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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Canelones de col o «un tiempo muy bien perdido»

21 enero, 2019

Canelones de col o «un tiempo muy bien perdido»

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Parece que todos tenemos mucha prisa. No tenemos tiempo para existir en la cola de la verdulería porque tenemos que ir corriendo a existir en otro sitio.  Perder algo de tiempo debería ser una obligación diaria. Y, si aprovechamos para perderlo bien, ¡casi que mejor!

 

 

De ahí los canelones de col (una versión «canelonizada» de los sarmale rumanos), mi nutritiva propuesta paleo y vegana de hoy: no son rápidos, ni siquiera medio-rápidos, pero opino que el rato que empleéis en hacerlos será un tiempo muy bien perdido 😊

 

 

La idea surgió al mirar con cariño la col que compré para hacer un poco del reconfortante trinxat que tenéis aquí y recordar el maravilloso tupper de crema de puerro que me esperaba fielmente en la nevera. Pensé que quedaría de lujo a modo de «no-bechamel» sobre unos sarmale «canelonizados». ¡Y acerté!

Eso sí, un ratiño en la cocina habrá que echar. Pero a poco que lo disfrutéis la décima parte que yo, valdrá la pena.

 

 

Solo necesitáis unas bellas y verdes hojas de col, el relleno que hayáis decidido destinar a la causa y un vaso alegre de crema de puerro ultra-sencilla (que tenéis aquí). Si os gusta el acabado en modo rejilla, ¡guardaos un pelín del puerro para el gratinado final!

 

 

Obviamente, podéis rellenarlos de lo que buenamente os apetezca o tengáis a mano. Hoy he hecho un relleno de pisto (cebolla, calabacín, berenjena, pimientos y tomates sofritos con un toquecillo de curry), que le va que ni pintado, porque me relaja mucho hacerlo (y hoy tenía mi primer control periódico del cáncer y necesitaba paz espiritual).

 

 

Una vez elegidas las hojas de col, cortadlas por la mitad, quitadles la parte más dura y cocedlas en agua hirviendo unos minutos, hasta que se reblandezcan un pelín (en apenas 10 minutos estarán perfectas para ser «canelonizadas»).

 

 

Escurridlas, rellenadlas con el delicioso pisto, meted los canelones en una fuente apta para horno y cubridlos con un buen chorro de crema de puerros ultra-sencilla-veloz. Veréis que no es necesario ser especialmente habilidoso y que quedan de lo más resultones. Coronadlos con la rejilla de puerro crudo (o con unos pistachos picados, o coco rallado, o lo que sea que se os ocurra) y al horno con ello.

 

 

Al estar todo cocido, el tiempo de horneado no resulta especialmente crítico. Dejadlo hasta que se dore la superficie (o hasta que el hambre apremie).

Veréis qué rico queda… Obviamente es mucho más rápido meter en el microondas una lasaña industrial, ¡pero apuesto a que el tiempo que ganáis no os compensa el que perdéis!

 



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