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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Cáncer: la sorprendente verdad (de Travis Christofferson)

20 julio, 2018

Cáncer: la sorprendente verdad (de Travis Christofferson)

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Hoy os presento «Cáncer: la sorprendente verdad»una obra maestra (aunque desgarradora) del periodismo de investigación cuyo origen se remonta a una clase de teoría del cáncer a la que asistió Travis Christofferson (ingeniero reinventado en escritor científico).

Mientras oía como el cáncer surge por mera mala suerte en la ruleta genética, Travis se puso a ojear manuales médicos para profundizar un poco más. Por un golpe de gracia del destino, fue a dar con EL libro que, no solo pone en entredicho las bases de la teoría de la mutación somática del cáncer (que aboga por emplazar su causa primaria en mutaciones genéticas), sino que la rebate sin piedad: «Cancer as a Metabolic Disease« (o el cáncer como enfermedad metabólica), del Dr. Thomas Seyfried (profesor de biología en el Boston College y mi héroe particular).

Tras su lectura, Travis se resistió a creer que un conocimiento con tal potencial no solo no gozase del reconocimiento que claramente le correspondía, sino que no estuviera siendo siquiera considerado por la investigación oncológica (y su colosal presupuesto).

Arengado por una motivación poderosa (nacida de la sospecha de que se había cometido un error de proporciones épicas), se propuso entender por qué. Y su odisea en busca de la verdad empezó con una visita al propio Thomas Seyfried.

El libro es el resultado de los años de minuciosa investigación que siguieron: un compendio de historia de la ciencia expuesto a modo de artículo periodístico novelado. Os diría que, para todo aquel que tenga algo que ver con la investigación biomédica o un mínimo de curiosidad por el cáncer, debería ser de lectura obligada. Resulta un medio asequible y ameno de acceder a la teoría metabólica sin ahondar en los pormenores bioquímicos celulares que sí detalla el libro de Seyfried. Pero ya os adelanto que, si habéis sufrido al cáncer de cerca, os hará hervir la sangre a borbotones.

 

 La teoría metabólica, la dieta cetogénica y una nueva y esperanzadora vía para la curación del cáncer.

He aquí una historia con el potencial de convertirse algún día en el peliculón que arrasa en la entrega de los Oscar, aunque en extremo dolorosa. La historia de la investigación oncológica aúna intereses económicos, egos ávidos de reconocimiento, afinidades (y rencillas) personales, «politiqueos» varios y muy buenas intenciones con poco espíritu crítico.

Y duele. Duele mucho pensar en el sufrimiento que se podría haber evitado.

Aunque prefiero una verdad dolorosa a una mentira edulcorada. Por ello, aunque me alegraría poder deciros que el movimiento pro-teoría metabólica, la esperanza que podría por fin rubricar el ansiado final de la guerra contra el cáncer, es de reciente creación, la verdad es que no. Ha pasado casi un siglo desde que Otto Warburg postuló que el punto débil del cáncer era su preferencia por el uso de glucosa en contraposición al de oxígeno. Y es esta característica, el llamado Efecto Warburg (que comparten todas las células cancerosas hasta la fecha), la seria candidata a sentar las bases de la eventual curación del cáncer.

Cabe suponer que, de haber recibido un mínimo de atención, quizás se habría avanzado en el desarrollo de terapias metabólicas inocuas pero efectivas (como la dieta cetogénica combinada con cámaras de oxígeno hiperbárico) y ni nuestros abuelos ni nosotros habríamos tenido que someternos a las mutilaciones quirúrgicas, la radioterapia y la infausta quimio que hoy por hoy componen el abanico de opciones de los oncólogos.

He aquí la parte más desgarradora: que el efecto Warburg se conoce desde hace casi un siglo (el mismo largo siglo que ha transcurrido sin que la teoría genética haya apenas ganado terreno al cáncer a pesar de que se han invertido imperios en investigación).

Y no, no soy una «conspiranoica» (como no lo son el autor del libro, ni el gran Dr. Seyfried), sino todo lo contrario: soy la eterna optimista que espera que, soplido a soplido, entre todos derribemos el muro que aún nos impide aprisionar al cáncer en el cajón de los retos superados.

Así que si tampoco entendéis qué puede haber acontecido para que a día de hoy sigamos gastando fortunas en secuenciar genes para detectar mutaciones infinitas, aleatorias y diferentes en cada célula cancerosa, de cada tumor, de cada pobre paciente o de cada animal de laboratorio*, mientras se ignora la característica que sí comparten, este es vuestro libro. Lograréis entender eso y de paso cumpliréis algunos objetivos más (entre ellos, el acceso a una cuidada guía de introducción a las aproximaciones metabólicas que sí se han demostrado efectivas para reducir tumores).

 

¡Más vale tarde que nunca!

Llegó el momento de reconocer la derrota y renovar la estrategia. Y Travis Christofferson, Thomas Seyfried, Dominic d’Agostino y todos los sabios que luchan a pecho descubierto nos están señalando el camino. Hoy nadan a contracorriente, pero es solo cuestión de tiempo que el viento empiece a soplar a su favor… y al de todos los combatientes de cáncer presentes y futuros.

Debo decir que, en mi calidad de combatiente, la lectura de este libro me ha resultado ciertamente amarga, pero también que la información que ofrece y la esperanza que esboza me han compensado con creces la amargura.

(*) Desde aquí, humildemente quisiera reiterar mi eterno agradecimiento y suplicar perdón a los millones de animales de laboratorio que han dado su vida para mejorar la nuestra.



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