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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Tarta Opereta, porque «all’Alba… ¡Vincerò…!!!»

23 mayo, 2021

Tarta Opereta, porque «all’Alba… ¡Vincerò…!!!»

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Conocéis la celebérrima Tarta Ópera, ¿verdad? Es una delicia con bizcocho de almendra, crema de café y chocolate.

¿A que suena a música celestial? Pues aquí os la traigo en versión keto-facilona 😁

No me extenderé en halagos a la misma porque, diga lo que diga, no le haré justicia. Pero a modo meramente descriptivo y para que os hagáis una idea, os diré que el escalofrío subsiguiente al primer bocado ha sido similar al que siento cuando el inmenso Pavarotti dispara su mítico «all’alba vincerò» en el eterno Nessun Dorma.

 

 

Vamos, que es una de esas experiencias de la vida que no pueden explicarse, tienen que vivirse 😅

Si os decidís a darle una oportunidad, contad que necesitaréis preparar un bizcocho low carb bajico (que remojaréis en café recién hecho), junto con la sublime crema de café (la receta clásica se hace batiendo mantequilla con café, pero yo prefiero hacerla con “nata”, que queda mucho más suave) y la ganache de chocolate.

Y aunque así, de inicio, suene complicado, ¡no lo es!

 

 

Solo hay que ir por partes tranquilamente, con el aplomo y la absoluta convicción de saber que al alba… venceréis 😇

Empezamos por apañar otro bizcocho low carb (igualico que los otros), con:

• 3 huevos (las claras a punto de nieve bien firme para un extra de esponjosidad)
• 1 yogur natural (idealmente bien graso y de cabras/ovejas felices)
• edulcorante al gusto
• 5-6 cucharadas de almendra cruda molida (dependerá del tamaño de los huevos y del día que tengan, lo ideal es que la masa final tenga textura de mayonesa)
• 2-3 cucharadas de harina de coco (ídem)
• 1 cucharada de aceite (de coco o de oliva)
• medio sobrecillo de impulsor químico
• un chorrillo de esencia de vainilla (como esta, que no lleva cosas raras)

 

 

Este lo he hecho en un molde cuadrado de 24cm de lado para poder sacar un par de rectángulos bien hermosos y darle su forma operística clásica.

Y no tenéis más que encender el horno a 180º y mezclarlo todo (idealmente, añadid las claras al final, con cariño y movimientos envolventes para que no se bajen) y hornear (para esta cantidad, yo lo he tenido unos 20 minutos, hasta que el olor irresistible y el viejo truco del palillo que sale seco me han confirmado que ya estaba).

Y (ya sé que me repito más que el ajo, pero) como siempre que andamos “bizcocheando”, mejor dejadlo enfriar sobre una rejilla (para evitar que el vapor de agua remoje el bizcocho) y ya podréis recortarlo alegremente y sacar un par rectángulos (aparte de un montón de exquisitos retales). ¡Y bizcocho listo! Haced un poco de café para que esté frío cuando lo remojéis y vamos ya a por las otras dos capas.

 

 

Para la crema de café, solo necesitaréis mezclar apenas 100ml de nata para montar bien fría con un pelín de edulcorante y una cucharadica de café soluble. Batidla hasta obtener una crema espesica y dejadla en la nevera hasta el feliz momento de embadurnar el pastel.

La ganache de chocolate es aún más sencilla. Se hace mezclando cantidades más o menos iguales de nata para montar bien caliente (yo le doy un hervor y la retiro del fuego) y de chocolate negro picadito. Para este tamaño de tarta, apenas otros 50ml de nata y unos 40g de chocolate bastarán.

Removed hasta que adquiera la textura de crema espesa (y ved si queréis edulcorarla un pelín).

 

 

¡Y ya podéis montar vuestra propia tarta opereta! Recuperad esos rectángulos de bizcocho y pintadlos con café. Colocad uno a modo de base y reservad el otro para después.

Sobre ese primer “bizcocho de abajo”, esparcid una capita de ganache de chocolate (mejor hacerlo cuando esté templada para que sea más fácil de manipular). Y cubridla con una capa generosa de crema de café (yo la pongo con la manga pastelera porque me encanta usarla, pero a cucharadas queda riquísima y mega-operística igual) y colocad encima el otro bizcocho, también mojadico en café.

 

Aquí los Tres Tenores, dándolo todo en su mejor Do de Pecho

 

Repetid el proceso embadurnador y decidid si fundís un poquito de chocolate negro más (al baño maría o en ráfagas cortas al micro), para coronar vuestra obra maestra, o si preferís dejar caer una armoniosa lluvia de cacao en polvo desde un colador. Dejadla enfriar unas horas en la nevera.

Y poneos vuestras mejores galas para regodearos en esa sublime victoria mañanera y fundiros en un placer inconmensurable (que tampoco podréis describir) 😁

 



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