Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Depresión (o «por qué vuestro intestino os hará felices»)

2 febrero, 2016

Depresión (o «por qué vuestro intestino os hará felices»)

0 Comentarios

DEPRESIÓN… O LA PARADOJA DE PRESCRIBIR MEDICACIÓN PARA TRATAR CUADROS DEPRESIVOS SOMATÓGENOS ACENTUADOS A SU VEZ POR OTRA MEDICACIÓN PREVIA (QUE PODRÍA HABERSE EVITADO CON UN MERO CAMBIO DIETÉTICO)

Si os digo que es posible atajar cuadros de depresión mayor sin medicación, probablemente me tacharéis de iluminada. Y sin embargo, cada día más literatura científica nos conduce a la convicción de que no sólo es posible, sino la mejor opción.

Recién entrada en la pubertad, me diagnosticaron síndrome de ovario poliquístico, un cuadro congénito crónico que afecta e interfiere con todos los sistemas mediados por hormonas sexuales. Entre otros síntomas, provoca esterilidad, acné, hirsutismo, depresión y suele desencadenar en una diabetes tipo II. Por aquel entonces se desconocía qué podía causarlo ni manera alguna de manejarlo y se prescribía una píldora anticonceptiva muy potente que provoca una disminución drástica de los niveles de testosterona favoreciendo los de estrógenos. Los síntomas físicos merman, pero el problema y los efectos secundarios a las píldoras no. Uno de ellos (y cito textualmente su prospecto) es “aparición de depresión grave”.

Por fin, casi 20 años y decenas de médicos más tarde, por pura serendipia, descubrí que el síndrome de ovario poliquístico es un marcador más del síndrome metabólico o resistencia a la insulina (o «la caja de Pandora»). Los últimos estudios demostraban que una dieta que mantuviera estable los niveles de insulina en sangre, baja en azúcares e hidratos de carbono, mejoraba sustancialmente tanto sus síntomas como el estado depresivo asociado. En pocos meses pasé de ser una agorafóbica con ansiedad social ultra medicada a despertar de nuevo a la vida.

 

Yo de niña

 

Aunque soy plenamente consciente del cambio sustancial que ha experimentado mi estado anímico basal y doy por cerrada aquella etapa, no puedo evitar sentir que he perdido unos años preciosos por culpa de un síndrome fisiológico mal tratado. La combinación de antidepresivos, ansiolíticos y anticonceptivos proestrogénicos me convirtió durante años en poco menos que un vegetal emocional, sin que ello repercutiera en una mejora sustancial de mi estado anímico.

A pesar de que mi cuadro particular tuviera un origen orgánico, no creo que se dé la importancia que tiene a la relación que pudiera haber entre los factores que modulan la secreción de neurotransmisores y el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Los médicos tienden a recetar medicación para acallar síntomas, sin prestar especial atención a qué podría estar causándolos, a pesar de existir una larga lista de cuadros que correlacionan o directamente causan depresiones somatógenas.

En el caso particular del trastorno depresivo, la medicación que se suele prescribir interfiere con el sistema neuroendocrino a modo de parche sin solucionar el problema de raíz. Además, muchas de las moléculas prescritas causan habituación y provocan una miríada de efectos secundarios indeseables. El propio prospecto del ubicuo Prozak incluye la ansiedad, el nerviosismo, el insomnio y el intento de suicidio entre sus posibles efectos secundarios.

Por otro lado, los psicólogos se centran en aplicar terapias, manejar emociones y analizar causas ambientales, pero a menudo tienden a no considerar en sus análisis elementos como las deficiencias nutricionales, los efectos de los medicamentos o el origen orgánico como posibles causas de un estado depresivo.

 

Yo, con 36 años

 

Poco a poco creo que esta situación está cambiando, lo que abre un mundo de posibilidades para tratar enfermedades tan limitantes como la depresión: quizás una combinación de terapia psicológica y coaching nutricional y de estilo de vida puedan ayudar en un futuro a atajar el trastorno depresivo de raíz en muchos casos y permitir que sea el propio cuerpo quien module sus neurotransmisores.

Aún queda mucho camino por recorrer, pero cada día se publican estudios que correlacionan aspectos como la microbiota intestinal con el estado de ánimo. Sabemos que cerca del 80% de la serotonina que segregamos se encuentra en el intestino, por lo que no resulta una locura pensar que tal vez cuidándolo podamos ajustar sus niveles sin recurrir a inhibidores de su recaptación.

Aunque la que yo tomé durante 20 años se ha retirado del mercado (precisamente por sus efectos secundarios), sabed que hoy día se sigue prescribiendo la infausta píldora anticonceptiva para acallar (que no curar) los síntomas del síndrome de ovario poliquístico, mientras la condición empeora con cada pico de insulina subsiguiente a la ingente proporción de farináceos que se supone una dieta equilibrada debe aportar.

Ojalá algún día pueda contribuir a luchar contra el uso de esos parches y los años perdidos por fin tengan una razón de ser. Me encantaría poder decirle a esa niña que fui que no desista, que aunque le esperan unos años nefastos, al final su experiencia ayudará a evitar sufrimiento ajeno.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *