Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Venciendo a la depresión («Tu Mente es Tuya» de Kelly Brogan)

12 septiembre, 2017

Venciendo a la depresión («Tu Mente es Tuya» de Kelly Brogan)

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«La depresión no es una enfermedad. Es un síntoma.»

Chapeau. Así de rotunda empieza «Tu Mente es Tuya», de la Dra. Kelly Brogan, una mujer que a día de hoy está curando la depresión y los trastornos de ansiedad generalizada con meros ajustes en la alimentación y el estilo de vida de sus pacientes. Pocos se atreven a retar no solo al paradigma imperante sino a sí mismos como ha hecho ella, de quien me declaro fan. Asegura (bien apoyada por decenas de páginas de referencias a artículos científicos) que la mayoría de las llamadas «enfermedades mentales» no vienen preprogramadas por nuestros genes, sino que son evitables y consecuencia directa de factores susceptibles de ser modificados como la alimentación, el estrés y/o la creciente exposición a tóxicos ambientales.

Nunca en la historia habíamos sometido a nuestro sistema inmune a tamaño nivel de estrés: tiene que lidiar con sus viejos conocidos y simultáneamente con herbicidas, metales pesados y compuestos químicos sintéticos varios que actúan como disruptores endocrinos o directamente se acumulan en nuestros tejidos.

 

 

«Y si crees que una píldora puede salvarte, curarte o «corregirte», estás completamente equivocado. Resulta tan útil como tomarse una aspirina para curar un clavo incrustado en el pie.»

Aquí os presento a una psiquiatra neoyorquina que probablemente no me habría caído nada bien (de pura envidia, no os creáis) si a su vez no hubiera sufrido su epifanía particular. Una tiroiditis de Hashimoto autoinmune la llevó a replantearse el paradigma «enfermedad-cerebral-de-causa-genética-inevitable-o-de-tómese-usted-esta-pastilla-y-vuelva-a-verme-en-un-mes-a-ver-qué-tal». Es curioso ver como la historia se repite: médicos convencionales pegados a su chequera de recetas van más allá cuando les toca el papel de paciente y se niegan a aceptar el «tómese esto y veremos cómo evoluciona» que ellos mismos prodigaban.

No tiene desperdicio su cuidada disección de los distintos antidepresivos (aunque también recomiendo encarecidamente su análisis de las ubicuas estatinas para el colesterol, escueto pero afilado), que hoy en día se recetan por millardos. Y desde mi humilde opinión, creo que tiene razón: qué sentido tendrá que se receten como antidepresivos tanto inhibidores como potenciadores de la recaptación de serotonina… Claramente no tenemos ni pajolera idea de qué estamos haciendo para tratar la depresión. Y quizás porque me toca de cerca, recomiendo particularmente su meticuloso examen de los anticonceptivos orales y sus nefastos efectos sobre el equilibrio hormonal femenino.

 

 

Aunque no se detiene ahí: también nos insta a sustituir nociones mentales ilusorias que a menudo tenemos grabadas a fuego en el inconsciente como «los médicos saben lo que hacen» por otras como «tú controlas tu salud» o «no se logra una salud óptima a base de medicación». La verdad es que la señora «los tiene cuadraos».

«Jamás curé a nadie hasta que dejé de prescribir medicación.»

Y olé. Siguiendo fielmente la huella que dejaron en ella los 10 años de estudio que requiere su especialización, seguía escrupulosamente las normas vigentes y recetaba antidepresivos y ansiolíticos a tutiplén. Hoy divulga incansable que éstos no son más que meros parches que no sólo no atajan el problema, sino que a menudo obstaculizan los procesos naturales de auto-recuperación.

Tampoco escatima en páginas para detallar la miríada de funestos efectos secundarios que acarrean estos medicamentos (algunos de los cuales harían huir despavorido al más aguerrido), que no impiden sin embargo que se receten con total tranquilidad.

Su mensaje es tanto una cura de humildad como una oda a la esperanza. Creo sinceramente que cualquiera (particularmente en el caso de las mujeres) que esté tomando medicación para equilibrar hormonas (en especial tiroideas y sexuales), estatinas (para «nivelar» el colesterol en sangre), antidepresivos, ansiolíticos y/o anticonceptivos orales, debería leerlo.

 

 

El libro no se limita a analizar los fundamentos teóricos en los que basa su «terapia», también incluye una guía para su plan de choque de 30 días (con todo tipo de información práctica sobre dieta, ejercicio, meditación y suplementos a considerar).

Si bien hay algún detallito que no me acaba de convencer, como que no descarte rotundamente la homeopatía (aunque bien apoyada en un innegablemente poderoso efecto placebo, mi moral me impide secundarla) o su amor por los enemas de café (en cuya efectividad no he profundizado lo suficiente como para emitir una opinión, pero de buenas a primeras no me tiran mucho) debo declararme fan de esta mujer. Ojalá la hubiera descubierto hace 20 años, antes de que yo misma entrase en el oscuro mundo de la medicación para la depresión. Lo dicho, un «olé» enorme pa’ ella.



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