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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Mousse de puerro y lombarda (gracias a las musarañas)

27 febrero, 2020

Mousse de puerro y lombarda (gracias a las musarañas)

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Sí, gracias a las musarañas. O mejor, gracias a que andaba yo distraída pensando en ellas cuando me dispuse a echar jengibre en mi bienamada sopa azul de col lombarda… Y ocurrió lo inevitable 🙄

Me pasé tres pueblos, hasta el punto que mi exacerbado perfeccionismo de anfitriona obsesiva me prohibió siquiera plantearme sacar la susodicha sopa a la mesa.

 

mousse de espárragos y lombarda

 

Así que lo que tendría que haberse convertido en una exquisita y alegre sopa bicolor con un toquecillo especiado (como mis idolatradas crema estrella o crema aurora boreal), parecía condenado a convertirse en una humilde y poco festiva crema de puerro… hasta que las mismas musarañas acudieron al rescate.

Benditas ellas, me susurraron una solución: rebajar el supra-potente sabor del jengibre con nata batida… y recuperar la ultra-sápida sopa azul para escopetear el glamour del primer plato de modesta crema de puerro a sabrosa y aparente mousse bicolor 😁

 

 

Y ya veis con qué cucada de vasito medio lila he levantado cejas de asombro y disimulado mis tendencias «filomusarañistas».

Para arreglar el desaguisado y apañar los cuatro vasitos de la foto (que sobran para agasajar a 4 comensales, o 4 y medio tranquilamente), han bastado un plato de crema de puerro (o «la simplicidad es la clave…») y otro de la susodicha crema de col lombarda (suave, soprendente y azul), 100g de nata para montar y dos laminillas de gelatina.

 

 

No calculéis mucha cantidad por comensal, que está riquísima, pero llena una barbaridad.

Y el procedimiento es tan fácil como poner a hidratar la gelatina, disolver una laminilla en cada sopa (en caliente) y dejarlas templar. Yo aprovecharía su «calentura» momentánea para echarles a ambas un pelín más de sal y pimienta (a menos que efectivamente os hayáis pasado tres pueblos con el jengibre también), que luego la nata matará un poquito el sabor de la sopa y ya son muy suaves de inicio.

 

 

Y una vez templadas, no quedará más que añadirles a cada una su par de cucharadas de nata batida (esta sí, bien fría), mezclar con movimientos envolventes y colocarlas en sus vasitos de rigor.

Decoradlas con algo bien sabroso (como unas huevas, alcaparras o tapenade, por ejemplo), que (a menos que también seáis «filomusarañistas» y se os vaya la mano con las especias), les vendrá bien un toque de alegría para contrastar la suavidad de su sabor.

 

 

Dejad asentar los vasitos en la nevera un ratiño y estarán listos para ser alegremente llevados a la mesa con rotundo orgullo ante la sorpresa de la concurrencia, que no sospechará jamás de la oportuna y atinada intervención de las musarañas en la curiosa historia de su glamouroso plato.

 

mousse de espárragos y lombarda

 

Corolario: No os distraigáis mientras echáis jengibre en la sopa si lo que queréis servir es sopa 😀



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