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Nutricionista, psicóloga y keto coach apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Pinchos sobre pan de barra… o barra de pinchos sobre pan

29 abril, 2019

Pinchos sobre pan de barra… o barra de pinchos sobre pan

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Si no puedes ir a Gipuzkoa… haz que Gipuzkoa venga a ti. Idealmente, echando mano del inefable pan de barra (sin gluten low carb) de Keto and Me o «no sé cómo podía vivir antes» y apañando un par de pinchos que ni la mejor barra de Donosti. En apenas una horica (eso sí, hoy habrá que echar un ratillo en la cocina) podréis inaugurar orgullosos vuestra propia barra de pinchos «como está mandao»: sobre pan de barra.

 

keto pan sin gluten low carb
He aquí el pan de barra bajo los pinchos, vedlo en el enlace de arriba, ¡que tenemos descuento!

 

Eso sí, puede que requieran un pelín de tiempo, pero son más que aptos para todos los niveles de pericia culinaria. Y se disfrutan tanto… Para quienes (como yo misma o como mi amado «muso» de la deliciosa tarta de limón – ved abajo la evidencia gráfica) hace lustros que no disfrutamos de un buen pincho de inspiración donostiarra sobre un cacho de pan con corteza crujiente y miga esponjosa, casi lo describiría como un soborno irresistible.

 

Pere, ejerciendo de sufrido conejillo de indias 😀

 

Y solo necesitáis apañar la barra en cuestión, rebanarla y tostarla. Como yo no tengo tostadora (porque nunca tengo pan que tostar), opto por gratinarla un poco por ambos lados en el horno (con un resultado más que óptimo).

Y una vez listo el pan para la barra de pinchos, llega el feliz momento de apañar el pincho para el pan de barra 🤗

 

 

Como ando nostálgica de la bella Gipuzkoa (tanto de su hermosura, como de su inimitable “buen yantar”), hoy he cubierto el susodicho pan con pinchos de inspiración donostiarra. Para empezar, el rotundo y (casi) legendario…

Pincho de bacalao (un poquito) ajoarriero

He aquí una combinación infalible (a la que confieso recurro con asiduidad): el bacalao (más o menos) ajoarriero. Aunque el tradicional lleva solo cebolla, tomate y pimiento, yo suelo echar mano de mi infalible pisto (a menudo mágicamente veloz porque siempre tengo un alijo de tuppers en el congelador) con el toquecillo de curry en polvo de rigor (que nunca sobra un extra de fitoquímicos y le da un je-ne-sais-quoi riquísimo).

 

 

Lo hago en modo «perolo gigante» siempre que se me acaba el último alijo, sofriendo un buen rato a fuego lento cebolla, pimiento rojo y verde, calabacín y berenjena picados hasta que se hace la magia y la mezcla carameliza.

Faltará solo embadurnar las rebanadas tostadas con una ración generosa de pisto y coronarla con un cacho alegre de bacalao frito. Si el plan es impresionar y queréis que quede crujiente, rebozadlo un poquiño con harina de sésamo (o, en su defecto, con harina de garbanzo o de soja). Aunque simplemente a la plancha sobre un hilillo de aceite también resulta un bocado exquisito.

 

 

¡Marchando el primer pincho sobre pan de barra para nuestra barra de pinchos sobre pan!

Vamos a por el segundo, el (este sí) proverbial…

Pincho de anchoa, huevecito (o no) y escalivada

He aquí una de esas combinaciones tradicionales que han sobrevivido al inexorable devenir de los tiempos, básicamente porque está tremenda: la escalivada con anchoa. Es uno de esos bocados sabrosos y perfectos que nutren una «jartá» y no decepcionan.

 

 

Y solo necesitáis la susodicha escalivada, que conseguiréis fácilmente horneando pimientos rojos y berenjenas (aquí también abogo por  aprovechar el rato de horno, hacer cantidades industriales y congelarlas en porciones para vuestros vagos y/o exhaustos yoes del futuro). En una media hora o 40 minutos a 180ºC olerán a gloria y estarán blanditos y a puntito de caramelo. Esperad a que se enfríen, peladlos, cortadlos en tiriñas y aliñadlos.

 

 

No quedará más que cubrir las rebanadicas con mitad y mitad pimiento rojo y berenjena, colocar la anchoílla de rigor y (si fuera humanamente posible) añadir el toque meloso extra del huevecito de codorniz (o no, que un cachillo de huevo duro de gallina queda exquisito igual) cocido y pelado. ¡Y marchando el segundo pincho sobre pan de barra para nuestra barra de pinchos sobre pan!

Admito que supone un ratiño de alegre marujeo, ¡pero ved qué bandejilla más alegre ha quedado!

Lo dicho, puede que un atardecer en el Paseo de la Concha de Donosti no sea reemplazable, pero ya (casi) no echaremos de menos las barras de pinchos donostiarras sobre pan, ni los pinchos donostiarras sobre pan de barra 😊

 



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