Tarta de calabaza low carb (o el soborno otoñal perfecto)

He aquí mi versión de tarta de calabaza low carb, perfecta para para reconfortar corazones estresados.

Sí, acepto que su puntuación en la escala del low-carbismo roza el “ocasionalmente”, pero está tan deliciosa y es tan fácil de hacer…

Que si el otoño os pilla patológicamente histéricos, por ejemplo,

  • porque no sabéis cómo sobreviviréis a las prácticas externas obligatorias en horario laboral que tenéis que hacer para acabar las carreras¹,

  • porque no creéis que la empresa que paga vuestras facturas supere la estampida casi-independencia, o
  • porque aquel caballero que os robó el corazón sigue sin dar señales de vida más de un año después (y ya va tocando aceptar que las probabilidades de que os quiera locamente son pelín limitadas…)

Os la merecéis. Confieso que hasta la fecha ninguno de mis inventos ha levantado tanta pasión como esta jugosa tarta de delicioso sabor a canela. De ahí el sobrenombre de soborno otoñal perfecto.

La calabaza tiene un nada desdeñable contenido en hidratos de carbono, así que reservadla para situaciones de estrés extremo, de desamor matador o para cuando vuestra alma gemela os pida matrimonio.

Pero es tan sencilla y el resultado tan sublime que, si la ocasión lo merece, sabed que, para un molde de 20cm de diámetro, caerán:

  • 2 huevos
  • 4 cucharadas de almendra molida
  • una puntita de bicarbonato
  • 100g de calabaza (cocida al micro en 5 minutejos de ná)
  • una cucharadita de canela
  • una cucharada de aceite de coco (sustituible por mantequilla o aceite de oliva sin problema)
  • edulcorante al gusto (yo le he echado una cucharadita de xylitol)
  • pizquilla de sal
  • almendra picada (o cualquier fruto seco que tengáis, ¡o no!)

Empezad por chafar convenientemente la calabaza cocida con un tenedor (guardad un poquillo para decorar a modo de mosaiquillo) y mezcladla con el resto de ingredientes (claras a punto de nieve).

Verted la mezcla en el molde engrasado y al horno precalentado con ello. Yo lo he tenido una media hora a 180ºC. Creedme, el olor os guiará. Idealmente, desmoldadla enseguida y colocadla sobre una rejilla para que el vapor de agua no “hierva” el bizcocho. Lo queremos húmedo y suave, ¡pero no hervido!

Veréis qué jugosa y exquisita queda. Tanto templada como fría, resulta perfecta para sobornar: las probabilidades de que desarme los corazones más gélidos andan rozando la estratosfera.

  1. Si algún nutricionista o psicólogo colegiado en Barcelona quisiera aceptarme como estudiante en prácticas (lo que se traduce en 150 horas de esclava gratis) sin obligarme a dejar de trabajar durante dos meses, le ofrezco a mi primogénito (si llegase a existir), mi infinita gratitud vinculante de por vida y una de éstas bien grande y jugosa 🙂

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