¿Alguna vez has sentido un flechazo arrollador? No me refiero a un mero «oh, fíjate, me gusta, podría acostumbrarme», no. Hablo de una estocada certera y repentina que hace que el tiempo se pare a tu alrededor y te deja con la boca abierta, el encefalograma plano y el corazón desbocado.
Yo sí… gracias a este soufflé de cacao.
De veras… afirmo rotundamente que no tiene nada que envidiarle a los soufflés de chocolate con trigo y azúcar. Queda suave, cremoso y zalamero. Mejor no hagas más que uno por persona (idealmente pequeñito), porque puedo atestiguar que cualquier soufflé sin dueño despertará pasiones descontroladas y luchas encarnizadas. Eso sí, no es un flechazo de los que se convierten en «amor verdadero para siempre y más allá», sino que hay que comerlo recién hecho.
Yo lo he elegido como feliz desayuno de domingo, pero otra opción (si el banquete es distendido y los comensales se apañan solos) es dejarlo medio preparado y escabullirse para montar las claras, incorporarlas y hornear cuando sacas el segundo plato.




Si te decides a probarlo (que además es mucho más fácil de lo que parece), cuenta que, para 4-6 soufflés tamaño «tú tienes el tuyo, este es solo para mí», apenas necesitaremos:
- una cucharada hermosa de cacao puro en polvo
- 2 huevos grandes o 3 pequeños/medianos
- 6 cucharadas colmadas de almendra molida
- 200ml de leche de coco (lo que vendría a ser media lata)
- edulcorante al gusto
Y se hace como el soufflé tradicional, empezando por lograr una deliciosa «no-bechamel» espesa de cacao. Pon a calentar (a fuego muuuy bajo) la leche de coco en un cacito (yo aprovecho la grasica que se suele acumular arriba para untar los moldes con ella). Cuando esté bien uniforme, añade las yemas, la almendra, el edulcorante y el cacao mientras remueves alegremente. Nada, dale unos garbeíllos, hasta que tengas una salsa espesa… ¡y reto de la «no-bechamel» de cacao superado!
Mientras se enfría, aprovecha para encender el horno y batir las claras a punto de nieve (esta vez sí tiene que ser firme de verdad, dale hasta que puedas poner el bol boca abajo y la clara no sucumba a la ley de la gravedad).
Llegados a este punto, podrás unir la «no-bechamel» de cacao ya templada con las claras, con muuucho cariño y movimientos envolventes de abajo a arriba (no uses la batidora ni remuevas en plan bruto que se desmontarán las claras). Y si lo mezclas en dos tandas mejor, que así la masa conservará más aire y los soufflés subirán mejor.
Vierte la mezcla en los moldes hasta 3/4 del borde (aunque en cuanto salgan del horno empezarán a deshincharse, mientras se horneen subirán una barbaridad) y hornea a 180ºC, tranquilamente 20 minutos (como siempre, dependerá de cada horno y del tamaño de los moldes, pero goy fe que el olor te guiará). Yo prefiero dejarlos un pelín cremosillos, mismamente como los soufflés tradicionales, así que los saco así que la cocina empieza a oler a boulangerie y la superficie a parecer el Everest.
Verás qué lujazo. Disfruta de la dulce espera… que pronto llegará el feliz momento de sentir tu propio flechazo. Y es que ya dijo George Bernard Shaw que no hay amor más sincero, que el amor a la comida. Y cuánta razón tenía…
¿Conoces los secretos escabrosos del trigo?
Los cuento en este capítulo del cursillo.
¿Te ha gustado? Pues echa un ojo al resto del programa en Dieta y Estado de Ánimo.

Hola!
Gracias por la receta. Los hemos hecho con una cobertura de nata de coco, canela y fresas y nos han encantado..
Un abrazo!
Ooooh!!! Qué ilusión!!! Me alegro mucho!!!
Gracias a vosotros!!! ?