Archivo de la categoría: Low carb para el día a día

Canelones-xató templados (un vicio “de cuidao”)

He aquí los primeros canelones-xató de la historia (¡que yo sepa!) “Canelones”, porque son rollitos de tiriñas de calabacín rellenos de pisto con merluza (felizmente sustituible por cualquier resto que tengáis en la nevera) y “xató” porque se cubren con salsa romesco y escarola*.

*[El xató es una deliciosa ensalada tarraconense de escarola con salsa romesco, mismamente, lo que me lleva a sospechar que el premio a la creatividad no llamará a mi puerta este año tampoco 😀 ]

Vale, reconozco que no elegiría estos canelones para una cena fugaz, pero creedme si os digo que pocos entrantes levantarán tanta admiración entre vuestros comensales en aquel día feliz en el que amanezcáis con ganas de echar un ratillo en la cocina.

¿Qué necesitáis? Pues para 4 platillos alegres, calculad:

  • un par de calabacines hermosos (idealmente, cortad las tirillas externas con un pelapatatas o una mandolina y aprovechad los retales para el pisto)
  • una berenjena, un pimiento rojo, uno verde y una cebolla
  • unos restos de merluza (o cualquier pescado, o carne, ¡o nada!)
  • romesco (ved aquí la deliciosa receta “secreta” de mi madre)
  • escarola y granillo de almendra para coronar

Empezad por meter en el horno los tomates y el ajo para el romesco y apañar las “placas de canelones” pasando por el microondas (o la plancha) las tiriñas de calabacín. Seguid por hacer el pisto cocinando a fuego lento la cebolla, la berenjena, los pimientos y los retales de calabacín que hayan sobrado. Mientras se cocina, pasad la merluza por la plancha y desmenuzadla. ¡Ya casi estáis!

Mezclad la merluza con el pisto y colocad las tiriñas de calabacín sobre papel de aluminio (para facilitaros después la “canelonización”). Colocad un par de cucharadas de farsa sobre cada “placa de canelón” y enrolladlo felizmente. Como no va al horno, podéis colocarlos directamente sobre una camita de romesco en los platos que llevaréis a la mesa.

Cubridlos con una capa generosa de salsa y un poquiño de granillo de almendra (o no). Justo antes de servir, coronadlos con unas hojiñas de escarola y aliñadlas con un pelín de sal y aceite de oliva. Veréis qué lujazo: unos canelones deliciosos abarrotados de fibra y vitaminas, sin gluten, sin lácteos, sin féculas, paleo y low carb.

Nadie se imaginará que es un entrante “aprovecha-restos-varios” 😉

Eureka-no-patatas de otoño en 5 minutos

“Eureka”, por lo nutritivas, súper rápidas y deliciosas. “No-patatas”, por su innata habilidad para sustituirlas alegremente. Confieso que su descubrimiento ha sido lo más gratificante de este incierto otoño.

Sí, acepto que la calabaza no es estrictamente low carb, pero comparada con unas patatas, bien merece la calificación de “bastante low carb” (y es una bomba de vitaminas y fibra).

Además, la canela no sólo hace que esté insultantemente exquisita, sino que encima aumenta la sensibilidad insulínica. Así que, sin abusar, sí que creo que estas deliciosas no-patatas caben con holgura dentro de una dieta low carb feliz.

Por si esto fuera poco, además se hacen en 5 minutos de reloj (en los que además podemos estar mirando el whatsapp o inmersos en una sana introspección tranquilamente).

No tenéis más que cortarla a daditos (si la compráis felizmente cortada hasta eso os ahorráis) y meterla en el microondas 3 ó 4 minutos a máxima potencia con un par de cucharadas de agua.

Aliñad las no-patatas de calabaza con sal, aceite de oliva y un pellizco generoso de canela molida… ¡Y ya está!

Quedan sublimes acompañando carnes, huevos y lo que se tercie. Desde aquí les declaro amor eterno incondicional.

Coca tricolor hispanocatalana (o rojo con amarillo siempre da naranja)

Ésta va para los que sabéis que cada día que amanece es un regalo y no encolerizáis por trozos de tela amarilla con más o menos franjas rojas. Si es que tengan dos o tengan cuatro, rojo con amarillo siempre da naranja.

Es una versión de no-pan de lino low carb, pero con una generosa cobertura de deliciosas verduras (huelga decir que su disposición  es fruto de un subconsciente atribulado por la que está cayendo…)

Para un mini-molde de los de 3 canelones, he usado:

  • un huevo
  • una cucharada de semillas de lino molida
  • dos cucharadas de harina de almendra
  • sal y pimienta
  • una puntita de bicarbonato
  • pimientos a discreción

Como siempre, no tenéis más que mezclarlo todo (clara a punto de nieve) y hornear a 180ºC hasta que la superficie se dore y el palillico salga seco.

He aquí mi homenaje particular para quienes, como yo, tengáis cada día más ganas de ser de ambas y de ninguna.

Corazón roto con boletus (o la bomba de coenzima Q10)

Para los que necesitéis un empujoncito para decidiros a probar el delicioso y nutritivísimo corazón de cordero, ánimo, ¡que vale la pena!

Nos guste o no (asumo que a la mayoría no), vivimos en un mundo abarrotado de tóxicos. Librarnos de ellos en lugar de acumularlos supone un reto diario para nuestros sistemas basureros internos.

La coenzima Q10 es un compuesto esencial en una plétora de procesos antioxidantes que nos ayudan a expulsar las toxinas y evitar que se acomoden en nuestros tejidos por toda la eternidad.

Y las vísceras, en especial el corazón, son una bomba de coenzima Q10. Por si esto fuera poco: es barato, está buenísimo y no necesita largos estofados ni cocciones eternas. Simplemente salpimentado a la plancha es una gozada. Y con un salteado de boletus… Más.

Para cocinarlo en modo fugaz, eso sí, hay que “romper” el corazón. Los expertos lo dejan casi como un filete, pero a mí me gusta que conserve cierta apariencia “corazoncil” en el plato. Así que lo parto por la mitad, cada mitad por la mitad y cada mitad por la mitad. Lo despedazo en 8 cachos, vamos.

Y al montar el plato los recoloco de nuevo. Ya veis, dicen que un corazón roto puede “cauterizarse” y seguir latiendo al mismo son. Yo tengo mis serias dudas… a menos que el corazón sea de cordero y se sirva felizmente acompañado de un salteado de boletus. Pero por intentarlo, que no quede 😊

Vale, pseudo-metáforas de mujer despechada aparte, he aquí una deliciosa “cena-en-5-minutos”. No tenéis más que pasar el corazón de cordero por la plancha, salpimentarlo y servirlo con ensalada, espárragos, alcachofas o lo que buenamente tengáis en la nevera.

Aunque si el plan es ayudar a reunir y cauterizar los pedazos de vuestro propio corazón, con unos boletus igualmente salteados y salpimentados tocaréis el cielo… Y os aseguro que cada bocado será un punto de sutura más y una arruga menos.

Lengua de ternera con ensalada arcoíris (o lo que la hormiga le ofreció a la cigarra)

Siguiendo fielmente los consejos de los sabios, estoy dándole caña a la casquería (que además de ser ultranutritiva y un antiarrugas eficaz de verdad, resulta más que conveniente en épocas de “desafío económico”). Ya veis, todo son ventajas. Además, puedo prometer y prometo que (al menos la lengua de ternera) será inmediatamente adorada por cualquier comedor habitual de carne.

Éste es el ejemplo perfecto de la cena rápida y deliciosa que la laboriosa hormiga (o tu yo en un festivo hacendoso) ofrecería a la perezosa cigarra (o tu yo en un lunes agotador y/o nefasto).

El plan es aprovechar una tarde tranquila de marujeo hormiguil para cocer un par de lenguas de ternera y congelarlas cortadicas en cachillos. Así, el día aciago en que llegues a casa con un cabreo del carajo y/o agotado/a y/o perezoso/a en modo cigarra, puedes apañar felizmente una ensalada ultra veloz y acompañarla con unos buenos cachos de deliciosa lengua ya convenientemente cocinada por tu yo en modo hormiga del pasado.

La verdad es que es una carne jugosa y deliciosa (quien prueba, repite), abarrotada de omega 3 y ciertamente asequible. Éstas son de ternera ecológica del Pirineo (5 eurillos cada una, o sea, 10 por casi tres kilos de carne). Prepararla no tiene ningún secreto: ponedla a cocer con un par de zanahorias, apio, puerro, nabo, chirivía o verde para caldo al gusto. Tranquilamente tardará hora u hora y media según lo grande que sea. Éstas pesaban cerca de un kilo doscientos. Las dejé cocer alrededor de hora y cuarto y luego reposar en el caldo una horilla más mientras seguía marujeando por casa.

Una vez cocida y templada, retirarle la piel es un juego de niños. Imposible que salga mal. Probadla simplemente aliñada (o a la vinagreta): resulta verdaderamente exquisita. Con estas dos lenguas me ha dado para unos 10 platazos de ensalada arcoíris de los de “para compartir”.  Y si sois previsores y congeláis algunos cachos, algún día perezoso vuestro yo del futuro lo agradecerá infinitamente 🙂

Chachi-perrito caliente low carb III (o butifarra envuelta en casi-crêpe de sésamo)

Siguiendo la estela de sus muy apreciados antecesores, los chachi-perrito caliente low carb I (de shiitake) y II (de berenjena), no podía dejar de haceros conocedores de esta joya del low-carbismo más puro. Puedo prometer y prometo que después de uno de éstos estaréis horas y horas saciados y convenientemente nutridos.

Cualquier ansia de comida rápida se convertirá en un vago recuerdo y haréis caso omiso de los efluvios que emanen de las panaderías como un hidalgo enamorado ignora impasible los cantos de las sirenas. Vamos, que llena mucho 😉

No tenéis más que apañar unas casi-crêpes de harina de sésamo (aprovechad para inocularle un pellizco de cúrcuma ultra-antioxidante), untarlas bien con mostaza (que sea de la buena sin azúcar ni aditivos raros) y envolver en ella un buen cacho de butifarra/salchicha (idealmente sin dextrosa ni féculas).

¡Y listo! Marchando un chachi-perrito caliente abarrotado de calcio y ácidos grasos saturados sin gluten, sin lácteos, sin frutos secos, paleo y low carb 😛

Raudo-estofado de asadura de cordero (o lo que Sancho Panza le pidió al mesonero)

He aquí un plato que, por tradición, habría hecho las delicias del hidalgo don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza en un vetusto mesón medieval manchego y, por sabor, cabría holgadamente en un menú degustación dedicado a la casquería antiarrugas en el celebérrimo Arzak.

Se llama “asadura del cordero” al pack de sus vísceras, especialmente los pulmones y el corazón. Un corte ultra-asequible pero exquisito si no os amedrentáis por cocinarlo.

Podéis reservar el corazón para hacer felizmente a la plancha y estofar el resto, o incluirlo todo con alegría, bien cortadito en cachos generosos. Ésta será la primera decisión a tomar.

Llegados a este punto tendréis que tomar la segunda decisión: negociar con vosotros mismos a tres bandas, en cuanto a retirar bronquios y cachillos de tráquea. Las opciones son dos:

  • yo de ahora:
    1. “qué pereza molestarme en retirar cada cartílago”
    2. “mejor los quito que cuando me lo coma lo agradeceré”
  • yo de cuando me lo coma:
    1. “está delicioso, incluso con este crec-crec cartilaginoso”
    2. “qué rico está y qué textura tan suave y agradable tiene”
  • yo de cuando me mire al espejo al día siguiente:
    1. “qué bien me sienta el chute de colágeno que me metí hinchándome a cartílago”
    2. “malditas patas de gallo… debería comer más colágeno”

En mi caso confieso que siempre gana el (1) y lo incluyo todo felizmente, pero según el día/tipo de comensales que tengáis, ¡os sale a cuenta negociar!

Una vez tomadas ambas decisiones, sabed que para vuestro perolo particular de raudo-estofado necesitaréis:

  • asadura de cordero cortada a cachos generosos
  • una cebolla hermosa picada
  • un cacho de pimiento verde o rojo (obviable pero recomendable)
  • un vaso de vino tinto
  • hojilla de laurel (y ramilla de romero si tenéis)
  • picada (puñaíco de almendras, un diente de ajo y algo de perejil)
  • sal, pimienta y aceite de oliva

Como en toda buena receta tradicional que se precie, se empieza por hacer un sofrito con la cebolla y el pimiento en un chorrillo de aceite de oliva.

Cuando empieza a dorarse, se añaden los cachos de asadura, se salpimentan y se dejan sellar tranquilamente.

Cuando la carne esté doradica, se añade el vino, el laurel (y el romero) y se deja cocer unos minutos hasta que se evapore el vino.

Momento ya de cubrirlo con agua hasta la mitad y dejarlo a fuego lento una media horica bien buena. Podéis aprovechar para ir preparando la insigne picada, que no sólo le aportará un sabor exquisito, también dará textura a la salsa.

Pasada la media horica, añadid la picada y dadle un garbeo unos minutejillos más. Y lo tendréis listo para saciar tanto estómagos hambrientos como corazones anhelantes de Dulcineas poco dispuestas.

Creedme si os digo que si vencéis las reticencias que podáis tener, el resultado os sorprenderá y el estofado del mesonero manchego hará las delicias de los más reacios (lo sepan o no 😉 ). Os diré que es de las pocas recetas que realmente me han hecho pensar: “lástima no poder mojar pan”!

Shawarma low carb con salsa-taratur-en-un-minuto

A pesar de que solemos equiparar el shawarma con comida rápida de escaso valor nutritivo, lo cierto es que si sabemos qué lleva (básicamente porque lo hemos hecho nosotros 🙂 ) es una opción raudo-veloz y estupenda para saciar estómagos vacíos con aspiraciones de crítico gastronómico, poco tiempo y/o congeladores surtidos  de restos cárnicos varios en pequeñas dosis.

Por supuesto, podéis optar por destinar la carne especialmente a esto y adobarla en crudo, aunque yo confieso que me resulta más conveniente hacer shawarma para aprovechar restos (queda estupendo con cualquier carne asada, rustida o a la plancha, como las miajillas de paletilla de cordero asada que os pudieran sobrar).

Si optáis por la primera opción, sabed que hay tantas recetas de adobo como libros de cocina/chefs pro-shawarma, aunque todas parecen llevar zumo de limón, sal, ajo machacado, canela, comino, pimienta, clavo y cilantro en mayor o menor medida.

Si optáis por la vía rápida de “aquí no se tira nada”, la cosa se simplifica. Siendo sincera, sabed que yo preparo la carne simplemente dándole un toque de sartén con aceite, una pizca de mezcla de especias para tajín y sal (ya echo ajo y zumo limón a la salsa). Así me ahorro el tiempo de adobado y además convierto carnes poco vistosas en una hermosa delicia sabrosa y nutritiva.

Ya veis qué rápido resulta haciéndolo así. ¡Y hasta la fecha no he recibido crítica alguna! En un minuto la carne estará lista para ser felizmente envuelta en unas casi-crêpes de sésamo con lechuga, pimiento, tomate, cebolleta o lo que buenamente tengáis en la nevera.

El único secreto para que cualquier resto carne os quede delicioso a modo de shawarma es la ultra-veloz salsa taratur de yogur y sésamo. Es todo un hallazgo y le da ese je-ne-sais-quoi fresco y untuoso (además de ser un portento de calcio, vitaminas y antioxidantes).

Para hacer vuestra salsa-taratur-en-un-minuto (que resulta perfecta para eludir vampiros y desgracias coronarias varias sin que el sabor a ajo destaque demasiado), sólo tenéis que triturar:

  • 2 cucharadas de yogur (con el de oveja queda brutal)
  • 1 cucharadita de tahine (o crema de sésamo)
  • ajo, zumo de limón, sal y pimienta al gusto

¡Y listo! En poco más de 10 minutos (más que nada por los 2 que os llevará hacer las casi-crêpes), tendréis una cena ultra-nutritiva que os permitirá aprovechar restos varios de carne y acercaros a vuestra dosis de ajo semanal recomendada.

“Trinxat de col” low carb

El trinxat de col es un plato tradicional de col frita con panceta curada y ajo, típico del Pirineo catalán. Normalmente lleva patata cocida, pero la he obviado por la causa low carb. ¡Y no se echa de menos!

Es una receta muy sencilla. Empezad por limpiar la col (lavándola en agua con vinagre y retirando las partes más duras) y cocerla.

Seguid por freír la panceta y un par de ajos enteros en un chorrillo de aceite de oliva. Retirad la panceta cuando esté crujiente antes de echar la col para que no se ablande.  Freíd la col bien escurrida un ratillo, reincorporad la panceta y salpimentad. ¡Listo! Veréis como nadie echa de menos la patata…

Tabulé low carb (con no-bulgur de semillas de cáñamo)

Pero qué hallazgo las semillas de cáñamo… Tanto te hacen las veces de pasta maravilla en una sopa cura-todo, como de exquisita sémola en un cuscus o de no-bulgur de trigo en un delicioso tabulé low carb (¡y sin gluten!)

El tabulé es una suerte de ensalada típica de la cuenca oriental del Mediterráneo. Resulta perfecto como acompañamiento de carnes, pescados o lo que sea que haya sobrado de la cena de ayer. Acepta mil combinaciones, pero la tradicional (obviando el detalle de sustituir el trigo por no-bulgur de semillas de cáñamo) lleva tomate, pepino, cebolleta y perejil picados. Se suele aliñar con un chorrillo de zumo de limón, aceite de oliva y una pizquilla de sal. La verdad es que es sencillo, pero no necesita más.

Más fácil, fresco, rápido y nutritivo imposible. Y encima es paleo, vegano y rebosa omega 3. Pa’l podio de cabeza 🙂