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Entiéndase como ‘ovolácteovegetariano’.

Tarta “la vida es bella” (de mousse de mango)

A mis padres y hermanos: GRACIAS. Con una guardia pretoriana de tamaña categoría, no hay cáncer que pueda conmigo.

Por fin, hoy os traigo una tarta para celebrar la vida: risueña, jugosa y exquisita. No lleva azúcar ni gluten, pero el dulzor natural del mango le aporta una nada desdeñable cantidad de carbohidratos, así que la reservo para ocasiones realmente especiales (como una cena de celebración junto a mi adorada enfermera-madre tras un “adiós, muchas gracias” a cierto cirujano oncológico) 😊

La ventaja añadida de esta tarta, además de su exultante dulzor y textura amorosa, es que es fácilmente adaptable a días/cocineros vagos con mucho que celebrar/agradecer. Si hacéis sólo la deliciosa mousse de mango y la presentáis felizmente en vasitos, en apenas 10 minutos la tendréis lista y os aseguro que deshará el corazón más gélido. Ella sola se basta y se sobra como postre de celebración, pero si la ocasión lo merece… Vale la pena dedicar media horita más a la causa y llevar a la mesa esta maravilla.

Los que os decantéis por la tarta en todo su esplendor, empezad por apañar una base de bizcocho de chocolate low carb (alegremente sustituible por las míticas galletas trituradas con mantequilla) y dejar el molde desmontable listo para volcar la mousse. ¡No olvidéis el papel de acetato en los bordes para que vuestro yo del futuro pueda desmoldar la tarta con elegancia!

Vale, la base de bizcocho está lista. Vamos a por esa deliciosa mousse de mango. Para 4 vasitos alegres o para rellenar una tarta de tamaño “familia bien avenida” (de unos 20cm de diámetro), necesitáis:

  • un mango maduro (o dos si, como yo, usáis las bolitas para decorar/usar de base de canapés y trituráis los retales)
  • dos cucharadas de queso crema
  • 150ml de nata para montar
  • un par de láminas de gelatina (sólo si os decidís por la tarta, para que la mousse no se desmorone al desmoldarla)
  • edulcorante al gusto (yo ni siquiera le echo, el mango aporta suficiente dulzor para mis papilas)

El “cómo se hace” no puede ser más sencillo. Triturad el mango y mezcladlo con el queso. Si vais a por la tarta, hidratad la gelatina en frío unos minutos y disolvedla en un dedico de agua caliente (yo aprovecho para “rebañar” el vaso donde he triturado el mango). Añadidla a la proto-mousse y mezcladlo todo bien para que se vaya amalgamando mientras montáis la nata bien fría.

Sólo queda añadir la nata montada a la mezcla de queso y mango. Hacedlo con cariño y movimientos envolventes para que mantenga la textura ligera y vaporosa. Probadla (en este instante ya se aprecia el “gracias a la vida” que entonará el resultado final 😋) y volcadla en el molde con la base de bizcocho de chocolate low carb. Metedla en la nevera y dejadla reposar (idealmente toda la noche).

Llegó el momento de dar rienda suelta a la creatividad. Desmoldadla con cariño y decoradla como buenamente os dicte el espíritu con el que hayáis amanecido. Por mi parte, yo hoy me he decidido por cubrirla con cacao puro en polvo,  un monigote risueño hecho con retales de mango, tres frambuesas y un pelín de almendra picada.

Aunque está absolutamente deliciosa, esta tarta no entra en la categoría de low carb para el día a día ni con calzador. Peeeero… sí cabe con holgura bajo la etiqueta de bastante low carb para celebrar la belleza de la vida en un día excepcional 💪. 

Cerdito de casi-pan de Cádiz bastante low carb

Para mamá. Porque seguir una dieta sana no está reñido con ser fiel a las tradiciones, este año también tendrás tu cerdito. Ha salido curtidito por fuera y dulce por dentro… igualico que yo 😘

He aquí mi versión bastante low carb del delicioso (y ultra high carb) cerdito navideño de mazapán/casi-pan de Cádiz. En lugar de rellenarlo de boniato, membrillo y/o frutas escarchadas, viene “low-carbmente” repletillo de pseudo-mazapán de calabaza con canela, frambuesas y chocolate negro.  ¿A que suena bien? Pues os aseguro que sabe mejor… 😛

Para un cerdito medianito (no conviene pasarse, que aunque sea bastante low carb un piquillo de insulina sí caerá) necesitáis:

  • de cuatro a seis cucharadas de harina de almendra (según el tamaño de las claras y la humedad de la almendra)
  • edulcorante al gusto (yo le he echado una cucharadita de xylitol)
  • dos claras de huevo (¡guardad las yemas para pintar!)
  • ralladura de naranja y/o limón
  • mazapán de calabaza low carb con chocolate negro picadico (idealmente 100%, para compensar)
  • frambuesas

Empezad por amasar la almendra con la clara, el edulcorante y la ralladura hasta formar una bola manejable (debe quedar como plastilina) y dejarla reposar una horica en la nevera. Podéis aprovechar para apañar un poco de mazapán de calabaza para rellenar y echarle chocolate picadito con alegría.

¡Llegó el ansiado instante de empezar a “cerditizar”! Es un momento feliz (con un grado de satisfacción comparable sólo al de partirlo y probarlo)! Coged un buen cacho del mazapán de almendra y aplanadlo un pelín (reservad la mitad para cubrirlo y un cachillo de masa para las orejas y el rabillo).

¡Y el cerdito está listo para rellenar! Empezad por poner un buen pegote del delicioso mazapán de calabaza con canela low carb y extenderlo (con cuidado o a lo bruto, dará un poco igual). ¡Que sea un cerdito gordito y alegre!

Colocad encima una hilerilla de frambuesas y formad el cerdito cubriéndolas con el resto de la masa (esta vez sí, mejor con cariño). Llegó el momento ya de dar rienda suelta a vuestra creatividad y darle forma al cerdito. Como la escultura no es una de mis habilidades, me limito a apañarle un morrico y ponerle un rabillo y unas orejas.

Cuando el cerdito se ajuste a lo que dicte vuestro criterio artístico, pintadlo con la yema y horneadlo una media horica a 180ºC (o hasta que esté doradito). Veréis qué delicia: navideño, sin gluten, sin lácteos, paleo y bastante low carb (además de crujiente por fuera y jugoso por dentro)… Brutal. Se ha convertido en mi nueva tradición de navidad.

Casi-marquesitas de zanahoria, coco y canela

Si también os apasionó la tarta de zanahoria y os veis obligados a ofrecer caprichillos dulces aproxi-navideños, sabed que estas casi-marquesitas rozan el nivel “ambrosía de los dioses”… El toquecillo de coco rallado y canela hará que vuestros afortunados invitados crean tocar el cielo. Nadie echará de menos el turrón industrial, ¡palabra!

Eso sí: tened en cuenta que os arriesgáis a que se os adjudique el título de “anfitrión navideño vitalicio”. Si estáis dispuestos a correr el riesgo, sabed que para un platillo generoso de marquesitas necesitáis:

  • 2 zanahorias hermosas cocidas (al micro se hacen en un plis)
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • 2 cucharadas de coco rallado
  • edulcorante al gusto (yo le he puesto una cucharadita de xylitol)
  • 2 huevos
  • una cucharada de aceite de coco (o de oliva, si no tenéis)
  • una cucharadita de canela molida
  • puntita de bicarbonato
  • almendra picadita para decorar (o más coco rallado, o lo que buenamente os apetezca)

No tenéis más que mezclarlo todo y volcarlo en un molde (idealmente engrasado con aceite de coco). Hornead media horita a 180ºC (usad el truco del palillo para aseguraros de que ya está cocido, pero os garantizo que el olor os guiará).

Queda tan delicioso que confieso que horneo la tarta en un molde redondo y corto las marquesitas en los tradicionales cuadrados para dar buena cuenta de los retales. Exquisitas, sencillas, sin gluten, sin lácteos, paleo y bastante low carb. Una maravilla perfecta para ofrecer en épocas navideñas (y daros un caprichito sin alejaros demasiado de vuestra dieta baja en carbohidratos).

Panellets low carb II (o lo que Caperucita llevaba en la cestita)

¡Por fin unos panellets deliciosos y suficientemente low carb! (Sin desmerecer a sus predecesores de pera, que estaban tremendos pero francamente su low-carbismo era poco menos que discutible)

Éstos son perfectos para meterlos en la cesta y llevárselos a la abuelita cuando vayáis a verla en una tarde de otoño. Os aseguro que no echará de menos el azúcar ni la patata (sabed que quedan mucho mejor que los mazacote-panellets de  supermercado e incluso  de pastelería).

Además son felizmente llevables a una excursión por el monte, tanto si  os dejáis caer por la casita de la abuelita como si subís corriendo a la cima  a “acerear” glúteos o si paseáis tranquilamente con la intención de pillar desprevenida a alguna seta.

Para hacer la masa de un zurroncillo alegre de panellets de calabaza bastante low carb, necesitáis:

  • 200gr de calabaza cocida (al micro se hace en un plis)
  • 200gr de almendra molida (más o menos, dependerá de la humedad de la calabaza, id echándola poco a poco)
  • una cucharadita de canela molida
  • pizquilla de sal
  • edulcorante al gusto (yo le he puesto una cucharadita de xylitol)
  • un huevo entero

Las instrucciones se limitan a: mezcladlo todo hasta que quede una suerte de plastilina manejable y deliciosa. Llega el momento divertido: elegir de qué haremos los panellets y dividir la masa en tantos cachos como distintos tipos queramos.

Como éstos eran para la abuelita, he hecho los tres tipos clásicos: bolitas de piñones, deditos de almendra picada y volcancitos de coco rallado (mezclando un poco más de coco en la masa de estos últimos para darles un extra de “deliciosidad”).

Si tenéis niños, ¡es el momento de llamarles a filas! Si no, sabed que montarlos es una tarea relajante que os evadirá por unos minutos de las incertidumbres en las que irremediablemente nos abocan los politicuchos que (muy a mi pesar) deciden nuestro futuro¹. En fin, algún día feliz, dentro de muchas lunas, miraremos atrás y nos reiremos (idealmente mientras damos buena cuenta de unos panellets bastante low carb).

  1. [Perdonad el desvarío, la incertidumbre no me deja dormir…]

A lo nuestro. Una vez montaditos, no queda más que colocarlos sobre una bandeja de horno engrasada, pintarlos con yema y hornearlos una media horica a 180ºC, hasta que estén dorados y preciosos.

Son una auténtica delicia de lo más otoñal… No conviene hincharse, pero si  se acerca la castañada y os veis cayendo en la tentación, ¡adelantaos! Éstos son infinitamente mejores para vuestro páncreas que los que podáis comprar, especialmente si les añadís la canela (cosa que recomiendo con tesón).

Francamente, no son un mero apaño de sus primos de patata y azúcar, son una versión mejorada tanto en nutrición como en textura y sabor. Os aseguro que serán inmediatamente adorados por abuelitas, lobos, caperucitas y por todo aquél que los pruebe.

1 bis.  [¡Ojalá nos dedicásemos más a hacer panellets y menos a pelearnos por banderitas…!]

Tarta de calabaza low carb (o el soborno otoñal perfecto)

He aquí mi versión de tarta de calabaza low carb, perfecta para para reconfortar corazones estresados.

Sí, acepto que su puntuación en la escala del low-carbismo roza el “ocasionalmente”, pero está tan deliciosa y es tan fácil de hacer…

Que si el otoño os pilla patológicamente histéricos, por ejemplo,

  • porque no sabéis cómo sobreviviréis a las prácticas externas obligatorias en horario laboral que tenéis que hacer para acabar las carreras¹,

  • porque no creéis que la empresa que paga vuestras facturas supere la estampida casi-independencia, o
  • porque aquel caballero que os robó el corazón sigue sin dar señales de vida más de un año después (y ya va tocando aceptar que las probabilidades de que os quiera locamente son pelín limitadas…)

Os la merecéis. Confieso que hasta la fecha ninguno de mis inventos ha levantado tanta pasión como esta jugosa tarta de delicioso sabor a canela. De ahí el sobrenombre de soborno otoñal perfecto.

La calabaza tiene un nada desdeñable contenido en hidratos de carbono, así que reservadla para situaciones de estrés extremo, de desamor matador o para cuando vuestra alma gemela os pida matrimonio.

Pero es tan sencilla y el resultado tan sublime que, si la ocasión lo merece, sabed que, para un molde de 20cm de diámetro, caerán:

  • 2 huevos
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • una puntita de bicarbonato
  • 100g de calabaza (cocida al micro en 5 minutejos de ná)
  • una cucharadita de canela
  • una cucharada de aceite de coco (sustituible por mantequilla o aceite de oliva sin problema)
  • edulcorante al gusto (yo le he echado una cucharadita de xylitol)
  • pizquilla de sal
  • almendra picada (o cualquier fruto seco que tengáis, ¡o no!)

Empezad por chafar convenientemente la calabaza cocida con un tenedor (guardad un poquillo para decorar a modo de mosaiquillo) y mezcladla con el resto de ingredientes (claras a punto de nieve).

Verted la mezcla en el molde engrasado y al horno precalentado con ello. Yo lo he tenido una media hora a 180ºC. Creedme, el olor os guiará. Idealmente, desmoldadla enseguida y colocadla sobre una rejilla para que el vapor de agua no “hierva” el bizcocho. Lo queremos húmedo y suave, ¡pero no hervido!

Veréis qué jugosa y exquisita queda. Tanto templada como fría, resulta perfecta para sobornar: las probabilidades de que desarme los corazones más gélidos andan rozando la estratosfera.

  1. Si algún nutricionista o psicólogo colegiado en Barcelona quisiera aceptarme como estudiante en prácticas (lo que se traduce en 150 horas de esclava gratis) sin obligarme a dejar de trabajar durante dos meses, le ofrezco a mi primogénito (si llegase a existir), mi infinita gratitud vinculante de por vida y una de éstas bien grande y jugosa 🙂

Coca tricolor hispanocatalana (o rojo con amarillo siempre da naranja)

Ésta va para los que sabéis que cada día que amanece es un regalo y no encolerizáis por trozos de tela amarilla con más o menos franjas rojas. Si es que tengan dos o tengan cuatro, rojo con amarillo siempre da naranja.

Es una versión de no-pan de lino low carb, pero con una generosa cobertura de deliciosas verduras (huelga decir que su disposición  es fruto de un subconsciente atribulado por la que está cayendo…)

Para un mini-molde de los de 3 canelones, he usado:

  • un huevo
  • una cucharada de semillas de lino molida
  • dos cucharadas de harina de almendra
  • sal y pimienta
  • una puntita de bicarbonato
  • pimientos a discreción

Como siempre, no tenéis más que mezclarlo todo (clara a punto de nieve) y hornear a 180ºC hasta que la superficie se dore y el palillico salga seco.

He aquí mi homenaje particular para quienes, como yo, tengáis cada día más ganas de ser de ambas y de ninguna.

Tartaleta de higos y yogur de oveja bastante low carb

He aquí la escolta perfecta para aventurarse a pedir perdón, amor o dinero. Apuesto mi asignación mensual de tremendo-yogur de oveja Cantero de Letur a que con esta tartaleta conseguiréis desarmar los corazones más duros de roer.

Desde luego mis recelos se esfumarían ante cualquier petición que viniera acompañada de un buen cacho de esta delicia. Así que como una nunca sabe qué le deparará la batalla, más vale prevenir y llamar a la puerta con una de éstas cuando seáis vosotros los que amanezcáis pedigüeños 😬

No la incluyo en la categoría low carb porque el higo tiene una cantidad nada desdeñable de azúcar, pero cabe con holgura en la de bastante low carb o para ocasiones especiales. Para hacerla, necesitáis:

  • masa quebrada low carb edulcorada (yo hoy he sustituido la harina de coco por semillas de lino molidas por motivos de mera disponibilidad con un resultado más que óptimo)
  • yogur de oveja (o el que buenamente prefiráis)
  • casi-mermelada de higos
  • higos frescos

Haced la tartaleta con la masa quebrada y horneadla en un molde enmantequillado. Dejadla enfriar y rellenadla generosamente con la mezcla de yogur y casi-mermelada (¡guardad una cucharada de casi-mermelada para la cobertura!)

Cortad los higos en tajadiñas y colocadlas sobre el yogur. Pintadlos un poquiño con la casi-mermelada que habéis reservado. Alejaos un poco para pillar algo de perspectiva. Respirad hondo y contemplad la belleza de vuestra obra. Sumergíos unos minutos en vuestro síndrome de Stendhal particular. Ay… Así sí.

Guardadlo en la nevera hasta el momento del soborno. Esperad a que lo prueben antes de poneros en plan pedigüeño para maximizar el efecto. No puedo aseguraros que os digan que sí, pero sí que les costará horrores decir que no 😉

Tarta de zanahoria bastante low carb (o qué llevar a ver la aurora boreal)

Esta celebrada versión de tarta de zanahoria va para ti, Dan, gracias.

Corría la víspera del 2 de febrero de 2015 (el que iba a ser mi 34 cumpleaños), en un lugar indeterminado a las afueras de Tromsø, Noruega, a tiro de piedra del polo norte.

Dan Steinbakk, un experto cazador de auroras boreales, nos prestó a mi adorada madre y a mí sendos monos rojos muy poco favorecedores con el fin de que sobreviviéramos algunas horas al invierno polar.

Desde aquí decreto mi amor eterno por este señor: no sólo consiguió que viéramos una aurora asombrosa, también nos mantuvo con vida durante las casi 8 horas que pasamos esperándola a 30º bajo cero. Allí, tiritando junto al fuego, probé (y adoré inmediatamente) su delicioso pastel de zanahoria casero. Era denso, reconfortante, jugoso y tenía un vigorizante sabor a canela.

Ésta es mi versión sin gluten y bastante low carb (básicamente porque la zanahoria en sí no puede llamarse low carb). Si queréis llevarlo a modo de kit de supervivencia a lo que preveáis una noche larga y fría, sabed que para un minimolde de 10cm caen:

  • 1 zanahoria hermosa cocida y chafada
  • 1 huevo
  • 1 cucharada de aceite de coco (se puede sustituir por mantequilla o aceite de oliva)
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • media cucharadita de bicarbonato
  • un pellizco de sal
  • una cucharadita de canela en polvo
  • edulcorante al gusto (yo le echo sólo una cucharadita de café de xylitol o de tagatosa, que la zanahoria ya es muy dulce)

El proceso es el de siempre: mezcladlo todo con cariño (clara a punto de nieve) y hornead a 180ºC hasta que se dore la superficie, se separe el bizcocho de los bordes y/o el palillo salga limpio. Veréis qué aroma invade la cocina… Queda brutal templadito con un buen té 😉

Si vais a Tromsø con la esperanza de contemplar la aurora, no dudéis en acudir a Dan. Si existe la más mínima posibilidad de que la veáis, la veréis. Os prestará el mono rojo de ir a Marte y os encenderá un fuego. Os contará tanto lo que dice la ciencia como las antiguas leyendas saami. Os hará fotos cuando el frío anule la batería de vuestras cámaras (él la lleva en sus calzoncillos). Y os mantendrá satisfechos y con vida a base de crema de verduras picante y un memorable pastel de zanahorias.

Pócima low carb para el desamor o tremendo-yogur de oveja con casi-mermelada de higos

Quien diga que una dieta low carb y un desengaño amoroso épico son incompatibles, no ha probado este prodigio bajo en carbohidratos: untuoso yogur con mermelada low carb. Resulta absolutamente delicioso y dulzón pero con un toque ácido… Os aseguro que aliviará el desamor más lacerante y os hará olvidar el mítico helado con caramelo.

El abanico de versiones de pócima low carb para el desamor es tan amplio como variados los low-carbistas afligidos (y lo que tengan en la nevera cuando la amargura aflore), así que no dudéis en adaptarla convenientemente. Dicho esto, hoy yo he optado por el tremendo-yogur de oveja de Cantero de Letur (un portento de exquisitez en sí mismo) con una cucharada de casi-mermelada de higos low carb.

Como mi porrazo ha sido “nivel defenestración”, además he incluido con toda alevosía unos piñones y un higo extra: un llena-vacíos eficaz y delicioso. No diré que se olvida una del batacazo, pero sí que ayuda mucho a relativizarlo 😉

Desayuno low carb XXXI: Revuelto de espárragos trigueros, cebolleta, semillas y pipas

¡Para los que andáis buscando ideas de desayuno low carb!

Imaginaos rompiendo el ayuno nocturno después de una noche de sueño reparador con un vigorizador café a prueba de balas humeante y un jugoso revuelto con espárragos trigueros… ¡Ñam, ñam!

Imaginaos también que llevarlo a la mesa no os haya supuesto más de 10 minutos de ultra-valioso tiempo mañanero. Asumiendo que duermo sola, no se me ocurre mejor manera de empezar el día 😀

No sólo es un desayuno nutritivo con una burrada de fibra que será convenientemente adorada por vuestra microbiota intestinal, también os aportará cantidades estratosféricas de nutrientes y una energía y bienestar impagables.

Además es fácil a rabiar, la posibilidad de que salga mal es poco menos que inexistente. Por cada desayunador-low-carb a dopar necesitaréis:

  • un par de huevos (idealmente de gallinas felices)
  • una cebolleta
  • un manojillo de espárragos trigueros
  • una cucharada de mezcla de semillas y/o pipas
  • aceite, sal y pimienta

No tenéis más que saltear la cebolleta y los espárragos un par de minutos en un chorrillo de aceite, añadir los huevos batidos salpimentados con la mezcla de semillas y “revolverlo” todo. ¡Y ya! Desayuno low carb extra-fibra-saciante-nutritivo-vitamínico listo y desayunador-low-carb dopado y listo para salir al mundo 🙂