mTOR (o la ruta metabólica que puede acelerar y detener el cáncer)

La primera vez que oí hablar de mTOR fue en una impactante presentación sobre la conexión ancestral entre las proteínas, el envejecimiento y el cáncer impartida por el Dr. Ron Rosdale, uno de los padres fundadores de la comunidad low carb. Me resultó fascinante, a pesar de que, por aquel entonces, yo ignoraba que mi dieta cetogénica estaba manteniendo a raya un agresivo cáncer de endometrio, cuya sintomatología, que yo achacaba a una premenopausia precoz, me acompañó (contra todo pronóstico) durante más de un año. Tras el diagnóstico, aquella inicial curiosidad se convirtió en obsesión y literalmente me sumergí en mTOR, tratando de comprender (y aprovechar) su influencia en la carcinogénesis.

La diana de rapamicina o mTOR (por Mammalian Target of Rapamycin) viene a ser un maestro de ceremonias o director de orquesta bioquímico. Es un complejo enzimático que regula la multiplicación y supervivencia celulares, es decir, es quien decide si la célula emplea su energía en cuidarse y reciclar sus partes dañadas (lo que vendría a ser “invertir en reparación y mantenimiento”) o si, por el contrario, opta por multiplicarse.

Como ruta encargada de modular el crecimiento celular, mTOR juega un papel crucial en el envejecimiento, así como en las patologías relacionadas con él (como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y los desórdenes metabólicos). De hecho, se ha comprobado que mTOR se encuentra sobreactivado en la inmensa mayoría de los tumores, lo que no sorprende si se considera que el cáncer es básicamente una proliferación descontrolada de células.

Hasta aquí, suena curioso pero poco práctico, ¿verdad? Parece otro mecanismo susceptible de ser aprovechado por las terapias oncológicas (lo que felizmente ocurrirá en breve, también), pero sobre el que no tenemos control. ¡Pues nada más lejos! Sabed que mTOR modula el crecimiento celular en respuesta a los nutrientes que detecta (particularmente aminoácidos, los componentes de las proteínas que consumimos) y a los llamados factores de crecimiento, ciertos mensajeros bioquímicos celulares (básicamente IGF-1 o factor de crecimiento insulínico tipo 1 y nuestra vieja conocida, la insulina).

Y limitar la acción de mTOR impide la multiplicación de las células promoviendo que inviertan su energía en cuidarse. Sí, esta afirmación incluye a las células cancerosas de (hasta la fecha) un estimado 70% de los tumores. He aquí nuestra poderosa artillería pesada: el control de los nutrientes y mensajeros que recibe mTOR para que incline la balanza hacia la reparación celular y la aleje de la multiplicación. ¡Imaginad el potencial de tenerlo como aliado en la lucha contra el cáncer!

Ruta metabólica de mTOR [Charles Betz (Creative Commons BY 3.0)]
Si queremos que nuestras células se dediquen a reciclar sus mitocondrias dañadas en lugar de dividirse, disminuyendo considerablemente el riesgo de incidencia de cáncer (y retrasando su progresión una vez instaurado), debemos asegurarnos de que mTOR recibe los mensajeros bioquímicos adecuados. Como suele ocurrir, no podemos controlar todos los factores ambientales que potenciarán la expresión de los genes procáncer, pero, igual que podríamos escoger qué partituras le llevamos al director de orquesta, también podemos elegir qué nutrientes alcanzan a mTOR.

Entonces, ¿cómo podemos esquivar un envejecimiento prematuro y eludir las enfermedades que este depara? Pues, una vez ya creciditos (se estima especialmente útil a partir de los 35), manteniendo a mTOR en modo “reparación y mantenimiento”, optando por una dieta baja en proteínas (que activan mTOR directamente) y baja en carbohidratos (que lo hacen a través de los niveles altos de insulina que provocan).

Si estáis aquí, probablemente ya habéis restringido el azúcar y aumentado la proporción de grasa que quemáis. Solo tenéis que darle una vuelta de tuerca más. El Dr. Rosedale recomienda una ingesta diaria de unos 0,8g de proteína por cada kilo de masa magra. Para que os hagáis una idea, en mi caso (mido 1,75m y ahora peso 67Kg), esto se traduce en un par de huevos y una porción mediana de carne o pescado por día.

Pero igual que nunca os pediría que contéis calorías, tampoco creo que haya que pesar proteínas. Simplemente, intentad que el grueso de vuestro plato sean verduras frescas de mil colores llenas de fibra y antioxidantes, convenientemente bañadas en grasas saludables y escoltadas por porciones tamaño “palma de la mano” de huevos, carnes (idealmente de gallinas y de animales felices que no se hayan hinchado a antibióticos) o pescados (preferentemente pequeños y salvajes). ¡Que las mega-barbacoas sean ocasionales! Así, os aseguraréis de que mTOR recibe partituras anticáncer y cambia de bando para luchar a vuestro favor.

Nunca sabré cuánto tiempo mantuve a raya el cáncer, ni cómo habría evolucionado sin la histerectomía, pero cuanto más aprendo sobre epigenética, más consciente soy de que las probabilidades de que mi dieta me salvara de la quimioterapia son considerables.

A los previsores: El mejor día para empezar a cuidarse fue hace 10 años, ¡el segundo mejor día es hoy!

A los guerreros: Si el cáncer ya ha tenido la osadía de hacer su aparición, demostradle que se ha equivocado de cuerpo. Encarad la batalla confiados y seguros de vuestra victoria. Y ponédselo aún más difícil blandiendo un arma que sí podéis controlar: el poderoso mTOR. A por él, sin piedad.

Canapés “hágaselo usted mismo” (para todos los gustos/requerimientos)

¡Aquí os traigo la solución a (casi) todos vuestros problemas! Los canapés “hágaselo usted mismo”, que no esconden a un/a cocinero/a perezoso/a, sino a un anfitrión que quiere asegurarse de que todos sus ilustres invitados disfruten de un entrante de auténtico lujo (independientemente de sus gustos/requerimientos).

Y es que… ¿os habéis encontrado alguna vez ante el desafío de preparar unos canapés con la capacidad de contentar a un surtido grupo de invitados con manías/necesidades dietéticas diversas?

Imaginad una reunión de sibaritas que incluyen a una insulinorresistente que acaba de superar un cáncer y se ha vuelto aún más estricta con el low carb/real food (mismamente, una servidora 😊), un individuo de gran corazón pero poco amante de las verduras y a una celíaca con intolerancia a la lactosa y a la fructosa muy embarazada.

Así que las premisas eran: sin gluten (por el bien común), cero azúcar ni procesados (por mí), nada de ahumados, curados, fruta o queso (que están crudos o llevan fructosa/lactosa, por mi estimada premamá) y que además el verde fuera “opcional”. Y yo quería canapés 😋.

Así que a pesar del enorme desafío que se erigía ante mí (porque la mayor parte de mis canapés incluyen algún tipo de fruta, jamón, queso o vegetal), me negué a renunciar a ellos (porque me encantan los canapés y además me ponen los retos). ¡Así que decidí apañar un mini-buffet libre de canapés sin montar!

El plan era coger un dadito de no-pan de molde low carb como base y que cada comensal eligiese las combinaciones que le apetecieran más y se montase su propio canapé.

Había tres deliciosas salsas (un romesco, un baba ganoush y un guacamole), además de pisto, anchoas, mejillones, vieiras con panceta crujiente, huevecitos de codorniz cocidos, chistorra, espárragos trigueros y pollo al vapor.

¿Los triunfadores de la noche? Dos combinaciones estrella: el canapé de guacamole con mejillón y el de romesco con vieira y panceta. Resultó una auténtica gozada de cena con sabor a celebración que pasará a la historia como “el reto (superado) de los canapés deconstruidos”.