Por fin la antigua «diabetes de la mujer barbuda» y hasta ayer «síndrome de ovario poliquístico» tiene un nombre (igual de feo, pero) mucho más preciso: el flamante…
«Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino»
El viejo SOP gana una «M» crucial y pasa a ser SOMP.
Anteayer salió publicado en The Lancet, una revista de divulgación médica de innegable prestigio (pese a que cuenta en su haber con alguna cosiña que quizás podría revisar un poquitín, como el archifamoso artículo «Dieta EAT-Lancet para la Salud Planetaria» cuya encendida crítica escondí entre las pataletas en prosa de «Huevos contra chía»).
Rencores aparte, hoy no puedo sino vitorear y agradecer a los editores de The Lancet el artículo que pronto nos permitirá poner fin a medio siglo de confusión poliquística.
El viejo SOP ya no es un síndrome ovario-céntrico, sino un síndrome metabólico que (también) afecta a los ovarios (ya lo era antes, pero ahora lo es «oficialmente»). Ya no hay que buscar quistes en los ovarios (en realidad, antes tampoco, pero daba igual).
Dejamos de ser «compis poliquísticas» para convertirnos en «compis poliendocrinas» (un mote que nos encaja mucho más y que pondrá, espero, un poco de orden en el caos diagnóstico del viejo SOP).
No, ni tenemos que tener quistes en los ovarios ni, de hecho, tenemos que ser estériles, calvas o barbudas. Pero sí compartimos ciertos cacaos hormonales y retos metabólicos que por fin pesarán más que la presencia de quistes en los ovarios. Los tienes explicados con mucho cariño en la tercera edición (homenaje a este cambio de nombre) de «Las ocho caras del SOP», el libro que publiqué hace un lustro en el que ya lo adelantaba (lo único que me faltó fue adivinar el nuevo nombre).
Puedes hacerte con tu ejemplar en papel en la librería o leerlo gratis en el enlace de abajo.
