Blog de nutrición y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Dieta hospitalaria (o “cómo boicotear tu sistema inmune”)

14 julio, 2018

Dieta hospitalaria (o “cómo boicotear tu sistema inmune”)

8 Comentarios

Bueno, después de la peor semana de mi vida (confieso que el cáncer fue un juego de niños en comparación), me veo obligada a desenterrar el hacha de guerra en la vieja contienda contra la deplorable dieta hospitalaria.

La (llamémosle cariñosamente) “aventura”, comenzó con 3 días de dieta absoluta (prescrita ante la muy probable inminencia de una intervención quirúrgica), que consiste básicamente en no comer y no beber nada (ni agua, vamos). Hasta aquí, conforme.

 

La autora en el hospital con su bata y su chute de glucosa en vena
Cuando el periplo llegaba a su fin

 

Sabed que he ayunado en varias ocasiones desde que descubrí la dieta cetogénica y me resulta perfectamente tolerable. Dicho esto, os aseguro que el ayuno acompañado de chutes intermitentes de glucosa en vena es una auténtica tortura. Han sido seis días de suero salino con glucosa (tres de ellos acompañados de escasa dieta líquida) en los que he pasado un hambre atroz para acabar hinchada, con lecturas de glucemia estratosféricas y rotundamente desnutrida.

Imploro que alguien me explique por qué, justo en el momento de saltar al ruedo a luchar por nuestra vida, restringimos el suministro de las materias primas que nuestro sistema inmune necesita para ejercer su cometido al máximo rendimiento. Me pregunto qué costaría incluir una buena dosis de vitaminas A, B, C y E (como mínimo) al suero fisiológico básico. Podría marcar la diferencia.

 

Leche con azúcar y zumo industrial

 

Y, puestos a pedir, opino que quizás deberíamos reconsiderar los protocolos que dictan la necesidad de inundar la sangre de los pacientes de azúcar (incluso cuando estos presentan insulinorresistencia, lo que inevitablemente contribuye a abrir la caja de Pandora) mientras se permite que agoten inexorablemente sus reservas de micronutrientes.

En cuanto a los tres días de dieta líquida… El caldo del almuerzo y la cena me supo a pura ambrosía. Dicho esto, debo añadir que entiendo que las opciones son limitadas, máxime en un hospital, pero me resisto a creer que el único desayuno con un mínimo de nutrición que se contempla sean los zumos industriales y la leche (con sobrecillo de azúcar opcional), que obviamente no probé. No soy anti-leche-jamás, pero desde luego no considero que sea una gran elección cuando alguien se encuentra sumido en un estado inflamatorio agudo (y con la proteína C reactiva a unos alarmantes 30 mg/L, tres veces el baremo superior máximo de normalidad).

 

Caldo del almuerzo y la cena de la dieta hospitalaria líquida

 

Me enerva que no utilicemos el enorme potencial de la nutrición a nuestro favor y que encima nos hagamos el flaco favor de arrojar desorden al caos alimentando a los pacientes con azúcar, aditivos varios y proteínas proinflamatorias. No sólo les obligamos a saltar a la arena desarmados y a pecho descubierto, sino que encima les asestamos un par de estocadas previas a la batalla. Es un completo sinsentido.

Y ya el súmmum de los horrores es la dieta hospitalaria “normal”. Confieso que había olvidado la magnitud de la tragedia (que ya sufrí en mis anteriores intervenciones meses atrás). Tras la segunda cirugía y después de 5 días sin ingerir sólido alguno, se me permitió comer. No entraré a valorar sabores o texturas, me limitaré a poner en duda la nutrición de los casi happy meals” del MacDonalds con que se alimenta a los pacientes. ¿Tan difícil es añadir al menú un poquito de sustento nutritivo y sustituir el plástico en almíbar por fruta que haya visto el sol? ¿No compensa el saber que se está alimentando a los luchadores cuando más lo necesitan por el coste de utilizar comida fresca aunque perecedera ni que sea en una mínima proporción?

 

Desayuno de dieta hospitalaria a base de tostaditas industriales y pera en almíbar

 

Os diré que a pesar de que entiendo que entre las prioridades de un hospital no se cuenta la restauración, sí creo que debería primar la salud de los pacientes sobre la mera supervivencia. El desayuno era un pastelito o unas tostadas industriales, fruta en almíbar y/o procesados variados de los que no caducan. Al verlo, podía oír a mi aguerrido mTOR echándose las manos a la cabeza de incredulidad.

Yo he tenido la inmensa suerte de haber estado ingresada solo una semana y de contar con el contrabando que mi adorada madre me hacía llegar. Imaginad los pobres pacientes que no son conscientes del poder de un óptimo estado nutricional y cuyos visitantes optan por colar bombones en lugar de pistachos, moras, frambuesas y un plátano (que merecidamente me regalé) 😊.

 

Desayuno a base de plátano, yogur, bayas y pistachos

 

Me apena soberanamente que no utilicemos el formidable poder de la alimentación como coadyuvante en los tratamientos médicos. No pretendo en absoluto que la nutrición arrincone a las terapias farmacológicas (fui muy feliz de poder entrar a quirófano convenientemente drogada), pero sí aspiro a que algún día la ascendamos al lugar que merece. Y es que cuando toca saltar al ruedo, ¡toda ayuda es poca!

Así que si tenéis a un ser querido hospitalizado y queréis llevarle algo de contrabando, sabed que le ayudará mucho más una cesta de fruta-no-de-plástico, una tortilla campesina hermosa o un buen tupper de estofado casero que la socorrida caja de bombones. ¡Al menos no añadirán más leña al fuego!



8 pensamientos sobre “Dieta hospitalaria (o “cómo boicotear tu sistema inmune”)”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *