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Nutricionista, psicóloga y keto coach apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Chupito arcoíris (mi señuelo para el huidizo Leprechaun)

13 febrero, 2019

Chupito arcoíris (mi señuelo para el huidizo Leprechaun)

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He aquí mi particular señuelo para el esquivo Leprechaun irlandés. Conocéis la leyenda, ¿verdad?

 

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En la isla esmeralda se cuenta que estos pícaros duendecillos amantes del whiskey esconden sus calderos repletos de oro al final del arcoíris. También se supone que dan suerte y conceden deseos a quien logra distinguirlos entre el verdor del paisaje y pillarlos.

 

 

Y como una no suele ir sobrada de suerte, nunca viene mal ampliar el abanico de entes susceptibles de conceder deseos. Así que hoy me he propuesto atraer su atención con un colorido señuelo: el curioso chupito arcoíris.

 

 

A pesar de que parezca una bomba de colorantes, lo cierto es que es una inofensiva panna cotta suave de arándanos, moras, frambuesas, cúrcuma y té matcha.

 

 

Admito que supone un trabajo considerable (más que nada porque hay que preparar las distintas capas y esperar a que se asiente un poquito cada una antes de colocar la siguiente), pero todo sea por echarle el lazo al escurridizo duende 😀

 

 

Eso sí, será laborioso, pero queda precioso y exquisito. Además, no atesora dificultad alguna. Solo necesitáis:

  • Nata para montar (puede sustituirse felizmente por leche de coco, aunque a mí me gusta más el sabor de la panna cotta de nata y ya que me pongo… tanta como sumen las copas a llenar, 200 ml para estas dos)
  • Hojas de gelatina (si también queréis que os quede suave, en modo natilla, apenas una laminilla por cada 100ml de nata)
  • moras (según lo intenso que queráis el color, a mí me ha bastado con un puñado alegre)
  • frambuesas (igualico que para las moras)
  • arándanos (un par de puñadicos, que vale la pena reservar un poquito de coulis para coronar la copa)
  • té matcha en polvo
  • toquecillo de cúrcuma, mi infalible piedra filosofal
  • pelín de edulcorante (especialmente para las mezclas de cúrcuma y té matcha)

 

 

¡Y solo hay que ir por partes tranquilamente!

Empezad por hidratar las hojas de gelatina en agua fría y calentar la nata hasta que rompa a hervir. Retiradla del fuego, disolved en ella la gelatina, un pelín de edulcorante y la esencia de vainilla. Repartidla en tantos vasitos como colores queráis hacer.

 

 

Para el amarillo y el verde (estos dos yo los suelo relegar a las partes más estrechas de la copa y les añado un pelín de edulcorante adicional, que son más amargos que el resto), solo hay que disolver en la nata un pelín de cúrcuma para el amarillo y de té matcha para el verde.

 

 

Para el morado, el rosa y el fucsia, me limito a preparar distintos coulis con las frambuesas/moras/arándanos y mezclarlos con la nata.

Para apañar esos coulis, solo hay que poner las diferentes frutiñas por separado a cocer en un pelín de zumo de limón hasta que empiecen a deshacerse y a brillar. Y listos (aunque los coulis de moras y frambuesas recomiendo colarlos para evitar encontrarnos mil y una pepitas después).

 

 

El naranja lo consigo añadiendo un poquito de la mezcla de cúrcuma a la de frambuesa.

Solo hay que jugar con la cantidad de coulis. Si el color queda apagadito, se le añade más. Sin miedo. Es imposible que quede malo… ¡son coulis de frutas del bosque con nata!

 

 

El único truquiño es esperar a que cada capa asiente un poquito (meted las copas en la nevera entre una y otra) antes de verter la siguiente con cierto cariño. Así las capas no se mezclan y obtenemos esos bellos colores diferenciados.

 

 

Ya veis que difícil no es, solo requiere un pelín de paciencia, amor por las mezclas de colores y muchas ganas de sorprender.

 

 

Y no solo queda precioso y rotundamente original, también tiene un sabor muy curioso: la mezcla del dulce afrutado de las bayas con el regusto especiado de la cúrcuma y el amargo del té verde tiene un toque… casi mágico.

 

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Francamente, no se me ocurre postre más cremoso, alegre y metabólicamente inofensivo que pueda ser apodado «arcoíris» (y por ello servir de señuelo para el esquivo Leprechaun). Ojalá pique… cosas más raras se han visto 😁

Si es que, en esta vida, puede que se gane o se pierda pero, si no se intenta, ¡el resultado siempre es el mismo…!

 



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