Blog de nutrición y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES QUE TE HAN TOCADO EN SUERTE NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Lectinas (o “muerte por berenjena”)

28 septiembre, 2017

Lectinas (o “muerte por berenjena”)

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Las plantas, asumámoslo, tampoco quieren ser comidas. Y convendréis en que como todo ser viviente tienen el derecho inalienable a procurarse protección. Las lectinas son su primera línea de defensa: un grupo de proteínas con potencial antinutritivo que pueden provocar algún que otro malestar digestivo/estimular alegremente el sistema inmune/sembrar el caos apocalíptico en el intestino (según la proteína específica y/o a quién leáis).

 

 

Las solanáceas (como los pimientos, las berenjenas, los calabacines y los tomates), las patatas, los cereales (en especial trigo y maíz) y las legumbres (incluyendo en este último grupo los cacahuetes y anacardos), contienen lectinas en una cantidad nada desdeñable.

A los acólitos del Dr. Gundry¹ (autor de The Plant Paradox y promotor de la postura apocalíptica) os parecerá poco menos que una incitación al suicidio que os proponga no retirar la piel de la berenjena del raudo-delicioso baba-ganoush o del desayuno low carb XX dado su alto contenido en lectinas.

 

 

Si bien no descarto que causen cierto revuelo metabólico, humildemente os diré que no me acaban de convencer las teorías tremendistas que abogan por su efecto tóxico universal y ultra-letal. Sin duda habrá quien sea más sensible a su efecto y deba reducir su consumo,  pero a mí hoy por hoy me sientan estupendamente (no así el azúcar, ni el almidón). ¿Que si cabe dentro de los límites de lo posible que me estén matando lenta y subrepticiamente? Pues sí, desde luego. El stock de premisas que ubico en la categoría de “certeza-absoluta-hasta-el-infinito” no anda muy surtido.

Pero la vida es corta… ¡y algo hay que comer para que no lo sea mucho más! Así que me inclino por posturas más cercanas a la del gran Bruce Ames (una leyenda de la toxicología que sigue en activo con casi 90 años) y su toda la naturaleza es tóxica, depende de la dosis que ingieras y de cómo la metabolices, que algo te nutra o te mate. 

 

 

Abogo pues por seguir el criterio de mi bienamada Terry Wahls (médico académica, guerrera incansable y paciente de esclerosis múltiple en remisión) y  su comed verdura a puñaos, pero que sea variada. Si no inundamos nuestro organismo con dosis consecutivas y reiteradas del mismo tipo de lectinas, tendrá tiempo, moral y recursos para lidiar con ellas tranquilamente (como la especie lleva haciendo muuuchos milenios). Así que hasta que la ciencia dicte veredicto, si el lunes coméis col y cenáis alcachofas, el martes desayunad espárragos, almorzad calabacines y cenad acelgas ☺️.

  1. El Dr. Gundry es un famoso cardiólogo americano que recomienda encarecidamente evitar a toda costa los alimentos altos en lectinas. Si bien no puedo más que estar de acuerdo en muchas de sus recomendaciones, me resisto a dejar de comer tomate, pimiento, calabacín o berenjena (bien lavados, eso sí, que los pesticidas no sientan bien a nadie).


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