Modo noche

Las milagrosas dietas paleo

El (ya titánico y ubicuo) movimiento paleo surgió de la mano del Dr. Weston Price, un dentista norteamericano que durante la década de 1920 viajó por todo el mundo buscando a las personas más sanas del planeta para responder a una duda que no lograba sacarse de la cabeza: «¿Por qué los dientes de nuestros hijos están tan deformados, torcidos y llenos de caries? ¿Cómo sobrevivía la gente en el pasado, cuando no había dentistas?» Y la respondió, sí, vaya si la respondió. De hecho, en 1950 se le apodaba «el Charles Darwin de la nutrición».

Durante su odisea (que duró nueve añazos), el impávido Dr. Price conoció a los moradores de islas remotas de Escocia, a los esquimales de América del Norte y a distintas tribus indígenas de África y Nueva Zelanda. El hombre quiso analizar la salud de comunidades ajenas a la civilización (que vivieran igual que sus antepasados y en su mismo entorno), para compararla con la de aquellos miembros de su misma familia que ya hubieran sido expuestos a los «alimentos modernos» (básicamente procesados a base de harinas refinadas y azúcar). Documentó hasta 14 culturas repartidas por el mundo (y ninguna tenía acceso a dentistas, colutorios o dentífricos con flúor – de hecho, ni siquiera soñaban con el agua corriente), en la que la gente compartía unos dientes alineados, bellos y libres de caries. Y quiso saber por qué.

Aunque las comunidades que visitó diferían mucho en su grado de modernización, el Dr. Price observó reiteradamente que aquellos que seguían fieles a su dieta tradicional, mínimamente procesada y rica en nutrientes, tenían una dentadura y estructura ósea estupendas. Nunca habían usado un cepillo de dientes, pero los tenían blancos y fuertes. Y menos del 1% de ellos tenía alguna caries[1]

El hombre recopiló información sobre las dietas ancestrales de las distintas comunidades que visitó (libres de las enfermedades crónicas no transmisibles que nos azotan hoy, que él bautizó «enfermedades de la civilización moderna»), que (aunque sí diferían enormemente entre ellas) compartían algunas particularidades. Y son precisamente estas particularidades las que sentaron los cimientos sobre los que se apoya la ya célebre y ampliamente extendida dieta paleo actual. En resumen, todas sus dietas se componían de alimentos frescos mínimamente procesados, libres de los mil y un aditivos, colorantes y productos químicos endémicos de la alimentación industrializada. Y además, todas abundaban en grasas saturadas de origen animal.

¡Lo cuento en este capítulo del cursillo!

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Aunque el buen Dr. Price y sus tesis no se hicieron especialmente populares entre sus coetáneos, que eran bombardeados sin piedad con campañas que vanagloriaban las supuestas maravillas portentosas de los cereales de desayuno ultra-procesados y la margarina, hoy sabemos que fue un pionero con vista de águila.

Nos hemos sobrealimentado y desnutrido simultáneamente con lo que él llamó «los alimentos empobrecidos de la civilización» (sí, esos que vienen convenientemente envasados y envueltos en plástico, duran meses o incluso años en las estanterías de los supermercados y están hechos a base de harinas refinadas, azúcar, aceites vegetales, aglutinantes, estabilizadores, aditivos y generalmente enriquecidos con formas baratas, estables y poco biodisponibles de micronutrientes que, de hecho, pueden incluso dificultar la utilización de sus formas naturales, las que nuestro cuerpo sí reconoce). Y por primera vez en la historia de la humanidad, nos vemos inmersos en epidemias simultáneas de obesidad y desnutrición.

Aunque hay tantas dietas paleo, como paleo-gurús ilusionados, en general se limitan a todos aquellos alimentos a los que tendría acceso un cazador recolector paleolítico (o el alegre pescador desnudo de largos cabellos con pinta de indígena amazónico que nos ha invitado hoy a comer – presumiblemente pescado), los previos a la agricultura. Incluye todo tipo de fruta, hojas, raíces, hortalizas, carne, pescado, huevos, marisco, mieles y siropes naturales, pero omite la leche y sus derivados (que antes de que domesticásemos a los antepasados de las vacas, cabras y ovejas actuales, muy fácil de conseguir no sería), las legumbres y los cereales en sus mil y una formas y colores, así como cualquier ente comestible que venga envasado con una larga lista de ingredientes misteriosos y una remota fecha de caducidad.

Parece que las palabras «dieta paleo» nos evoquen la imagen de un troglodita barbudo mordisqueando una pata gigantesca de mamut, cuya cola reserva para el postre. No, el paleo, igual que el keto, no es una dieta súper alta en proteínas, ni tiene por qué ser especialmente abundante en carne[2]. Sencillamente, se basa en alimentos frescos y perecederos, mínimamente procesados y ricos en nutrientes, aquellos para los que nuestros genes paleolíticos están perfectamente adaptados. Es la dieta que suelo recomendar cuando todo indica que la potencial resistencia a la insulina ni siquiera ha asomado la cabeza, por lo que imponer una dieta baja en carbohidratos no resulta necesario. Es antiinflamatoria y sorprendentemente eficaz en una plétora de frentes (justamente, los que el buen dentista explorador calificaría como «enfermedades de la civilización moderna»). Vendría a ser la dieta terapéutica previa al keto, perfectamente capaz de aliviar las condiciones autoinmunes, las migrañas, los problemas cutáneos, los dolores crónicos, los trastornos del estado de ánimo, los cuadros gastrointestinales y la fatiga. Y funciona, vaya si funciona.

[1] Price, W. (2010). Nutrition and Physical Degeneration: A Comparison of Primitive and Modern Diets and Their Effects. Disponible en Amazon.

[2] BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

Cordain, L. (2011). La dieta paleolítica: Pierda peso y gane salud con la dieta ancestral que la naturaleza diseñó para usted. Disponible en Amazon.

Wolf, R. (2011). La dieta Paleo: Transforma tu vida en 30 días con la dieta de nuestros orígenes. Disponible en Amazon.

Gedgaudas, N. (2009). Primal Body, Primal Mind: Beyond the Paleo Diet for Total
Health and a Longer Life
.
Disponible en Amazon.

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Inesuka

Inesuka

Nutricionista, psicóloga y keto-terapeuta apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, domadora de lupus, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada).

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