Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

La dieta cetogénica (un héroe acusado de villano)

12 mayo, 2017

La dieta cetogénica (un héroe acusado de villano)

2 Comentarios

Si habéis llegado hasta aquí, apuesto a que ya sabéis en qué consiste la dieta cetogénica (y no os halláis entre sus detractores), pero, por si acaso esta entrada alcanzase a algún rezagado, voy a romper la enésima lanza a su favor.

Os ruego que no abandonéis la página si padecéis cáncer, diabetes (o su cuadro predecesor, la resistencia a la Insulina o «la Caja de Pandora»), síndrome de ovario poliquístico, alzhéimer, depresiónepilepsia. No tenéis nada que perder, pero sí mucho que ganar.

 

Un poquito de historia

La llamada «dieta cetogénica» (o, más bien, su denominación) nació en los años veinte del siglo pasado,  cuando se comprobó que el ayuno tenía propiedades antiepilépticas y que este tipo de dieta tenía la capacidad de imitar su estado metabólico y de reducir drásticamente la incidencia de convulsiones y ataques.

Esta dieta fue la terapia de elección hasta que en 1938 entró en escena la fenitoína, un anticonvulsivante (no exento, como el resto de medicamentos, de efectos secundarios adversos). A día de hoy, esta dieta se sigue recomendando siempre que la terapia farmacológica no resulta efectiva. Sí, habéis leído bien: si no funcionan los medicamentos, se introduce la opción de implementar meros cambios dietéticos sin efectos secundarios. No voy a entrar a valorar qué intereses creados pueden mediar, pero no dudéis de que los hay.

¿Y por qué se llama «dieta cetogénica»?  Simple y llanamente porque potencia que el cuerpo entre en cetosis.

 

aceite de coco dieta cetogénica

 

¿Y qué es la cetosis?

Es un estado metabólico similar al del ayuno, que podemos lograr sin pasar hambre a través de una dieta alta en grasa, moderada en proteínas y muy baja en hidratos de carbono (la susodicha dieta cetogénica).

Sabéis que cuando consumís alimentos de alta carga glucémica (básicamente carbohidratos de rápida absorción, como los dulces y los derivados de cereales refinados o féculas, léase pan, pasta, patatas, maíz y arroz), vuestro páncreas segrega insulina en modo avalancha. Esta hormona tiene un cometido crucial. Viene a ser la llave bioquímica que permite que las células capten la ingente cantidad de glucosa que inunda la sangre tras su ingesta, para ser usada como combustible o para su almacenamiento en forma de grasa. Los niveles altos de glucosa en sangre son tóxicos y potencialmente mortales, así que el páncreas no duda en anegar nuestro sistema con insulina cuando detecta que la glucemia (el nivel de glucosa sanguíneo) está en peligro de descontrolarse.

Sin embargo, cuando mantenemos los niveles de insulina lo suficientemente bajos (evitando la ingesta de alimentos que obliguen al páncreas a segregarla en modo inundación), empieza el reinado de otra hormona pancreática: el glucagón. Entre otros dignos cometidos, es la encargada de darle al hígado el pistoletazo de salida para la llamada cetogénesis.  Vamos, que le hace saber que debe sintetizar los cuerpos cetónicos (a partir de la grasa que tenemos convenientemente almacenada) que sustituirán a la glucosa como combustible celular.

 

mantequilla dieta cetogénica

 

A pesar de que hayamos oído que el cerebro necesita glucosa para funcionar (y los nutricionistas se aseguren de pautarnos dietas con un mínimo de 100g al día), lo cierto es que le sienta estupendamente sustituirla en parte por cuerpos cetónicos (cuya combustión causa menos sustancias de desecho que la glucosa). Así, la cetosis no solo aumenta nuestro rendimiento energético (y nos hace olvidar los estados de hambre canina y de sopor subsiguiente a la ingesta indiscriminada de glucosa), sino que también minimiza el estrés oxidativo que resulta de su metabolismo.

Sabed que, incluso en el paradigma médico imperante, este estrés oxidativo (que básicamente es consecuencia del acúmulo de radicales libres en los tejidos, que nos oxidan y envejecen a nivel celular) se ha asociado reiteradamente con la incidencia y progresión de enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas el cáncer, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular. A pesar de que las pirámides alimentarias recomienden hincharse a pan y pasta, podéis estar seguros de que utilizar un combustible cuyo metabolismo causa menos radicales libres, de hecho, es más que recomendable.

 

¿Y por qué he oído que la cetosis es peligrosa?

Entonces, si los cuerpos cetónicos son un combustible más limpio, que nos ahorra los altibajos asociados al consumo masivo de carbohidratos (el hambre voraz pre-ingesta seguida del subidón de azúcar y del bajón final)… ¿Por qué los médicos y nutricionistas no la recomiendan?

 

aguacate dieta cetogénica

 

Muy fácil, por su fama de villana. La cetosis metabólica (una condición perfectamente sostenible con un estado óptimo de salud) a menudo se confunde con la cetoacidosis: un cuadro médico potencialmente mortal que pueden sufrir los diabéticos tipo 1 (aquellos cuyos páncreas no tiene la capacidad de segregar insulina).  La diferencia, sin embargo, es notable. Si bien ambas muestran concentraciones séricas considerables de cuerpos cetónicos, en la cetoacidosis diabética son de un orden de magnitud mayor. Es físicamente imposible que una persona cuyo páncreas no haya perdido la capacidad de segregar insulina sufra este cuadro. Y, sin embargo, la cetosis arrastra su mala fama. Es como comparar una alegre brisa de primavera con un huracán.

También puede que hayáis oído que los riñones y el hígado sufren porque las dietas cetogénicas aportan demasiadas proteínas y grasas insanas. Tal como diría Steve Phinney, si la dieta está bien formulada, esa apreciación no es correcta en absoluto. Una dieta cetogénica puede ser una bomba de vitaminas, fibra y minerales esenciales que, no solo se ha demostrado eficaz para tratar la epilepsia o la diabetes tipo 2 (y sus cuadros predecesores, como el síndrome metabólico y de ovario poliquístico), sino que está siendo utilizada (con éxito) en terapias no invasivas contra el cáncer, la epilepsia y el alzhéimer. Solo por eso, bien merece que ahondemos un poco más en los hechos antes de condenarla.

 

Los combatientes de cáncer, por favor, ved aquí un menú semanal cetogénico para ayudaros en la lucha.



2 pensamientos sobre “La dieta cetogénica (un héroe acusado de villano)”

    • Hola Carlos!

      Sí, soy consciente de que el Sr. Basulto no comparte esta visión de la dieta (aunque te diré que a pesar de su prestigio, en mi humilde opinión debería renovar un poco su bibliografía). Tampoco estará de acuerdo con la entrada sobre la «no-ciencia» que se oculta tras las famosas pirámides alimentarias por las que él sí aboga (que resumo aquí) y sus fuentes de financiación (que cuento aquí) y dirá que soy una conspiranoica peligrosa porque la grasa saturada provoca ataques al corazón (cosa que a día de hoy está más que refutada)… Y aprovecho para añadir que parece creer que la proteína texturizada de soja es el adalid de la salud, que hace apenas unos años negaba rotunda y públicamente que la dieta pudiera influir en el cáncer y el año pasado publicó un libro diciendo precisamente lo contrario.

      Lo siento, pero afortunadamente las cosas están cambiando, así que no puedo estar de acuerdo con muchas de sus tesis.

      Un abrazo,
      Inés

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