Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Nutrigenómica: La nueva ciencia del bienestar

2 febrero, 2018

Nutrigenómica: La nueva ciencia del bienestar

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Puede que aún no tengamos monopatines voladores, pero ya asoma la cabeza la nutrición personalizada del futuro: la nutrigenómica. Y quién mejor para contarnos en qué consiste que el Dr. José Mª Ordovás, un auténtico «pez gordo» de la disciplina.

 

 

Zaragozano afincado en Boston, tiene un curriculum que tira para atrás al más aguerrido. Además, entre líneas se aprecia claramente que no solo sabe una barbaridad de nutrigenómica, sino también de literatura, historia y erudición variada en general. ¡Confieso que jamás le retaría a un Trivial! Y es que soy plenamente consciente de que a veces sueno pelín sectaria e intransigente en mis opiniones, pero a él no osaría llevarle la contraria ni harta de vino 😊

Sabed que, desde que descubrí su inmenso poder, he leído infinidad de libros sobre nutrición. Y aunque la gran mayoría me han resultado de enorme interés, ninguno había satisfecho simultáneamente mis ansias de aprender y mi amor por la literatura… ¡Hasta este! He aquí una joya de libro que no solo os  recomiendo con ahínco por lo que dice, sino por cómo lo dice. No es poesía, ¡pero casi! Los títulos de los capítulos merecerían ser cincelados en piedra.

 

 

Así que no descartéis su lectura porque las clases de biología del instituto se hayan convertido en un recuerdo borroso. No encontraréis en absoluto largas disertaciones sobre ciclos metabólicos y rutas bioquímicas. Sí describe los avances de quienes se han propuesto engarzar las piezas del colosal puzzle que compila las interacciones entre genes, nutrientes y salud, pero no está escrito para doctorandos en nutrigenómica.

De lectura amena y ligera, resulta en extremo recomendable para todo aquel que tenga un mínimo interés en disfrutar de una vida larga y feliz (o una mínima curiosidad por entender qué ofrece la nutrigenómica como disciplina). Y desde luego logra su objetivo: transmite de manera más que comprensible (y apta para profanos) qué es, en qué grado de desarrollo se encuentra y qué cabe esperar de ella.

También incide en que la artillería pesada contra las enfermedades crónicas no transmisibles (como las patologías cardiovasculares, las neurodegenerativas, el cáncer y la diabetes tipo 2), en gran medida culpables de que nuestro bienestar disminuya considerablemente, es la prevención. No esperemos a que truene para rezar a Santa Bárbara. No busquemos que una pildorita nos cure una vez implantada la enfermedad. Seamos conscientes de que somos nosotros mismos, encarnados en nuestras elecciones diarias, los últimos responsables de nuestra salud.

No podemos controlar todos los factores ambientales que nos harán más o menos proclives a desarrollar estas enfermedades, pero sí podemos dejar de fumar, hacer algo de ejercicio, comer de manera saludable, abrazar más árboles, aprender a relativizar esas «horribilitis» que nos aquejan, limitar el estrés, priorizar el cultivo de nuestra mente y decir «te quiero» más a menudo.

El libro también transmite a la perfección el bello mensaje de que la genética que nos ha tocado en suerte no es una condena vitalicia, sino que podemos modularla a través de nuestro estilo de vida (en especial, por supuesto, de los alimentos que elegimos).

 

 

Confieso que este libro ha sido en gran parte responsable de que eligiera la nutrigenómica como temática central de mi trabajo de fin de grado. Creo sinceramente que será la base de la nutrición personalizada del futuro y que tiene el potencial de marcar la diferencia en la lucha contra la creciente prevalencia de las enfermedades crónicas que, no solo provocan una profunda desazón, sino que representan una carga tremenda para las arcas de la sanidad pública.

Y es que a pesar del enorme desafío inherente a la monumental tarea que ha emprendido la disciplina, parece que va venciendo obstáculos con rapidez. Parafraseando al Dr. Ordovás, al que reservo un lugar de honor en mi lista de sabios favoritos, si la medicina ha logrado que vivamos más, la nutrigenómica podría ser la ciencia que haga que vivamos mejor. A mí no me cabe duda.



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