Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Resistencia a la insulina (o «la caja de Pandora»)

13 septiembre, 2018

Resistencia a la insulina (o «la caja de Pandora»)

6 Comentarios

¿Conocéis el mito griego que explica el origen de todos los males del mundo? Es la historia que narra como Pandora (una bella doncella creada por Hefesto) no puede resistir la tentación de comprobar qué contiene la caja que Zeus le confía al mandarla a la Tierra. Y, al abrirla, irremisiblemente libera a la vejez, la enfermedad, el dolor, la envidia, la pena y la injusticia, entre otras lindezas hasta entonces desconocidas.

Pues, trasladando el mito a nuestra salud en general (y metabólica en particular), la insulina encarnaría a Pandora… y la resistencia a la misma, a su particular caja, con la salvedad de que muchos de nuestros males sí pueden volver a ser confinados en ella.

 

Pero, ¿qué es la insulina?

A todos nos suena que los diabéticos deben inyectarse insulina para controlar su glucemia (los niveles de glucosa en sangre). La función principal de esta hormona de importancia cabal segregada por el páncreas es asegurarse de que los niveles de glucosa en sangre no se disparan.

Cada vez que comemos (en especial cuando elegimos alimentos ricos en hidratos de carbono, como los dulces, los cereales o las féculas), un tsunami de glucosa, procedente de su digestión, inunda el torrente sanguíneo. Los niveles altos de glucosa en sangre son tóxicos, así que el páncreas no se anda con miramientos: cuanta más glucosa detecta, más insulina segrega.

 

 

Para ejercer su cometido y «limpiar» la sangre del exceso de glucosa, la insulina actúa a modo de llave bioquímica. Cuando se une a sus receptores, que se hallan en la membrana de gran parte de las células de nuestro cuerpo, promueve la apertura de los canales de glucosa adyacentes, permitiendo que esta acceda al interior, donde será usada como combustible o almacenada en forma de grasa.

 

Hasta aquí, vale. Ahora, ¿qué es la resistencia a la insulina?

Ser resistente a la insulina es como volverse sordo a una bella melodía por haber estado expuesto durante años al sonido atronador de un taladro industrial. Mientras la cerradura se mantenga bien lubricada, la insulina girará su llave plácidamente y la puerta se abrirá. Así, la glucosa podrá entrar en la célula y la glucemia permanecerá dentro de su rango óptimo. Pero imaginad que, día tras día, año tras año, la cerradura va endureciéndose, de modo que cada vez son necesarias más manos para girar la llave.

Así surge la sordera: conforme los receptores insulínicos se vuelven paulatinamente sordos (o «resistentes»), las células dejan de detectar (u «oír») a la insulina, por lo que no abren los canales de glucosa, que sigue campando a sus anchas por el torrente sanguíneo y mandando señales al páncreas para que segregue más insulina que lo «limpie».

 

 

Esta situación obliga a las células beta pancreáticas a trabajar a destajo, segregando más y más insulina, para añadir manos a las llaves que intentan abrir las cerraduras, lo que a su vez hace rodar con más fuerza la bola de nieve que causó la sordera en primer lugar.

Al final, si seguimos inundando nuestra sangre con tsunamis de glucosa 5 veces al día, nosotros nos vemos sumidos en un estado perpetuo de hiperglucemia e hiperinsulinemia simultáneas y nuestro páncreas al borde del colapso. Es decir, los niveles de glucosa potencialmente tóxicos conviven con unos niveles elevadísimos (pero poco efectivos) de insulina. Es la llamada insulinorresistencia o prediabetes.

 

Y eso, ¿por qué ocurre?

Las causas que contribuyen a que desarrollemos resistencia a la insulina son múltiples y muy diversas (y a menudo es cuando varias aúnan esfuerzos que la condición empeora). Las principales son los desequilibrios hormonales (si tienes reglas irregulares, problemas para concebir y/o hirsutismo, un probable síndrome de ovario poliquístico aumentaría significativamente tu riesgo) y la predisposición genética (si el alzhéimer, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica, la obesidad, la apnea del sueño o el propio síndrome de ovario poliquístico son viejos conocidos de la familia, tu número de papeletas aumenta considerablemente).

Genes y desequilibrios aparte, existen factores ambientales que contribuyen a que el páncreas acabe por perder la batalla sobre los que sí tenemos control, como el tabaco, el estrés crónico, la exposición a tóxicos, la falta de sueño, la disbiosis intestinal, las intolerancias alimentarias, algunos medicamentos (como las estatinas para regular la colesterolemia, los antipsicóticos, los antihipertensivos y los antibióticos), la inflamación crónica y las dietas con alta carga glucémica (o excesivamente altas en hidratos de carbono).

 

Acanthosis nigricans (Imagen cortesía de Madhero88 [CC BY-SA 3.0])

 

Si tienes hígado grasobarriga cerveceraacanthosis nigricans (esas manchas aterciopeladas en axilas, ingles o nuca) o si has combatido al cáncerpuedes apostar a que YA eres insulinorresistente.

 

Pero yo no tengo nada de eso, ¿qué tiene que ver conmigo?

Tal como demostró el gran Dr. Joseph Kraft con sus 14.384 ensayos («Diabetes Epidemic & You», 2008), la resistencia a la insulina es la condición más prevalente y menos diagnosticada a la que se enfrenta la sociedad actual (y la última responsable de una miríada de condiciones crónicas). Los análisis habituales miden únicamente la glucemia (sin contrastarla a su vez con la insulinemia). Así que, en la mayoría de los casos, aunque tengamos una insulinorresistencia galopante, se nos mandará a casa con una copia de la famosa pirámide alimentaria que recomienda basar la dieta en pan, patatas, pasta y arroz.

Así que, muy a mi pesar y aunque tu nivel de glucosa en ayunas sea envidiable, las probabilidades de que efectivamente tu sensibilidad insulínica haya empezado su declive son altas. Y, si ya hace veinte años que tienes derecho a voto, más (se estima que 4 de cada 5 personas a partir de los 40 han iniciado ya el proceso).

 

Pandora [J. W. Waterhouse (1896)]

 

Independientemente de que, además, probablemente irás acomodando un progresivo sobrepeso, cualquier órgano en el que desarrolles resistencia a la insulina acabará por manifestar su propia enfermedad metabólica crónica. Si es el hígado, terminarás con una insidiosa diabetes tipo 2. Si son los riñones, te tocará padecer enfermedad renal crónica. Y, si es el cerebro, el tiempo te abocará al alzhéimer (ya conocido como diabetes tipo 3).

Pero el conocimiento es poder… y la previsión nuestra mejor arma.

Comprender y aprender a esquivar los estragos que puede provocar una potencial resistencia a la insulina nos permite ser optimistas. Podemos eludir estas sombrías enfermedades crónicas (a las que añado el cáncer, cuyo progreso depende en parte de que la insulina active a mTOR), manteniéndola a raya. Y solo tenemos que dormir bien, dominar nuestro estrés (en lugar de permitir que este nos someta a nosotros), hacer algo de ejercicio y relegar los alimentos de alto índice glucémico a las celebraciones y las fiestas de guardar.

Y es que los genes no son una condena vitalicia.

Sabed que, aunque aterrada, Pandora pudo finalmente cerrar la caja. Y dentro, a buen recaudo, quedó la esperanza.



6 pensamientos sobre “Resistencia a la insulina (o «la caja de Pandora»)”

  • Hola, me encanta lo bien que explicas este problema que al principio me resultaba bastante complejo. Te felicito por todos los logros que esta dieta te ha aportado.
    Yo después de 6 semanas de seguirla a rajatabla para perder peso me he empezado a sentir fatal y tengo lo que comentas, prediabetes. No entiendo que antes no tuviera ningún síntoma y ahora que mis consumo máximo 20 grs de hidratos al día me siento a morir, mareos, hambre, dolor fe cabeza. Después de 6 semanas ya tendría que estar adaptado mi cuerpo. Desde luego me niego a volver a la dieta de antes aunque el médico me diga que esta no es buena. Desde tu experiencia me podías decir si pueedo continuar haciéndola?
    Muchas gracias

    • Hola Lola!!
      Pues se me ocurre que podrías estar liberando toxinas que tuvieras almacenadas en las células grasas (lo que sin duda te haría sentir fatal más allá de la famosa «keto flu»), pero necesitaría más información. ¿Tienes algún problema de salud (en el hígado, los riñones, los órganos endocrinos,…)? ¿Me dices cuánto pesabas y cuánto has perdido? ¿Tomas medicación? ¿Haces ejercicio? ¿Duermes bien? ¿Te encuentras en un periodo especialmente estresante de tu vida? También necesitaría saber qué comes. ¿Me mandarías un recuerdo dietético con las cantidades aproximadas y el tipo de ingredientes (si son eco, si te sientan bien,…) de todo lo que comes en un día (o mejor dos)?
      Y lo miramos a ver, que todos somos diferentes y no queremos que la dieta te siente mal! (Quizás te resulte más cómodo mandármelo a ines@lowcarb.es).
      Ánimo y un abrazo!

  • Hola! Antes de nada muchísimas gracias por compartir tanto, me encanta tu blog.
    Leyendo este post, me hacía una pregunta, si las personas con diabetes tipo 2 tienen ese problema de que la insulina que su páncreas secreta no consigue hacer que las células la capten y siga paseándose por el torrente sanguíneo tanto el azúcar como la insulina, por qué hay que suministrar más insulina?
    Muchas gracias por adelantado por tu ayuda.

    • Hola Nuria!! Gracias a ti por leerme!!
      Pues… Mira, imagina a una abuela que empieza a estar dura de oído y que cada vez necesita que aporreen la puerta con más fuerza o no lo oye. Y llega un día en el que por mucho que llamen a la puerta a cañonazos ella no se entera y no abre. Habrá que avisar a los bomberos para que abran y ver que la mujer está haciendo calceta tranquilamente (pero sorda como una tapia). Pues algo así ocurre con la diabetes tipo 2. Las células se pasan décadas volviéndose paulatinamente sordas, por lo que cada vez necesitan que aporreen su puerta con más fuerza (y que el páncreas secrete más y más insulina). Pero sí puede llegar un momento en el que el pobre se colapsa y deja de sintetizarla. Ahí sí hay que llamar a los bomberos y aportar insulina exógena (igual que en la diabetes tipo 1, en la que el páncreas no tiene la capacidad de sintetizarla). Hasta ese momento, se usan (idealmente) dietas terapéuticas que requieran una respuesta insulínica mínima (bajas en carbohidratos) y fármacos que aumentan la sensibilidad insulínica (que sería como ponerle un audífono a la buena mujer). El problema es que a día de hoy apenas se mide la insulina en sangre: los análisis de rutina miden la glucosa y la hemoglobina glicosilada (que es básicamente lo mismo). No las contrastan con la insulina (que sería lo suyo, para saber cuánta insulina se necesita para metabolizarla). Así que con los análisis de rutina no podemos saber que a la lectura altísima de glucosa le acompaña otra estratosférica de insulina. Y hay quien se limita a creer que falta insulina (porque si hubiera suficiente no habría tanta glucosa en la sangre) y a recetar más (que sería como ir a buscar a tu amigo «el cachas» para que aporree la puerta contigo). Y, como bien dices, administrar insulina a insulinorresistentes para que puedan metabolizar las dietas repletas de azúcares que nos recomiendan (porque creen que la grasa obstruye las arterias y nos condena a morir de un ataque al corazón) es un completo sinsentido, pero… ¿sabes? En Reino Unido las dietas low carb ya forman parte del tratamiento de rutina de las diabetes tipo 2. Poco a poco, Nuria, poco a poco!!

      Un abrazo!!!

      Inés

  • Hola Inés!! que guay encontrarte!! Tengo 37 años y desde hace aprox 2 años tengo prediabetes. He descuebierto la dieta keto hace poco. Estoy en la 3º semana. A los 3 días de empezarlapasé un terrible gripe keto que me duró una semana y ahora me encuentro genial. No se cómo resistí!!!
    Mi pregunta es….podría revertir la pre diabetes con la alimentacion keto y con ejercicio? Algun dia podré volver a tomarme una cervecita sin miedo a que me suba el azucar???
    Gracias por tu estupenda web/instagram. A tus pies!!!!

    • Hola María José!!

      Qué guay que hayas descubierto la dieta keto a tiempo!! Y la feliz respuesta es sí 😀 El azúcar sí te subirá, pero si «esa cervecita» se limita a «esa cervecita» y es «de vez en cuando», tu organismo podrá lidiar con ello tranquilamente. Es como un vaso de agua que se va llenando con un grifo que gotea y vaciando con un agujerillo en el fondo. Mientras te portas bien, tu vaso se va vaciando progresivamente y eso te permite abrir el grifo un momentico y que puedas darte un garbeíllo ocasional por el mundo «no-keto». Además, como sabes, esto no es una dieta temporal, es un modo de vida. Así que tienes que sentirte cómoda y feliz con él.
      Sí te recomiendo que no dejes el grifo abierto una semana, que luego tendrás que volver a pasar la gripe keto y no compensa.

      Bienvenida y ánimo!!!

      Un abrazo,

      Inés

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