Cáncer y dieta cetogénica (o el “más difícil todavía”)

Es curioso como todas  las preocupaciones que invadían tus días e inquietaban tus noches se esfuman en un segundo cuando te confirman que tienes cáncer. Tu escala de prioridades da un giro de 180º y todo pasa automáticamente a clasificarse en dos categorías:  “antes de” o “después de”. La verdad es que, desde el diagnóstico, me siento como en una nube.

Para mantener la mente ocupada y de paso contribuir a la causa (una vez más o menos superado el shock inicial), he revisado una cantidad ingente de literatura médica al respecto. Y, a día de hoy, puedo concluir que:

  • el cáncer es complicado y
  • cada tipo de cáncer es diferente, pero
  • encarar la batalla con optimismo y
  • una dieta cetogénica antiinflamatoria son aliados inestimables sobre los que sí tenemos control.

En breve os comento los dos libros que más me han ayudado a entender el cáncer (y cómo hemos llegado a las terapias actuales): Tripping over the Truth (de Travis Christofferson) y mi nueva biblia, Cancer as a Metabolic Disease (del gran Thomas Seyfried).

Os diré que, a día de hoy, me alegro una barbaridad de llevarle un año de ventaja al diagnóstico en estricta dieta antiinflamatoria y low carb. Sólo hay que darle una vuelta de tuerca más.

La evidencia apoya que esta dieta anti-cáncer sea no sólo rebosante en antioxidantesbaja en carbohidratos, sino también baja en proteínas. Al final, se trata de mantener a raya la insulina, para que ésta no active el crecimiento de las células cancerosas a través de mTOR, el fascinante Mammalian Target of Rapamycin. Ved aquí qué es y cómo podéis usarlo a modo de artillería pesada en la batalla contra el cáncer. No dejéis de incluirlo en vuestro arsenal y salid a matar. Yo lo haré.

Y es que nadie dijo nunca que la vida iba a ser un apacible paseo. Supongo que es parte de su encanto.

Nota desde el futuro (3 largos meses después) 

Parece que he ganado yo… Mi apreciado oncólogo me ha llamado “anomalía estadística”, básicamente porque, sin saberlo, he mantenido a raya un cáncer de metástasis fácil y fugaz durante mínimo un año. ¡He tenido mucha suerte! Gracias a mi buena fortuna (y a que mi rigurosa dieta cetogénica había obstaculizado el crecimiento del cáncer), me he ahorrado la quimioterapia.

Así que el lado bueno es que conservo la melena y los agravios a mi sistema se han limitado a tres cinco intervenciones quirúrgicas, treinta dosis autoinyectadas de heparina, antibióticos a mansalva y algunos chutes de analgésicos de caballo. El lado menos bueno es que mi muy estimado útero cayó en la batalla, así que si alguien esperaba reclamar el primogénito que prometí aquí, mejor vaya pensando en otro soborno. Recomiendo la tarta de calabaza.

No ha sido un camino de rosas, pero supongo que ya nadie me dará la brasa para que me eche novio porque se me pasa el arroz 😏

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