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Tempura low carb (con harina de soja)

Mmm… Tempura low carb… Sí, también se puede. Y queda absolutamente demencial. Puedo prometer que nadie (ni en su sano juicio ni loco de atar) echará de menos la tempura de harina de trigo si puede probar esta delicia.

Probadla con palitos de calabacín, zanahoria, apio, pimientos, espárragos, berenjena, pencas de acelga, aros de cebolla, judías verdes, setas shiitake… Repetiréis, os lo digo yo.

Sólo hay que mezclar un huevo batido, un pelín de sal, medio vaso de agua bien fría y tres ó cuatro cucharadas de harina de soja y tendréis lista la mezcla de tempura low carb.

No queda más que sumergir en ella las verduras y freírlas en aceite abundante y muy caliente (es precisamente el choque de temperaturas el que provoca esas bonitas formas en el rebozado).

No os despistéis, ¡que se fríen enseguida! Escurrid el exceso de aceite y servid calientes (idealmente con la salsa para tempura low carb).

Aprovechad para probar a “tempurear” unos calamares o cualquier comestible susceptible de ser rebozado… Quedará bru-tal, sin gluten, sin féculas y low carb.

Pota encebollada

¡Qué buena queda la pota así! Y eso que es apta para todos los bolsillos, que ésta pesaba unos 2 kilos, medía medio metro y me ha costado 10,50€. Para que veáis que no miento, os pongo la foto del “antes”. Pensad que las cebollas y los dientes de ajo eran tamaño castellano castizo…

Necesitáis:

  • Una pota (también queda muy bueno con sepia o calamar, pero pica bastante más al bolsillo)
  • Un par de cebollas hermosas
  • Una cayenita
  • Un diente de ajo picadito
  • Chorrillo de aceite de oliva
  • Vasillo de vino blanco

Para la picada:

  • Un manojillo de perejil y un diente de ajo
  • Un puñadito de almendras, avellanas, piñones, nueces o los frutos secos que prefiráis

El secreto para que quede suculenta es usar una cantidad ingente de cebolla picada y dejarla sofreír tranquilamente a su ritmo en un chorrillo de aceite con la cayena y un diente de ajo picadito. Mientras se sofríe, aprovechad para limpiar la pota y cortarla a cachitos. Cuando esté bien confitada, añadid el vino y dejadlo evaporar.  Ya podéis añadir la pota y un poquillo de agua. Dejadla cocinar despacio, removiendo de vez en cuando y tapada. No tarda mucho en estar cocida. Poco antes de apagar el fuego, echad la picada (si quedase demasiado caldoso, con un poco de harina de almendra). ¡Acordaos de retirar la cayena antes de servir!

¡Y ya está! Os aseguro que hasta la fecha todo el mundo que la ha catado, ha repetido. Es perfecta para congelar, ¡aunque no suele sobrar mucho!

Tartar de atún con sésamo y aguacate

Si hay algo en esta vida de lo que nunca me canso, es el atún fresco. Pero como no conviene abusar del mercurio, procuro racionar 🙂

Dicho esto, si buscáis ideas para cenas ultra veloces, deliciosas, saciantes y nutritivas, ésta se lleva la palma.

Nota de la redactora: Para evitar el anisakis, comprad el atún ya preparado para sashimi o congelado. Así podréis disfrutar de su delicioso sabor sin asumir más riesgo del estrictamente necesario, aquél inherente a la vida misma, vamos 🙂

Esta receta admite mil variaciones, pero la que hoy os traigo es mi favorita y resulta perfecta para una cena rápida y fresquita: tartar de atún con semillas de sésamo y aguacate. Más que una receta es una mera “unión de ingredientes”.

No tenéis más que cortar a cuchillo el atún bien pequeñito y aliñarlo al gusto. Yo le echo únicamente sal, pimienta y aceite de oliva, porque soy una purista del atún y lo adoro sin aderezos.

Seguid por colocarlo sobre una cama de daditos de aguacate con sal y zumo de limón como buenamente dicte vuestro sentido estético (o no,  que os aseguro que en modo “caos” estará delicioso también).

Y no os queda más que cubrirlo todo con sésamo y disfrutar de una cena de lujo perfectamente low carb. La tendréis lista en 5 minutos escasos y os aseguro que los platos quedarán limpios y las barrigas felices.

“La croqueta low carb”, “la croqueta paleo” o croquetas low carb III (de salmón y aguacate)

Sí, hoy os traigo “LA CROQUETA LOW CARB” (también conocida como “LA CROQUETA PALEO”). Queda absolutamente demencial. Las de pollo están de vicio, pero ésta se lleva la palma, que encima la farsa no requiere más de 5 minutos de preparación… ¡Lo nunca visto en el mundo croquetil!

Me he limitado a triturar un aguacate con unas semillas, un chorrillo de zumo de lima, un pellizco de sal y el salmón picadito. He montado las croquetas y las he rebozado en huevo batido y mi mezcla favorita de no-empanado (por lo rápida, que las demás están tremendas también) con almendra y semillas de lino molidas.

Y las he frito felizmente en aceite de oliva. Total: 15-20 minutos de principio a fin… Ni las croquetas congeladas de bechamel-cemento con jamón-homeopático son más rápidas de cocinar. Y en cuanto al sabor… “Salmón y aguacate”: sobran las palabras 😛

Navajas a la plancha con ajo y perejil

Aquí una receta infalible, de las de toda la vida, que (una vez convenientemente desbabadas las navajas) tendréis lista en dos minutos. Os prometo además que es ridículamente fácil y que todo el mundo de bien la adorará.

Empezad por poner las navajas en remojo con agua con sal al menos una horiña (idealmente en vertical) para que expulsen la arenilla que les quede. Yo desecho las que están abiertas y las que tienen poca pinta de estar vivas, por lo que pudiera ser. Mejor comer 5 navajas menos que arriesgarse a perder tres días con gastroenteritis 🙂

Preparad la mezcla de aceite, sal gorda, ajo y perejil picaditos (e idealmente una brochilla de silicona para pintar las navajas con ella). Si preferís no encontraros cachillos de ajo, pasadla por la batidora y enseguida tendréis una estupenda salsa verde lista para darles ese “je ne sais quoi” deliciosamente campero.

Abrid las navajas y poned la parte de la carne sobre la plancha muy caliente con aceite durante unos 30 segundos, dadles la vuelta y pintadlas con la mezcla de aceite, sal, ajo y perejil. En el tiempo en que acabéis de pintarlas estarán riquísimas y listas para servir (¡no las dejéis más de un minuto que se vuelven gomosas!).

Rollito sueco low carb

He aquí uno de los tesoros del low-carbista: el delicioso rollito sueco.

Si os encontráis algún día en la feliz tesitura de tener en la nevera salmón ahumado, aguacate, espárragos trigueros y ganas de hacer unas casi-crêpes low carb II con harina de sésamo, por favor no dejéis de probar esta delicia.

Más fácil no se puede: rellenad las casi-crêpes con salmón ahumado, un espárrago triguero salteado y un cachillo de aguacate con un chorrillo de zumo de lima.  Enrolladlo como los bocados suecos originales y atacad sin piedad 🙂

Si lo acompañáis con una ensalada primaveral cenaréis como marqueses: sin gluten, sin frutos secos y low carb.

Cruji-espinas low carb (o la deli-bomba de calcio)

Como muchos sabréis, la idea de freír espinas de pescaíto no es mía (las espinas de anchoa fritas fueron un entrante mítico de El Bulli). Yo me he limitado a low-carbizarlas y divulgar sus bondades. Los que no las conociérais, imaginad el nivel de “deliciosidad” que alcanzaban para encontrarse en un menú de tal categoría 🙂

Hasta que se me ocurra un sustituto más afín, las he bautizado como “palomitas low carb” porque son un vicio de cuidado. Quedan crujientes y deliciosas, ¡imposible comer solo una!

Sólo tenéis que retirar los filetes del pescaíto (hoy eran sardinas, pero cualquier pescaíto pequeño quedará tremendo) y enharinar las espinas. Si tenéis, la harina  de sésamo queda demencial, pero la de soja también se adherirá y quedará crujiente y brutal.

Freídlas en aceite de oliva (en poco más de un minutejo estarán), escurridlas y  saladlas. Es una receta tan simple pero de resultado tan tremendo… Por no mencionar la bomba de calcio que estaréis ofreciendo a vuestros suertudos comensales. Si encima las rebozáis con harina de sésamo, ¡no habrá nada comestible en el mundo que pueda competir con ellas en aporte de calcio!

Además resultan perfectas para combinar con una coca de sardinas 🙂

Raudo-merluza a la gallega

Aquí otra receta ultra veloz y rabiosamente low carb. Confieso que no tengo ni idea de si en Galicia la hacen, pero como la aliño igual que a su celebérrimo pulpo, la llamo así.

No tiene mayor secreto que el de conseguir una buena merluza, pasarla por la plancha y “galleguizarla” convenientemente con un chorrillo de aceite de oliva, sal en sacamas y pimentón dulce.

Y en 5 minutos podréis regalaros una gozada de cena low carb, sin gluten, sin huevo, sin lácteos y sin frutos secos, entre otros “sines” 🙂

Merluza con gabardina de jamón de pato

Para Manu. Gracias por esta receta, el cachalote y el gallifante 🙂

Como ya venía amenazando en la entrada del jamón de pato casero (razón aquí), esta combinación es triplemente ganadora porque:

  1. el jamón de pato aportará la grasa y el sabor que a menudo le falta al pescado blanco;
  2. el pescado blanco suavizará el potente sabor del jamón de pato; y
  3. combinados serán más saciantes (y deliciosos) que por separado.

Además es una receta ridículamente rápida  que adoraréis sí o sí, ¡no dejéis de probarla!

El secreto es que no hay secreto. Haced la merluza salpimentada a la plancha y al darle la vuelta colocad encima el jamón de pato. Acabad de cocinarla (la grasilla del jamón de pato se deshará  sobre el pescado y le aportará un extra de sabor y una alegría brutal) y, si tenéis, un toque de tomillo le sentará de lujo.

Listo. En poco más de 10 minutos podréis regalaros una cena estupenda, sin gluten, sin frutos secos, sin lácteos, sin huevos y tremebundamente low carb.

“Pescaíto” frito low carb

Pocas cosas reconfortan (y aportan tantos micronutrientes) como un platillo de pescaíto frito. Lástima que lo suelan rebozar en harina de trigo. Hoy en la pescadería había unas sardinas preciosas que me llamaban a gritos… No he podido resistirme a low-carbizarlas 😉

A menudo las hago a la plancha (cosa que recomiendo, porque quedan estupendas), aunque hoy me apetecía que tuvieran ese toque crujiente típico del “pescaíto” frito andaluz.

La almendra molida no es útil en este caso porque no se adhiere bien a la piel resbalosa del pescado. La harina de coco queda bastante bien, pero es algo dulzona y salpica aceite ardiendo como un terranova sacudiéndose recién salido del agua.

Así que las he rebozado en un poco de harina de soja antes de freírlas en aceite de oliva. Y han quedado niqueladas, crujientes y sabrosas. Nadie habría adivinado ni por asomo que no era un “pescaíto” frito típico, sino unas sardinas sin gluten y low carb 😀