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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Solomillo con salsa «todas las setas son comestibles…

9 octubre, 2018

Solomillo con salsa «todas las setas son comestibles…

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… pero algunas solo una vez.» 😀

Hoy he amanecido ciertamente otoñal, quizás porque he tenido que rescatar los calcetines gordos del fondo del cajón y el edredón de encima del armario. Y he aprovechado alevosamente la ocasión como excusa ante mí misma para regalarme un delicioso almuerzo con el que dar la bienvenida a la estación de mis bienamadas e idolatradas setas.

 

 

Y qué mejor para tan digno cometido que una receta de toda la vida que no necesita apaño low-carbizador alguno, porque ya es inherentemente paleo y baja en carbohidratos, además de harto reconfortante y decididamente otoñal: el solomillo de cerdo con salsa de setas.

Además, resulta fácil y eminentemente veloz. El único obstáculo que puede interponerse entre vosotros y el placer de un jugoso solomillo alegremente salseado es precisamente el susodicho solomillo. Y es que, a diferencia de otras carnes (como la ternera para estofado), el solomillo al punto está delicioso, pero si nos distraemos mirando el móvil y se nos va el santo al cielo, queda como una suela de esparto.

 

 

Así que el único requisito para bordar esta receta es iniciar la tarea con la mente liberada de pensamientos diversos con el poder de distraeros y hacer divagar vuestra mente más allá del solomillo… ¡Podréis volver a revolcaros en ellos cuando lo tengáis doradito!

 

 

Si también habéis amanecido otoñales y/o queréis poner a prueba vuestra capacidad de concentración, sabed que, para dos personas (o una persona y un tupper), necesitaréis:

  • un solomillico de cerdo (idealmente, eco)
  • una cebolla hermosa
  • una cucharada de manteca (o un chorrillo de aceite de oliva)
  • setas (a poder ser, de las que pueden comerse más de una vez 😀 – sabed que, a pesar de la auto-excusa del otoño, suelo usar mezclas de setas congeladas y/o deshidratadas alegremente)
  • chorrillo de vino blanco (sustituible por el agua de hidratar las setas)
  • chorrillo de leche de coco (dependerá de cuán suave os guste la salsa, para un solomillo yo suelo echar unos 100ml, como un cuarto de lata)
  • sal, pimienta y pellizquillo de canela (idealmente, de la verdadera que no daña el hígado) o nuez moscada

 

 

Empezad por dorar el solomillo salpimentado a fuego medio con la manteca o el aceite de oliva. Id rodándolo para que se cocine uniformemente y sacadlo cuando esté doradito para que repose. Aquí os diré que en apenas 10 minutos estará. Mejor darle un toquecillo de sartén adicional cuando lo cortéis a que quede ya en modo esparto. Y ya podréis dejar que vuestra mente se regodee en lo que fuera que invada vuestros pensamientos con la conciencia tranquila.

Toca sofreír la cebolla picadita en la misma cazuela y añadir las setas limpias/escurridas/descongeladas cuando esté dorada. Cocinadlas unos minutos, añadid el vino (o el agüilla que ha hidratado las setas) y dejad que se evapore. Llegó el momento de echar la leche de coco junto con la especia de elección y de darle un garbeíllo más.

 

 

Y no queda más que apañar una salsita con ello, salpimentando y triturando (paso que podéis ahorraros alegremente, que en modo «solomillo con setas sin salsear» queda maravilloso también).

Ya veis que la excusa del otoño era eso, una excusa. Si es que, por mucho que «nos pongan» las delicatessen de pitiminí, no hay nada como las recetas de toda la vida para saciar estómagos y calmar mentes inquietas y/u obsesivamente invadidas 😁

 

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