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PORQUE LOS GENES QUE TE HAN TOCADO EN SUERTE NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Asadura de cordero (o “delicatessen quijotesca”)

25 septiembre, 2017

Asadura de cordero (o “delicatessen quijotesca”)

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La asadura de cordero estofada es un plato que, por tradición, habría hecho las delicias del hidalgo don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza en un vetusto mesón medieval manchego y, por sabor, cabría holgadamente en un menú degustación dedicado a la casquería antiarrugas en el celebérrimo Arzak.

 

 

Se llama “asadura del cordero” al pack de sus vísceras, especialmente los pulmones y el corazón. Un corte ultra-asequible pero exquisito si no os amedrentáis por cocinarlo.

 

 

Podéis reservar el corazón para hacer felizmente a la plancha y estofar el resto, o incluirlo todo con alegría, bien cortadito en cachos generosos. Ésta será la primera decisión a tomar.

 

 

Llegados a este punto tendréis que tomar la segunda decisión: negociar con vosotros mismos a tres bandas, en cuanto a retirar bronquios y cachillos de tráquea. Las opciones son dos:

  • yo de ahora:
    1. “qué pereza molestarme en retirar cada cartílago”
    2. “mejor los quito que cuando me lo coma lo agradeceré”
  • yo de cuando me lo coma:
    1. “está delicioso, incluso con este crec-crec cartilaginoso”
    2. “qué rico está y qué textura tan suave y agradable tiene”
  • yo de cuando me mire al espejo al día siguiente:
    1. “qué bien me sienta el chute de colágeno que me metí hinchándome a cartílago”
    2. “malditas patas de gallo… debería comer más colágeno”

 

 

En mi caso confieso que siempre gana el (1) y lo incluyo todo felizmente, pero según el día/tipo de comensales que tengáis, ¡os sale a cuenta negociar!

 

 

Una vez tomadas ambas decisiones, sabed que para vuestro perolo particular de raudo-estofado necesitaréis:

  • asadura de cordero cortada a cachos generosos
  • una cebolla hermosa picada
  • un cacho de pimiento verde o rojo (obviable pero recomendable)
  • un vaso de vino tinto
  • hojilla de laurel (y ramilla de romero si tenéis)
  • picada (puñaíco de almendras, un diente de ajo y algo de perejil)
  • sal, pimienta y aceite de oliva

Como en toda buena receta tradicional que se precie, se empieza por hacer un sofrito con la cebolla y el pimiento en un chorrillo de aceite de oliva.

 

 

Cuando empieza a dorarse, se añaden los cachos de asadura, se salpimentan y se dejan sellar tranquilamente.

 

 

Cuando la carne esté doradica, se añade el vino, el laurel (y el romero) y se deja cocer unos minutos hasta que se evapore el vino.

 

 

Momento ya de cubrirlo con agua hasta la mitad y dejarlo a fuego lento una media horica bien buena. Podéis aprovechar para ir preparando la insigne picada, que no sólo le aportará un sabor exquisito, también dará textura a la salsa.

 

 

Pasada la media horica, añadid la picada y dadle un garbeo unos minutejillos más. Y lo tendréis listo para saciar tanto estómagos hambrientos como corazones anhelantes de Dulcineas poco dispuestas.

 

 

Creedme si os digo que si vencéis las reticencias que podáis tener, el resultado os sorprenderá y el estofado del mesonero manchego hará las delicias de los más reacios (lo sepan o no 😀). Os diré que es de las pocas recetas que realmente me han hecho pensar: “lástima no poder mojar pan”!



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