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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Tiroides (o el lado caótico y oscuro de la coliflor)

22 octubre, 2019

Tiroides (o el lado caótico y oscuro de la coliflor)

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Va por delante que soy fan de las coles en todas sus formas y colores. Casi diría que a día de hoy no concibo mi existencia sin mi amada coliflor (mi pasión es tal que le dedico libros y la escondo en exquisitos flanes especiados para propagar mi adoración). Pero incluso mis venerados brócolis y repollos tienen su lado oscuro, especialmente cuando entra en escena…

El Efecto Mariposa

El mítico «una mariposa bate las alas en Moscú y se origina un tornado en Yucatán» ilustra la llamada Teoría del Caos, que expone la imprevisibilidad de los sistemas complejos (y como una ínfima perturbación puede desencadenar un dominó de sucesos amplificadores que culminen en un evento colosal).

Pues nuestros amados cuerpos (igual que el planeta que los cobija), son sistemas caóticos (en el sentido de «imprevisibles»), que además cuentan con su propia mariposa incorporada.

 

 

La tiroides es una glándula endocrina (sí, con forma de mariposa) que abraza nuestras gargantas. Su función es segregar hormonas tiroideas, los suaves aleteos que acaban por regular nuestro metabolismo, temperatura corporal y ritmo cardíaco. Y para que nuestro estado de ánimo, nivel de energía y envergadura corporal no se resientan, estos aleteos deben tener una intensidad y frecuencia determinadas.

Si la mariposa no aletea lo suficiente, el cuerpo acusa un déficit de hormonas tiroideas y aparecen los síntomas del hipotiroidismo, una condición realmente común, sobre todo entre mujeres (a pesar de que resulta arduo diagnosticarla a menos que ya sea flagrante). De hecho, se estima que casi 1 de cada 6 de nosotros experimenta (y sufre) su sintomatología sub-clínica (aquella que está ahí pero no resulta detectable en los análisis médicos). El cansancio, las manos y pies fríos, el aumento de peso y el decaimiento son pistas que pueden hacernos sospechar. Y si aletea demasiado, nuestra diligente mariposa puede abocarnos a un hipertiroidismo, provocándonos taquicardias, pérdida de peso, insomnio y ansiedad. Y ambas condiciones suelen ir acompañadas de una hinchazón de la tiroides (conocida como bocio).

 

bocio
Bocio (cortesía de «Medical gallery of Blausen Medical 2014». WikiJournal of Medicine 1 (2))

 

Aunque históricamente las tiroides disfuncionales se han asociado con dietas deficitarias (la mariposa requiere yodo y tirosina, un componente de las proteínas, para aletear a su debido ritmo), a día de hoy, en los países desarrollados, la causa más común es de naturaleza autoinmune, la (cada vez más prevalente) tiroiditis de Hashimoto. La buena noticia es que, igual que los déficits nutricionales de yodo y tirosina, el caos autoinmune también es eludible (e incluso amilanable) con nuestras elecciones diarias (ved más detalles en Autoinmunes (The Autoinmune Fix, del Dr. Tom O’Bryan)).

Y aquí es donde entra en escena el lado oscuro de mi idolatrada coliflor. Y es que aunque nuestro aporte de yodo y tirosina sea más que suficiente (si estáis leyendo esto, apuesto mi asignación mensual de chocolate 100% a que andáis sobrados de ambos), existen ciertos alimentos con la capacidad de inhibir la función de la tiroides bloqueando su acceso al yodo. En ellos se esconden los llamados bociógenos, unos compuestos que, siguiendo con la metáfora, serían capaces de infligir fisuras en las delicadas alas de la mariposa, impidiendo que sus aleteos surtan el efecto deseado a pesar de sus esfuerzos.

Y entre estos alimentos destacan los rábanos, la mostaza y las crucíferas (léase las coles, repollos, lombardas, coles de Bruselas, brócolis, romanescos y coliflores). Aunque la cocción reduce significativamente su potencial bociógeno, es recomendable no abusar de ellas (incluso cocidas) cuando se sospecha de un hipotiroidismo y relegarlas a «de vez en cuando» (crudas, ni eso) cuando el diagnóstico es firme. Lo mismo ocurre con la yuca, el maíz, el mijo (aunque asumo que si estáis leyéndome ya no los consumís), el boniato (que a pesar de que haya adquirido cierta fama de keto-saludable en su calidad de fuente de almidón resistente, también tiene su lado medio oscuro) y la soja (las famosas isoflavonas, de hecho, son compuestos bociógenos que el calor no logra desactivar).

 

 

Dicho esto, sabed que la tiroides segrega hormonas tiroideas en respuesta a las órdenes que recibe de la hipófisis, otra glándula endocrina, que a su vez depende del hipotálamo, la región del cerebro que integra las señales que le llegan tanto de dentro como de fuera y actúa en consecuencia. Así que, como en todo sistema caótico que se precie, no podemos controlar todos los factores susceptibles de influir sobre él, lo que no implica en absoluto que debamos rendirnos sin patalear.

Regaladle a vuestra tiroides un intestino sano y relajado gracias a una dieta antiinflamatoria que no arengue a vuestro sistema inmune contra ella. Y ante un diagnóstico (o una sospecha fundamentada) de hipotiroidismo, evitad las dietas a base de soja y recordad el lado medio oscuro de las crucíferas (especialmente crudas), cuando decidáis vuestros menús. Contribuiréis así a proteger el leve aleteo de vuestra bella mariposa y a que ese inevitable caos converja en la versión más animada, saludable y feliz de vosotros mismos.



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