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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

El fin del Alzhéimer (el protocolo del Dr. Bredesen)

3 octubre, 2018

El fin del Alzhéimer (el protocolo del Dr. Bredesen)

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Todos conocemos a un superviviente de cáncer, pero nadie conocía a un superviviente de alzhéimer… hasta ahora. 

El Dr. Dale Bredesen es un neurólogo formado en Caltech, una de las mejores universidades norteamericanas. Y aparte de ser un científico e investigador biomédico en extremo minucioso… “los tiene cuadraos”.

Si mi idolatrado Thomas Seyfried pasará a la historia como un poderoso revulsivo en la lucha contra el cáncer, podéis apostar a que Dale Bredesen marcará un hito en los tratados de neurología por ser quien dio el volantazo que permitió confinar al sibilino alzhéimer dentro del cajón de los retos superados.

Igual que ya pasó la época en la que uno “se moría de fiebres” sin que nadie ahondase más allá, por fin la era en la que alguien “muere de alzhéimer” tiene los días contados. Ya no habrá que poner cara de póker ni decir “cuánto lo siento… si puedo ayudar en algo, contad conmigo” cuando se nos diga que alguien tiene alzhéimer. Y es que esta condena vitalicia de causa desconocida ya no lo es. Las preguntas que haremos de ahora en adelante serán ¿Está mejor de su alzhéimer? ¿Ya sabéis qué lo provocó?”

 

dale bredesen

 

La paciente cero

La madre de Kristin murió después de 18 largos años de insidioso declive. Fue ausentándose paulatinamente hasta que, todavía viva, abandonó este mundo. Años después y tras recibir su propio diagnóstico de alzhéimer, Kristin dejó de ser provechosa para las compañías de seguros (cubrir los prohibitivos costes de una residencia vitalicia no es rentable), por lo que todas le negaron la posibilidad de contratar un seguro de cuidados a largo plazo. Desesperada ante un futuro ineludible de demencia progresiva en soledad, decidió suicidarse. Por pura serendipia, le confesó sus intenciones a una amiga que conocía la larga retahíla de estudios en los que el Dr. Bredesen había logrado revertir el alzhéimer en ratones. Como último recurso y sin muchas esperanzas, Kristin acudió a él, ofreciéndose como paciente cero.

Hace ya 6 años que Kristin se embarcó en su propia epopeya contra el deterioro cognitivo. Y, hasta la fecha, sigue ganando ella.

 

el fin del alzheimer

 

Hoy se cuentan por cientos los pacientes que han revertido su alzhéimer gracias a ReCODE (por “Reversal of Cognitive Decline”), el protocolo que el Dr. Bredesen compuso a partir de sus investigaciones en el laboratorio. Ha sido precisamente su aproximación holística a la condición lo que le ha permitido vencer donde las farmacéuticas han fracasado. Recomiendo encarecidamente oírle exponer sus tesis si os defendéis con el inglés: os contagiará su motivación y pasión infinitas.

 

Alzhéimer como mecanismo de defensa 

Si habéis llegado hasta aquí, probablemente sabréis que los cerebros con alzhéimer, además de un volumen muy disminuido, presentan las temidas placas de amiloide que se utilizan como criterio diagnóstico. Y en ellas radica el error en el que la investigación médica farmacológica ha venido incurriendo. El objetivo más recurrente es lograr un fármaco capaz de eliminar las placas de amiloide sin siquiera preguntarse por qué están ahí. Esta aproximación se ha demostrado reiteradamente inútil para detener (y por supuesto revertir) el alzhéimer, básicamente porque el amiloide no es el enemigo, es un mecanismo de defensa, un arma que el cerebro blande para contrarrestar ataques.

Así que reducir las placas de amiloide no solo no detiene su formación ulterior (ni el inexorable avance del deterioro cognitivo), sino que tampoco pone fin a la exposición que las causó en primer lugar y encima obliga al cerebro a someterse a la afrenta a pecho descubierto.

 

 

Imaginad que estáis al mando de un pequeño ejército y os veis arrastrados a una guerra en la que rendirse no es una opción. Si os atacan inesperadamente, echaréis mano de todas las armas de largo alcance que tengáis y responderéis a la ofensiva. Si fracasáis, os veréis obligados a sacrificar a vuestras tropas en el campo de batalla (desde los escuadrones de infantería hasta vuestros oficiales más cercanos) con la esperanza de detener la embestida. Eso mismo hace el cerebro. Para mantenerse vivo, renuncia progresivamente a sus tejidos y habilidades. Y lo primero que sacrifica es la capacidad de crear nuevos recuerdos.

Pero el Dr. Bredesen trae un mensaje esperanzador: poniendo fin al ataque antes de que sea demasiado tarde, el cerebro se regenera. De ahí la importancia de la prevención y la detección temprana.

La primera fase es identificar y eliminar la afrenta para que el cerebro deje de defenderse y pueda intentar recomponerse. El Dr. Bredesen ha identificado 36 causas potenciales, que a su vez pueden clasificarse en escasez de nutrientes esenciales para el cerebro, exposición a tóxicos, la ubicua resistencia a la insulina y factores causantes de inflamación sistémica crónica.

Así, igual que hoy en día las “fiebres” ya no son “fiebres”, sino “fiebre debida a una infección por staphylococcus” o “fiebre debida a una infección por virus respiratorio sincicial”, también el “alzhéimer” tendrá su apellido. Y según cuál sea, se aplicará una solución u otra. Podrá ser “alzhéimer por exposición a moho“, “alzhéimer por intoxicación por mercurio“, “alzhéimer por inflamación sistémica por estrés crónico y sedentarismo, alzhéimer por uso de estatinas con presencia de gen APOE4” o “alzhéimer por resistencia a la insulina acrecentada por una dieta de alta carga glucémica y pobre en nutrientes“.

 

Corte coronal de un cerebro sano versus uno con alzhéimer (Imagen cortesía de US National Institute on Aging)

 

Alzhéimer reversible… por fin

Tal como adelantaba el Dr. O’Bryan en su “The Autoinmune Fix“, los avances médicos tardan una media de 17 años en salir del ámbito académico y empezar a ser aplicados en las consultas.

Aquellos que lamentablemente ya hayan echado a andar por la senda del alzhéimer (y sus resignados seres queridos) no deberían tener que sufrir su implacable agonía mientras esperan a que esta información llegue a sus ocupados neurólogos, convencidos de que no hay nada que se pueda hacer. Porque sí lo hay… y mucho. No os sorprenderá saber que la aproximación dietética que pauta el protocolo del Dr. Bredesen es una dieta cetogénica con ayuno intermitente. Os contaré por qué cuando os presente “Antídoto para el alzhéimer” de mi admirada Amy Berger, pero, hasta entonces, por favor, no perdáis más tiempo. El mejor día para empezar a cuidaros fue hace veinte años, pero el segundo mejor día es HOY.

“por favor… empezad hoy vuestra propia epopeya, por vuestro yo de mañana



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