Blog de nutrición y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Apaciguando al síndrome de ovario poliquístico

24 septiembre, 2018

Apaciguando al síndrome de ovario poliquístico

4 Comentarios

Hace ya 2.500 años que Hipócrates, el último responsable del célebre juramento que deben realizar los médicos (por el que consagran su vida al servicio de la humanidad), señaló la existencia del síndrome de ovario poliquístico. No lo llamó así, ni supo que a menudo iba efectivamente acompañado de quistes en los ovarios, pero sí se fijó en que algunas mujeres con problemas para concebir tenían tendencia al sobrepeso y con frecuencia presentaban rasgos andrógenos.

Así que, por una vez, no podemos culpar de su existencia a los tóxicos ambientales ni a los disruptores endocrinos que hoy saturan nuestros sistemas. De hecho, la prevalencia del SOP es significativamente consistente en las distintas etnias, lo que sugiere que es un rasgo evolutivo muy antiguo que existía ya cuando los primeros grupos humanos se aventuraron fuera de África.

En 1935 (cuando, por cierto, la terapia recomendada era la extirpación quirúrgica de porciones de los ovarios), se le bautizó como síndrome de Stein-Leventhal. Pero no sería hasta la década de los 80 cuando, gracias a su amplia prevalencia, empezó a llamar la atención y tomó el nombre con el que lo conocemos hoy.

 

Ovario normal vs ovario poliquístico [Imagen cortesía de Bruce Blaus (CC BY-SA 4.0)]

 

Y es que el SOP es una de las endocrinopatías más comunes entre mujeres en edad reproductiva, estimada en una proporción cercana al 10%. Si hacéis cuentas, veréis que, solo en España, sumamos casi dos millones y medio de mujeres, diagnosticadas o no (lo cual no deja de ser una barbaridad). Y no puedo dejar de preguntarme cuántas de ellas desgraciadamente seguirán tomando la infausta píldora anticonceptiva (y arriesgándose a sufrir sus nefastos efectos secundarios – léase cáncer y depresión, entre otras lindezas) porque no sabrán que meras adaptaciones dietéticas pueden contribuir (mucho) a atajar sus síntomas.

 

Así, es antiguo y muy común, pero, ¿qué es?

Precisamente, la característica que entorpece su valoración es que es una condición difícil de categorizar. Se manifiesta con tres signos bien diferenciados, que pueden converger o no, dando origen a hasta catorce fenotipos distintos con sintomatología heterogénea, según vayan acompañados de sobrepeso: los propios quistes ováricos, la anovulación y los rasgos andrógenos.

Curiosamente, no todas las mujeres con SOP presentan quistes en los ovarios, a pesar de que hoy sigue siendo el criterio diagnóstico por excelencia.

Es la imposibilidad de concebir, causada por una anovulación crónica, la que a menudo acarrea más pesar a las mujeres con SOP. Y sabed que, aunque tengáis periodos regulares, cabe la posibilidad de que no estéis ovulando realmente. Y solo os percataréis de ello cuando intentéis quedaros embarazadas.

En cuanto al tercero en discordia, se estima que más del 60% de las mujeres con SOP son hirsutas, siendo este el signo clínico más común y distintivo del hiperandrogenismo, aunque también puede evidenciarse con acné y/o alopecia.

De ahí la extrema dificultad del diagnóstico. Puede no conllevar quistes en los ovarios, ni periodos irregulares, ni signos andrógenos, pero está ahí.

 

PCOS sintomas SOP symptoms
Posibles manifestaciones del SOP [Basado en Diamanti-Kandarakis & Dunaif; Endocrine Reviews, Dec 2012, 33(6):981-1030]

 

Pero, ¿qué tiene que ver el SOP con el low carb?

Aunque apenas iniciado el s. XX ya se insinuó la relación entre la insulinorresistencia y el futuro SOP, apodado como “la diabetes de la mujer barbuda”, de nuevo habría que esperar a 1980 para que se comprobase que efectivamente las mujeres con ovarios poliquísticos presentaban respuestas insulínicas exageradas a la prueba oral de tolerancia a la glucosa [Burghen et al.; J Clin Endocrinol Metab, 1980, 50:1130-116], lo que apuntaba a que este síndrome podía ser una manifestación más de la ubicua resistencia a la insulina.

Así que la intersección entre el SOP y el low carb es la insulina, esa hormona cuyas fluctuaciones pautan (entre otras cosas) si engordamos o no. Y, si padecéis SOP, sabed que (aunque tengáis una figura envidiable), vuestras probabilidades de ser insulinorresistentes son muy altas. Para entender qué es la insulina (y la resistencia a la misma), ved Resistencia a la Insulina (o “la caja de Pandora”.

Y no, no recomiendo una dieta de bajo índice glucémico solo para perder el sobrepeso frecuentemente asociado al síndrome. Mantener la insulina a raya puede incluso atajar los síntomas asociados al SOP (tanto los visibles, como aquellos que no se ven pero que arrastramos como una losa silenciosa). Yo no podré comprobar nunca si para mí habría incluso bastado para incrementar las posibilidades de concebir, básicamente porque un cáncer de endometrio (a menudo asociado al SOP, pero también a las píldoras anticonceptivas que nos prescriben para atajar sus síntomas) me supuso perder el útero antes de poder siquiera decidir si quería ser madre, pero sabed que es posible.

Las células de la teca ovárica, encargadas de segregar andrógenos (los últimos responsables del hiperandrogenismo) se muestran hiperactivas en mujeres con SOP. Y adivinad en respuesta a qué… a la LH (u hormona luteinizante) y a la insulina. Lamentablemente, la LH la produce la hipófisis (y hasta la fecha no he descubierto cómo optimizarla), pero sobre la insulina sí tenemos poder. Así que si la mantenéis baja, también reduciréis los andrógenos extra que segregáis.

 

 

Y puedo dar fe de que cuando mis niveles de insulina se mantienen bajos (porque me esfuerzo por estar relajada, duermo lo suficiente y soy fiel a mi dieta low carb no comiendo alimentos que la disparen), tengo la piel impoluta y no necesito llevarme las pinzas de depilar a una mini-escapada de un par de días (ni de una semana tampoco). Y cuando no… pues sí.

No sabemos qué fue primero, si el huevo o la gallina, si los ovarios poliquísticos o la insulinorresistencia, pero esta última sí podemos controlarla. No puedo prometeros que el low carb os siente tan bien como a mí (aunque compartamos diagnóstico, todas somos diferentes), pero sí que el vuelco que puede dar vuestra vida presente y futura merece que le deis una oportunidad. Por favor, dejad los anticonceptivos orales y empezad HOY vuestra propia epopeya.

Ánimo, que vale la pena.



4 pensamientos sobre “Apaciguando al síndrome de ovario poliquístico”

      • Hola Yolanda!
        No te diré que la terapia nutricional hace milagros, pero casi. Y, afortunadamente, a día de hoy la información está ahí (una pequeña búsqueda en internet te arrojará mil páginas y referencias). Solo falta que llegue a las consultas de endocrinos y ginecólogos. No sé si también te han prescrito anticonceptivos, qué sintomatología concreta presentas o en qué fase de tu vida estás, pero ¡vale tanto la pena! A mí me cambió la vida (y muy probablemente mantuvo a raya un cáncer que sospecho me causó la medicación). Dale una oportunidad a una dieta baja en carbohidratos (deja el azúcar, los dulces, el pan, la pasta, el arroz, el maíz y las patatas), que mantenga bajos tus niveles de insulina [mira aquí ejemplos de menús semanales con indicaciones] y también los anticonceptivos orales (son nefastos a la larga y meros parches que no “curan”). Pruébalo unos meses y monitorea cómo te encuentras. A poco que te siente la mitad de bien que a mí, te aseguro que valdrá la pena.
        Un abrazo,
        Inés

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *