Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

MTHFR o cómo «biohackear» al gen «hada madrina»

5 diciembre, 2019

MTHFR o cómo «biohackear» al gen «hada madrina»

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Imagina que hoy es la gran noche en la que el príncipe (que no solo es «príncipe», sino también un generosísimo y afable ser humano que se deja la piel en pos de la paz mundial y la felicidad universal) pretende encontrar el amor invitando a las doncellas casaderas del reino a un fastuoso baile.

La bella y abnegada Cenicienta parece condenada a quedarse en casa… hasta que su desgarradora tristeza convoca mágicamente a una oportuna hada madrina.

 

«la Cenicienta afortunada» (ni A1298C, ni C677T)

Imagina también que el hada le conjura a su sacrificada ahijada el vestido más lindo jamás visto sobre la faz de la Tierra, unos refulgentes (y comodísimos) zapatos de cristal y un peinado a la altura de ambos. También convierte a sus amistosos ratones en unos elegantísimos corceles blancos para que la lleven a palacio en una preciosa y opulenta carroza que recuerda vagamente a una humilde calabaza.

 

 

«la Cenicienta en apuros» (A1298C homocigoto o C677T heterocigoto)

Ahora imagina que el hada madrina ha amanecido con flojera y anda regular de poderes mágicos. Con mucho esfuerzo y conmovida por su profunda desdicha, logra conjurarle a Cenicienta un sugerente camisón de franela, unas chanclas hawaianas, el corte de pelo de la teniente O’Neil y un trineo tirado por dos canguros muy enérgicos pero poco obedientes.

 

«la sempiterna Cenicienta» (C677T homocigoto)

Y ahora imagina que la varita mágica se ha roto y el hada madrina, impotente, no atina más que a conjurar una vieja túnica de monje franciscano sucia y remendada, unas enormes aletas de natación de un chillón amarillo fosforito, las rastas de Bob Marley y una vieja carretilla embarrada tirada por dos topos malhumorados y cortos de vista.

Coincidiréis conmigo en que por muy bella, bondadosa y felizmente casadera que sea Cenicienta, las probabilidades de que el príncipe caiga enamorado a sus pies no son las mismas en las tres situaciones. En la primera, el éxito está casi asegurado. En la segunda, cabe la posibilidad de que el hombre vea más allá de la cabeza rapada y acabe por enamorarse también, aunque no sin ciertas reticencias. Y en la tercera… haría falta un milagro para que la buena Cenicienta abandonase la soltería y se sentase en el trono.

 

 

Y la única diferencia entre estos resultados tan dispares es la eficacia de la magia que conjura el hada madrina, que para convertir calabazas en carretillas y ratones en topos, cierta habilidad sí hay que tener.

 

MTHFR (A1298C o C677T)

MTHFR es un gen fascinante, una de las rutilantes estrellas de la nutrigenómica actual y el responsable de codificar la enzima del mismo nombre, la metilentetrahidrofolato reductasa¹. Se le apoda el «maestro de la metilación» porque es el interruptor que la hace posible, transformando el folato dietético (la vitamina B9 de verdad, ved aquí por qué no hay que confundirla con el ácido fólico) en su forma bioactiva.

Y el ciclo de metilación vendría a ser la magia del hada madrina (en este vídeo lo explico un poco). Es el proceso bioquímico que impide que células rebeldes se conviertan en cancerosas, que los neurotransmisores se desajusten o que el sistema inmune pierda eficacia, al tiempo que protege las neuronas y nos libra de los tóxicos y metales pesados. Así que es absolutamente crucial porque, si funciona como debe, nuestro riesgo de enfermar disminuye considerablemente.

Y es que si el hada aparece (y tanto ella como su varita están en óptimas condiciones), el príncipe no podrá resistirse a sus encantos y Cenicienta dejará de dormir sobre la ceniza de la chimenea.

Aunque, como en todos los cuentos, algún contratiempo tenía que aparecer. Debido precisamente a su presencia en tantos frentes, una metilación ineficiente (causada por una nutrición deficitaria o por mutaciones en los genes que regulan su ciclo) puede desencadenar una plétora de condiciones indeseables, desde el envejecimiento prematuro, el cáncer, la enfermedad coronaria, el autismo, el alzhéimer, las enfermedades neurológicas (como la epilepsia o el párkinson), el trastorno bipolar, la depresión, la esquizofrenia, la fibromialgia, la sensibilidad a los químicos, las migrañas, las embolias, el lupus y demás condiciones autoinmunes, como la esclerosis múltiple o el asma, las disfunciones de la tiroides, las infecciones crónicas (como el herpes recurrente), la neumonía, las reacciones alérgicas, la ansiedad crónica, las trombosis, la artritis, los problemas digestivos (como el síndrome del intestino irritable) o la psoriasis, hasta los abortos espontáneos.

Y hay dos variantes genéticas que se sabe afectan (y mucho) a la habilidad de nuestra particular hada madrina, la mágica MTHFR.

 

«La Cenicienta en apuros» (que pretende llegar a palacio en un trineo tirado por dos canguros y conquistar al príncipe en camisón) tendría las variantes MTHFR A1298C homocigoto o C677T heterocigoto², que se calcula la hacen un 40% menos eficiente en la tarea de convertirse en reina. Y «la sempiterna Cenicienta» (que intenta llegar al baile en carretilla, con el pelo rastafari, la túnica raída y los pies de pato) habría tenido la mala suerte de nacer con el polimorfismo C677T homocigoto, que la condenaría a ser un 70% menos eficaz en su cometido. Aunque (incluso para ella) este cuento también puede tener su final feliz.

 

«Biohackeando» a MTHFR

Para ponerle el broche final a la analogía, imagina que hay cierta poción que el hada puede tomar para aumentar su habilidad mágica cuando amanece con flojera, que encima puede devolver su colosal poder a la varita rota. Y es algo tan sencillo como… un complejo vitamínico. Y es que aunque «la Cenicienta en apuros» y «la sempiterna Cenicienta» lo tengan más difícil que «la afortunada Cenicienta», se sabe que una alta disponibilidad de folato bioactivo puede contrarrestar su mala suerte. Así que aunque nos toque el hada madrina con la varita rota, no está todo perdido.

Solo tenemos que procurarnos unos niveles suficientes de magnesio y de vitaminas B2, B12 y B9 (básicamente porque MTHFR necesita tanto B2 como B12 para activar la B9 y llevar a cabo sin contratiempos el ciclo de metilación) y no boicotearnos con formas bioquímicas que lo entorpecen (como la «no-B12» o cianocobalamina y la «no-B9» o ácido fólico que protagonizaron este sermoneo).

Las generalizaciones son odiosas, así que nunca recomendaría suplementar universalmente, pero sí reducir el consumo de alimentos «fortificados» con ácido fólico (como los cereales y ultra-procesados en general) y aumentar el de huevos (con la yema cruda, a poder ser), pescado azul (idealmente pequeño, como las sardinas o la caballa), ensaladas con hojas de colores intensos y casquería (de calidad, eso sí).

 

 

Aunque no está de más darle una oportunidad al buen hacer de las vitaminas del grupo B si sospecháis que el hada madrina no está en plena forma y vuestra metilación no está funcionando como debería, especialmente si alguna de las condiciones mencionadas es una vieja conocida, vuestra o de la familia.

 

¿Y cómo sé qué tal anda mi hada madrina?

En el mundo ideal de los cuentos, bastaría con analizar los niveles de folato y vitamina B12 en sangre para extrapolar si el ciclo de metilación está funcionando como debería. En el mundo real, lamentablemente, no es tan sencillo. Las técnicas de análisis actuales no distinguen entre el ácido fólico artificial y el folato dietético utilizable, así que arrojan como resultado la concentración en sangre de la suma de ambos. Vamos, que podemos estar acusando un déficit escandaloso de B9 pero no enterarnos jamás. Y los niveles altos de B12 en sangre pueden indicar, precisamente, que no se está utilizando (y no que andamos sobrados, que es lo que tendemos a deducir).

Sinceramente, este es uno de los pocos motivos por los que creo que a día de hoy vale la pena hacerse un análisis nutrigenómico³, aunque hay ciertas pistas que nos pueden hacer sospechar que a nuestra Cenicienta le está costando horrores conquistar al príncipe sin necesidad de recurrir a él.

Si tienes una determinación férrea, una capacidad de concentración a prueba de bombas y tu jefe te adora porque te dejas la piel en el trabajo, pero sueles tener dolores de cabeza, las manos y pies fríos, problemas para concebir (seas hombre o mujer) y cierta tendencia a presentar ansiedad y un ánimo deprimido (que curiosamente remite cuando comes ensaladas con hojas de colores intensos), a menudo acompañado de niveles altos de homocisteína en sangre (por encima de los 7 u 8 mmol/l) o familiares de primer grado con síndrome de Down, dificultades del desarrollo o un diagnóstico de autismo, es muy posible que tu Cenicienta necesite un poquito de ayuda adicional.

 

 

Y es que por mucho que la nutrigenómica esté llamada a convertirse en la piedra angular de la biomedicina del futuro, lo cierto es que aún está a años luz de poder predecir qué tipo de aproximación dietética o alimento concreto complace a nuestros genes.

Aunque sí ha avanzado lo suficiente como para echarle un cable a nuestra Cenicienta particular, que, por muy virtuoso que sea, ¡ningún príncipe de cuento de hadas se plantearía casarse con un monje rastafari!

 


Curiosos y amantes de la causa, no dejéis de ver las fuentes del presente cuento en el imperdible libro de la Dra. Amy Yasko, Feel Good Nutrigenomics y la obra maestra del Dr. Ben Lynch, Dirty Genes, ya felizmente traducido al español como Limpia tus Genes, así como los artículos acerca de los porcentajes de eficacia del buen MTHFR en función de sus SNPs, sus polimorfismos o variantes genéticas, aquí y aquí.

 

(1). Sí, el apodo de «gen hada madrina» es fruto de uno de mis habituales desvaríos. 

(2). Cada gen que conforma nuestro amado ADN cuenta con dos alelos, uno en el cromosoma que hemos heredado de mamá y otro en el de papá. Se dice que un gen es homocigoto cuando ambos son idénticos y heterocigoto cuando no.

(3). Si tenéis curiosidad, a día de hoy ofrezco estos análisis genéticos. Analizan el gen, interpretan los resultados y emiten un informe con los requerimientos diarios tanto de folato, como del resto de vitaminas. 



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