Blog de nutrición y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

Menú semanal paleo low carb (combatiendo autoinmunes)

2 mayo, 2018

Menú semanal paleo low carb (combatiendo autoinmunes)

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Para añadir mi granito de arena en la balanza contra las autoinmunes (y dar ideas a los “paleo-low carb” de buen corazón), hoy os traigo un ejemplo de menú semanal paleo y low carb (vedlo aquí), con algunos consejiños. Es muy similar al que sigo yo misma desde que recorté lácteos tras mi diagnóstico de cáncer (aunque para los luchadores recomendaría una vuelta de tuerca más, ved por favor aquí el menú semanal cetogénico anti-cáncer).

El principal objetivo de la dieta contra autoinmunes es reducir la inflamación sistémica crónica de baja intensidad que ineludiblemente acompaña a las enfermedades crónicas no transmisibles (entre ellas, las ubicuas autoinmunes), evitando alimentos inflamatorios. Pero no podemos culpar a la comida de todas las afrentas que abruman a nuestro sistema inmune: hay cosiñas de las que no somos del todo conscientes pero que son importantes y pueden influir mucho. Algunas pueden sonar a “conspiranoia”, pero cuando la autoinmune llama a la puerta, toda ayuda es poca.

 

 

¡No añadáis desorden al caos!

Hormonas

Tirad de proteína animal ecológica en la medida de lo posible. Nada alimenta más que un buen cacho de carne, pero si viene a rebosar de antibióticos y/o hormonas, os hará un flaco favor. Desgraciadamente, lo mismo ocurre con el pescado: optad por peces pequeños y salvajes siempre que podáis, que las piscifactorías, además, utilizan pienso fabricado a base de grano (entre otras lindezas). Sus peces crecen y engordan rápidamente, pero presentan un perfil de ácidos grasos muy distinto al que tendrían si hubieran comido pescaditos, que hubieran comido crustacitos, que hubieran comido plancton…

Tóxicos

Nuestro sistema tiene una capacidad de limpieza de tóxicos limitada y todo suma. Procurad utilizar recipientes de cristal para minimizar la ingente cantidad de disruptores endocrinos (en especial estrogénicos, léase bisfenol-A y compañía) que nos metemos entre pecho y espalda diariamente (como cuando nos hacemos un café con una capsulilla de plástico y encima lo tomamos en un vaso para llevar o calentamos la comida en el microondas sin sacarla de su tupper de plástico – acciones ambas que os ruego evitéis repetir en el futuro).

Alejaos de los ambientadores y/o matamoscas como de la plaga (vuestro cuerpo tolera – y remedia – infinitamente mejor una picada que respirar ese veneno). Airead bien siempre que andéis marujeando con productos de limpieza (y/o poneos una mascarilla).

 

Cosméticos

Vienen repletos de químicos (que nuestro cuerpo considera tóxicos y acaban por saturar los sistemas basureros internos). Vale la pena pagar un poco más por un champú/gel/jabón lo más naturales posible y sin parabenos, no usar cremas y maquillaje a diario y evitar los tintes de pelo industriales. Yo me he pasado a las plantas (y tengo las canas la mar de marrones).
Cambiaos a una pasta de dientes lo más natural posible (el flúor es neurotóxico). Hay algunas maravillas en las tiendas de productos naturales que vale la pena probar.
Ahora conviene relegar el coqueteo a un segundo plano.

 

Y de comer… ¿cuánto y cuándo?

Tal como adelanté a los comedores de lácteos en el menú semanal low carb, omito cantidades y gramajes varios porque (igual que el contar calorías) en realidad resultan del todo inútiles. Cuando no engañamos a nuestro muy capaz sistema de la saciedad con alimentos (o mejor dejémoslo en “entes comestibles”) que activan (“igualico” que los opiáceos) los circuitos cerebrales de la adicción (como el trigo o el azúcar), sino que comemos aquello para lo que estamos evolutiva y genómicamente preparados, nuestro cuerpo nos indica alto y claro cuándo necesita combustible adicional (y cuánto).

 

 

Trucos de maruja

Resulta perfectamente factible serle fiel a la dieta (y disfrutarla enormemente) con solo unas poquiñas ganas y ciertas dosis de previsión. El secreto es no permitir que os invada la pereza y eludir la conveniencia de recurrir a la comida procesada (a menos que sepáis qué lleva porque la ha “procesado” vuestro yo del pasado). No os digo que no piséis nunca más un restaurante o la tienda de comida preparada del barrio, pero tened en cuenta que son un negocio. Si sus dueños pueden recortar gastos usando ingredientes baratos y disimularlo (a menudo añadiendo azúcar o glutamato monosódico), lo harán (aunque con ello reduzcan la calidad nutritiva del producto final).

Planificad. Aprovechad el fin de semana y cocinad para varios regimientos. Congelad alegremente los restos del botín para aquellos días (que invariablemente llegarán) que aterricéis en casa tarde, hambrientos y sin ganas de oír hablar siquiera de pisar la cocina. Y si el martes utilizáis las hojas de col más grandes y verdes para hacer fajitas, el miércoles aprovechad las demás para preparar un delicioso trinxat de col con ajo y panceta (que será perfecto para el tupper del día siguiente).

 

¿Y el picoteo y el postre?

Si sentís ansia de picoteo, tirad de frutos secos, coco fresco, chocolate 100%, huevos duros o embutido de calidad (sin dextrosas ni porquerías varias), aunque lo más probable es que os sorprenda la llegada de la hora del almuerzo (especialmente si echáis mano del célebre café a prueba de balas para desayunar) y que os olvidéis de merendar.

 

 

No he incluido postres en cada toma porque creo que son un hábito que no conviene potenciar (tirad de infusiones, a base de insistir al final os apetecerán) 😊. No tengo nada en contra de un puñado alegre de moras, arándanos o frambuesas al día, pero desde luego una fruta generosa en azúcar después de cada comida escopetearía considerablemente la cantidad de carbohidratos diarios consumidos. Puede que sean paleo (y desde luego las prefiero a los postres tradicionales), pero (igual que con mis versiones “bastante low carb” de estos) abogo por relegar ese jugoso mango maduro a una ocasión especial.

 

Tu cuerpo manda…

Y todos somos nosotros mismos y nuestras circunstancias. Así que si esa fruta tras cada toma te sienta estupendamente y te has acostumbrado a ese chorro de miel en el café sin mayores consecuencias, es muy probable que tu sensibilidad a la insulina (actual) sea estratosféricamente superior a la mía.

El secreto es encontrar el equilibrio entre cuidarse y disfrutar de esta vida que, hasta que se demuestre lo contrario, es la mejor que tenemos.



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