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Nutricionista, psicóloga y keto coach apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Moules et no-frites (o «unos mejillones, ¡por Tutatis!»)

26 septiembre, 2018

Moules et no-frites (o «unos mejillones, ¡por Tutatis!»)

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Si os habéis prodigado por tierras belgas, sabréis que, custodiadas por museos de arte flamenco y bombonerías, las acogedoras mesitas de sus terrazas siempre sostienen cervezas de mil colores y platitos de moules et frites, los típicos mejillones al vapor con patatas fritas. Todavía no he conseguido avanzar en mi incansable búsqueda de una cerveza paleo low carb, pero sí puedo aseguraros que la tapa belga por excelencia no la echaréis de menos.

 

 

Y es que, no sé si se lo debo al mítico Astérix, pero, aunque promueva que te hinches a hidratos de carbono sin ningún tipo de consideración, Bélgica me cae bien. Quizás en la lectura reiterada de sus comics a edades tempranas radique también mi particular amor-odio por Italia, el curioso afán por escalar algún día la cara de la esfinge de Giza, mi rotunda desazón ante la laberíntica numeración de las calles británicas y la extraña creencia de que en Suiza te arriesgas a recibir latigazos si pides una fondue.

 

¿Os acordáis? Abraracurcix oye a un romano decir que los belgas son los más valientes. El jefe de la irreductible aldea gala se pone hecho una furia y decide que hay que ir a Bélgica a demostrar que no es verdad. Y, después de rifi-rafes varios, acaban todos tan amigos (belgas y galos, que los romanos aquí siempre pillan), hinchándose a comer.

 

 

Pues el libro incluye un guiño a los míticos moules et frites (el jefe belga coge un mejillón y se pregunta si quedaría bien con patatas fritas). No tiene mucho sentido histórico, que las patatas no se habían siquiera olido en Europa todavía, pero al colosal Astérix se lo perdono 😊

 

mejillones

 

Y, efectivamente, el jefe belga tenía razón: mejillones y patatas fritas maridan estupendamente. Y debo admitir que ofreceros esta versión baja en carbohidratos no ha sido un gran desafío, la verdad, que la estrella del plato ya viene convenientemente low-carbizada de serie. El único mini-reto ha sido el célebre acompañamiento de los mejillones, pero (astutamente) he recurrido a la socorrida coliflor (cuyos truquiños de «no-patata fritación» tenéis aquí).

 

 

Está feo que lo diga yo, pero el resultado es soberbio. Ni rastro de nostalgia de terracita belga os quedará.

Así que si los mejillones aún no forman parte de vuestro recetario habitual, no dudéis en incluirlos sin mayor dilación. Aquí os cuento cómo prepararlos. Para la versión «belguizada», me limito a sofreír una penca de apio y una cebolleta cortaditas antes de echar los mejillones bien limpitos.

 

 

Ya veis qué sencillo es, pero no necesita más.

Puede que no sean jabalíes asados, pero apuesto a que independientemente de los mejillones que llevéis a la mesa y del número de comensales, aunque sean varios cientos (los mejillones), no quedarán más que cáscaras (por Belenos y Tutatis, que diría Obélix).

 



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