Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Pulpitos encebollados (o «el secreto para aburrir…

25 marzo, 2016

Pulpitos encebollados (o «el secreto para aburrir…

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… es decirlo todo», tal como muy acertadamente espetó Voltaire. Y es que, igual que no hay nada más atractivo que alguien con mucho que decir y poca necesidad de decirlo, no se me ocurre nada más aburrido que una perorata interminable de alguien con poco que decir y mucha necesidad de decirlo… aparte de limpiar pulpitos.

 

 

A diferencia del famoso pulpo a la gallega, que debe «asustarse» sumergiéndose tres veces en el caldero de agua hirviendo antes de proceder a cocerlo (lo que resulta la mar de distraído), los pulpitos encebollados están exquisitos, pero son rematadamente aburridos de hacer (básicamente porque hay que limpiarlos, lo cual es una tarea tediosa como pocas).

 

 

Eso sí, da pereciña, pero compensa el esfuerzo (y el tiempo) una barbaridad (e incluso más). Aprovechad para poneros esa presentación de Youtube que nunca tenéis tiempo de ver, porque va para largo… Pero la parte positiva es que llegará el día feliz en que podréis sacar un valioso tupper del congelador y saborear unos deliciosos pulpitos encebollados mientras hacéis el vago alegremente.

 

 

A los que no sabéis limpiar pulpitos, os diré que yo les quito el pico y los ojos y le doy la vuelta al caperuzo por si quedase algo indefinido dentro. Puede que sea aburrido, pero es fácil, fácil 😀

Desde luego, vale la pena comprar muchos de golpe para congelarlos y sacarlos felizmente cuando necesitéis sentiros reconfortados (y no tengáis ganas de trabajar), porque, una vez sumergidos en la tediosa tarea, ¿qué más da aburrirse media hora o unos minutejos más?

 

 

Y ya una vez dispongáis de vuestro botín de pulpitos convenientemente limpios, no queda más que sofreír un par de cebollas grandes por kilillo en un chorro de aceite de oliva con una guindillita. Cuando esté bien doradita, añadid los pulpos y un chorro generoso de vino blanco y salpimentad. Habrá que dejarlo cocinar al menos media hora, según el tamaño que tengan. Idlos probando (¡y acordaos de retirar la guindilla!)

 

 

Si fuera necesario, añadid agua hasta que estén tiernos, que será cuando le añadiréis la mítica «picada» con un puñadito de almendras y/o avellanas, algo de perejil fresco y un ajo. Dejadlo cocinar unos minutejos más y probadlos.

En este feliz momento, apuesto mi asignación anual de pulpitos a que ni Voltaire recordaría lo tedioso del proceso limpiador. Y, cuando volváis a ver pulpitos en la pescadería, los compraréis. ¿Si os arrepentiréis cuando os toque limpiarlos? Sí, irremisiblemente sí. ¿Si os alegraréis de haberlos comprado/limpiado/encebollado cuando os los comáis? Sí, rotundamente, sí.

 

 

Y para aburriros un poquiño más, ¡dejo aquí la información nutricional!



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