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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Cumarina (o “muerte por canela”)

26 septiembre, 2018

Cumarina (o “muerte por canela”)

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Apuesto a que, si habéis llegado hasta aquí, no seré yo quien os descubra las excelsas bondades de la canela. Se le atribuyen una retahíla infinita de propiedades poco menos que portentosas, pero… no es oro todo lo que reluce.

Y no, no soy una fanática anti-canela. De hecho, la adoro y recomiendo con tesón, pero el prospecto de esta exquisita especia tiene una “letra pequeña” que conviene conocer.

Primero, concedamos la palabra al abogado de la defensa.

 

La canela y sus virtudes (o “la letra grande”)

La aromática corteza del canelo fue, junto a la pimienta y el cardamomo, uno de los tesoros que promovieron el nacimiento de la famosa ruta de las especias, hace ya casi 5.000 años.

En el antiguo Egipto, la preciada canela se utilizaba para embalsamar. Griegos y romanos clásicos recurrían a ella para mejorar su digestión. Y tanto la medicina tradicional china como el ayurveda indio llevan usándola durante milenios como tratamiento para mejorar una plétora de condiciones, especialmente digestivas y respiratorias.

Y no es para menos. Además de ser antioxidante, antiinflamatoria, antidiabética, anticancerosa y promotora de la salud cardiovascular en general, también se ha demostrado un contundente coadyuvante en la lucha contra algunos trastornos neurológicos, como el alzhéimer.

 

 

Aunque entiendo que, leído así de carrerilla, pueda despertar suspicacias, todas esas cualidades podrían reducirse a una (profusamente evidenciada por la ciencia contemporánea): la habilidad de la canela para regular los niveles de glucosa en sangre y mejorar la resistencia a la insulina (la caja de Pandora de las enfermedades crónicas no transmisibles).

Gracias a su contenido en proantocianidinas (unos polifenoles antioxidantes que inhiben la digestión enzimática de los azúcares), la canela reduce su absorción y, consecuentemente, los niveles de glucosa en sangre. Teniendo en cuenta que las enfermedades crónicas a menudo tienen su origen en un bucle en el que la resistencia a la insulina, la inflamación sistémica y el estrés oxidativo se retroalimentan mutuamente, no sorprende que la acción hipoglucemiante de la canela pueda activar una suerte de dominó saludable que termine por reducir nuestro riesgo de padecer dichas enfermedades crónicas (léase cáncer, patología cardiovascular, diabetes tipo 2 y alzhéimer, ya rebautizado como “diabetes tipo 3”).

Y la ciencia (no la tradición ayurvédica, ni el Wu Xing chino, ni el señor de “la botica de la abuela”, sino la investigación biomédica más puntera) ha registrado mejorías notables en personas sanas, prediabéticas y diabéticas, con consumos de un gramo de canela al día (apenas una puntica de cucharadita).

 

 

Ahora, convencidos como estaremos de lo recomendable de incluir esta portentosa especia en nuestra dieta habitual, antes de emitir un veredicto (o de correr a comprarla), concedamos la palabra al fiscal.

 

Canela, canela y cumarina (o “la letra pequeña”)

La cumarina es un anticoagulante naturalmente presente en algunos representantes del mundo vegetal, como el haba de tonka (de cuya voz francesa, coumarou, deriva su nombre). Y tiene la particularidad de ser hepatotóxico (o que espachurra el hígado) y potencialmente letal.

Y resulta que la canela la contiene “a puñaos”. De hecho, en Dinamarca se lió parda cuando la Unión Europea estableció un límite diario admisible de 0,1 mg de cumarina/kg peso/día (básicamente porque automáticamente etiquetó sus famosos bollitos de canela como hepatotóxicos).

Y es que no toda la canela es canela (o “sí, pero no”)

La canela que podemos comprar en el supermercado (y con la que los panaderos daneses untan sus bollitos) es de la variedad cassia (Cinnamomum cassia) y proviene generalmente de China, Indochina y Sri Lanka. Resulta deliciosa y más que deseable como complemento para guisos y postres, pero de manera ocasional. Y es que la cassia puede contener hasta un 1% de cumarina, así que con apenas media cucharadita de canela en polvo nos metemos entre pecho y espalda más del triple del máximo diario recomendado para un adulto de 60Kg.

Entonces… ¿qué hay que hacer? ¿Tomamos un gramo diario de canela para mejorar nuestra glucemia pero a cambio de cargarnos el hígado? Pues sí, pero no.

 

 

Canela verdadera o canela de Ceylán

La canela verdadera (Cinnamomum verum) o canela de Ceylán es una variedad más dulzona y sin el regusto astringente de la cassia. No la encontraréis en supermercados, ni en los bollitos daneses, pero sí en tiendas especializadas y en el superpoderoso Amazon. Aunque es pelín más cara, aporta todos los beneficios de la canela, sin incluir el daño hepático en el pack. Y es que la cassia contiene 63 veces más cumarina que la canela de Ceylán. 

Así que sí, incluid la exquisita y portentosa canela en vuestra dieta diaria para contribuir a mantener bien cerrada la caja de Pandora, ¡pero que sea la verdadera!



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