albaricoques o casi cualquier otra fruta que buenamente se os ocurra. Resulta ideal como desayuno o merienda para llevar: sin gluten y bastante low carb.

Navajas a la plancha con ajo y perejil

Aquí una receta infalible, de las de toda la vida, que (una vez convenientemente desbabadas las navajas) tendréis lista en dos minutos. Os prometo además que es ridículamente fácil y que todo el mundo de bien la adorará.

Empezad por poner las navajas en remojo con agua con sal al menos una horiña (idealmente en vertical) para que expulsen la arenilla que les quede. Yo desecho las que están abiertas y las que tienen poca pinta de estar vivas, por lo que pudiera ser. Mejor comer 5 navajas menos que arriesgarse a perder tres días con gastroenteritis 🙂

Preparad la mezcla de aceite, sal gorda, ajo y perejil picaditos (e idealmente una brochilla de silicona para pintar las navajas con ella). Si preferís no encontraros cachillos de ajo, pasadla por la batidora y enseguida tendréis una estupenda salsa verde lista para darles ese “je ne sais quoi” deliciosamente campero.

Abrid las navajas y poned la parte de la carne sobre la plancha muy caliente con aceite durante unos 30 segundos, dadles la vuelta y pintadlas con la mezcla de aceite, sal, ajo y perejil. En el tiempo en que acabéis de pintarlas estarán riquísimas y listas para servir (¡no las dejéis más de un minuto que se vuelven gomosas!).

Rollito sueco low carb

He aquí uno de los tesoros del low-carbista: el delicioso rollito sueco.

Si os encontráis algún día en la feliz tesitura de tener en la nevera salmón ahumado, aguacate, espárragos trigueros y ganas de hacer unas casi-crêpes low carb II con harina de sésamo, por favor no dejéis de probar esta delicia.

Más fácil no se puede: rellenad las casi-crêpes con salmón ahumado, un espárrago triguero salteado y un cachillo de aguacate con un chorrillo de zumo de lima.  Enrolladlo como los bocados suecos originales y atacad sin piedad 🙂

Si lo acompañáis con una ensalada primaveral cenaréis como marqueses: sin gluten, sin frutos secos y low carb.

Casi-crêpes low carb II (con harina de sésamo)

Si os estáis preguntando si vale la pena comprar un cargamento de harina de sésamo cuando la encontréis por ahí, la respuesta es un sí rotundo. Qué rica, por favor. Ya la usé felizmente para rebozar espinas de sardina y me encantó, pero en modo crêpes queda deliciosa también.

Me he limitado a batir un huevo con una cucharada de yogur y otra de mi recién descubierta pero inmediatamente adorada harina de sésamo y poner un par de cucharadas de masa en la plancha con una nuez de mantequilla.

¿Sabéis cuando (muy de vez en cuando) las cosas salen curiosamente bien sin apenas esfuerzo? Pues estas crêpes son la encarnación de esa situación: sin gluten, sin frutos secos y milagrosamente low carb.

Pastel de ruibarbo low carb III (con más frutas del bosque y piñones)

Por favor, si dais caza a un manojo de pencas de ruibarbo, id volando a la cocina a probar este pastel. Si bien el bizcocho es idéntico al del pastel de ruibarbo low carb I y el topping curiosamente parecido al del pastel de ruibarbo low carb II, considerad esta tercera versión como el hijo no nato de Einstein y Marilyn: recombinando el cuerpo de una y la cabeza del otro obtendréis un vástago exquisito*.

*[Nota: En este caso particular, si combinamos cabeza y cuerpo a la inversa (léase topping de la versión I y bizcocho de la versión II), el resultado resulta igualmente delicioso.] 😀

Las dos únicas diferencias son la cantidad de frutas del bosque (he incluido fresas, arándanos y moras frescas dentro de la masa también) y una lluvia de piñones previa al horneado. Y sí, ¡estaba tremebundo!

Espagueti de edamame con boloñesa

¡Qué cosas más curiosas inventan! El otro día encontré unos espaguetis de edamame. Los compré porque sólo tenían un 18,8% de carbohidratos y una lista de ingredientes formada por un único componente: alubias de soja. No sé cómo consiguen que mantengan la forma y adquieran textura de pasta al cocerse, pero desde luego han dado en el clavo.

Los acompañé con una boloñesa de cebolla, tomate, ajo, piquillos, panceta y carne picada. ¡Quedaron estupendos! Por cierto, sacian mucho más que los espaguetis de harina normal, va a ser verdad eso de que el trigo estimula el apetito…

Pastel de ruibarbo low carb II (con frutas del bosque)

¡Lo encontré! En el mercado de La Boquería hay 🙂

Confieso que me gustó tanto el pastel de ruibarbo I que tenía que probar sin más dilación esta variante. Me sobrevino la urgencia así que acabé de lamer el papel de plata en el que había envuelto el último cacho, para que os hagáis una idea de lo tremendo que estaba.

Y no sabría deciros con cuál de las dos versiones me quedo. Que además ambas caben milagrosamente bajo las categorías “sin gluten” y “low carb”.

El bizcocho es idéntico al de su predecesor (con mi mezcla-amor-a-primer-bocado de almendra y avellana molidas) y la confitura la hice exactamente igual. Únicamente cambia el “topping”: he decidido acompañar los pegotes de ruibarbo con fresas, moras y arándanos frescos a discreción. A pesar de ser un pastel visiblemente casero, podréis llevarlo orgullosos a cualquier celebración que se precie. No quedará ni miajita 😀

¡Por fin tenemos el respaldo científico que faltaba!

No os podéis imaginar con qué ilusión procedo a presentaros a la nueva colaboradora del blog. Además de la persona más generosa que conozco, Natalia es bióloga y doctora en genética (su tesis versó sobre disruptores endocrinos, moléculas que se unen a receptores hormonales inhabilitando su correcto funcionamiento). Para que os hagáis una idea, su currículum consta de 27 páginas a día de hoy (y sigue creciendo con cada artículo que publica).

Hacer de cocinillas y dar ideas de apaños low carb es una tarea noble, pero Natalia puede bucear por los entresijos moleculares endocrinos y entender artículos científicos que los demás apenas distinguimos de la escritura cuneiforme. Por fin el microbioma intestinal dejará de ser ciencia ficción, ¡gracias Natalia! 🙂

Pastel de ruibarbo low carb I (con fresas y frutos secos)

El ruibarbo es una suerte de acelga roja poco común en las verdulerías españolas, pero ubicua en los recetarios centroeuropeos.

Tiene un sabor muy particular. Resulta curiosamente ácido y amargo al mismo tiempo, lo que aporta un toque delicioso a mermeladas y pasteles.

Hacía eones que quería low-carbizar su tradicional pastel, pero no encontraba ruibarbo en Barcelona (debo confesar que sigo sin encontrarlo, éste lo cacé al vuelo en una parada de verduras de Cambridge). ¡Probadlo si algún día tenéis la oportunidad de echar mano de un manojo de estas acelgas rojas!

Una vez localizadas y convenientemente adquiridas, tendréis que “desacelguizar” las pencas y convertirlas en una confitura, lo cual resulta mucho más fácil de lo que pudiera parecer. Sólo hay que cortar el ruibarbo a cachillos, cubrirlo con agua y ponerlo a cocer a fuego lento.

En cerca de un par de horas, obtendréis una especie de medio chapapote naranja medio cabello de ángel que podréis edulcorar al gusto (yo he echado una cucharada de xylitol por 4 pencas de ruibarbo).

Reservad la confitura, la usaremos para rellenar la base abizcochada del pastel.

Hoy he optado por una deliciosa versión de bizcocho low carb con una mezcla de harina de almendra y avellana, de la que me declaro fan incondicional. Pero queda estupendo con cualquiera de las versiones de bizcocho low carb (o incluso con una base de galleta con la confitura de relleno a modo de Linzer Torte o tarta enrejada).

Por ahora no he encontrado la avellana molida en España, pero vale la pena comprarla a sacos cuando la encontréis por ahí. Si no tenéis, no os preocupéis, la almendra molida quedará maravillosa también.

Para un molde de 20cm de diámetro necesitáis:

  • 4 huevos pequeños (ó 3 grandes)
  • 2 cucharadas de almendra molida
  • 2 cucharadas de avellana molida
  • Una nuez de mantequilla
  • 2 cucharadas de cottage cheese (o requesón o crema fresca)
  • Edulcorante al gusto (yo puse una cucharada de xylitol)
  • Una cucharadita de canela molida

Empezad por separar claras de yemas y mezclar estas últimas con el resto de ingredientes.

Montad las claras a punto de nieve firme y mezcladlas con cariño.

Verted la mezcla en un molde engrasado y cubridla con pegotes de confitura de ruibarbo.

Si optáis por la versión más clásica, horneadlo así. Una media hora a 180 C bastará, pero mejor haced la prueba del palillo y os aseguráis.

Si queréis darle un toque de alegría extra, colocadle también unas fresas y/o una mezcla de frutos secos cortadicos a modo de “crumble” (o cobertura crujiente) antes de hornear.

Confieso que como pastel da un poco de trabajo (más que nada por el tiempo que requiere hacer la confitura de ruibarbo), pero sabed que cuando lo probéis, ascenderá en vuestra escala de prioridades a la categoría de auto-obligación anual 😀

Queda delicioso tanto templado como frío. Resulta ácido, amargo y dulce; jugoso, crujiente y untuoso; además de sin gluten y milagrosamente low carb.

¡Y es perfecto como desayuno o merienda low carb para llevar!