Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Empanada low carb universal (o «tradición multicultural»)

24 enero, 2018

Empanada low carb universal (o «tradición multicultural»)

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Sean de bonito, de ternera, de riñones, de espinacas o «la que hacía mi abuela la del pueblo», pocas propuestas despiertan tanta unanimidad en una mesa como la de compartir una jugosa empanada. Y es que una tradición que consigue poner de acuerdo a gallegos, argentinos, ingleses y libaneses, bien vale la pena el esfuerzo que ha supuesto dar con esta opción low carb para disfrute (propio y) universal.

 

 

Sabed que creo firmemente que esta (muy trabajada) versión de la ubicua empanada engañaría (una vez horneada) a un comedor habitual de cualquiera de las cuatro nacionalidades (y de las demás también). He aquí una de las ventajas añadidas de la harina de soja¹ (además de su ínfimo índice glucémico y alto contenido en proteínas): que tiene cierto poder aglutinante y (como el trigo) no sabe a nada².

(1). No soy fan de las legumbres (ni de la soja en particular), pero abogo por recurrir a ellas ocasionalmente para evitar males mayores (curiosos ved más detalles en Legumbres: el veneno está en la dosis). 

(2). Los paleo estrictos, ¡no dejéis de pasaros por mi idolatrada empanada de harina de sésamo sin legumbres!

 

 

Como hoy me he levantado más bien galleguiña (y la disponibilidad de mi despensa resultaba óptima), me he decidido por un relleno tradicional gallego a base de bonito, huevo duro y un delicioso pero ultra-sencillo sofrito de cebolla, pimiento rojo y tomate. Pero no dudéis en cambiarlo a vuestro antojo según os hayáis levantado vosotros y/o lo que haya en vuestro frigorífico.

 

 

En cuanto a la masa, calculad que, para mi bella empanada de 20 cm de diámetro, he usado:

  • 3 huevos,
  • 12 cucharadas de harina de soja (más o menos, dependerá del tamaño de los huevos)
  • 100g de mantequilla blandita y
  • un pellizco de sal,

 

 

que me he limitado a mezclar para hacer una bola, envolverla en papel film y dejarla reposar en la nevera un ratillo.

Una vez reposada y fresquita, hay que dividirla en dos mitades y extenderlas entre un cachillo de papel de horno y otro de film. Si hace calor o el horno (que ya podéis precalentar) anda muy cerca, quizás mejor darles a las tortas plastificadas un toquecillo más de fresquito antes de aventuraros a montar la empanada en cuestión.

 

 

¡Y ahora viene la parte divertida! Colocad una de las tortas sobre un molde cubierto con el papel de horno hacia abajo (yo uso solo la base de un molde desmontable que retiro cuando está montada la empanada). Retirad el papel film, pinchad la masa de la base con un tenedor y esparcid por encima el relleno. Cubridlo todo con la otra torta (retirándole primero el papel de horno, que la hace menos manejable y dejando el film hacia arriba para poder sacarlo alegremente cuando ya esté colocada.

Eso sí, una de las limitaciones de la harina de soja es que (al carecer de gluten) no es ni por asomo tan manejable como la de trigo, así que (al menos yo) no consigo darle la forma trenzada típica a los bordes. Pero, francamente, se lo perdono. Me limito a cortar los bordes a un centímetro del cierre y unirlos con el dedo formando una suerte de rueda dentada.

 

 

No os preocupéis si se os rompe la masa, recomponedla con toda tranquilidad (al hornear se amalgamará).

Y aquí toca pintar con huevo batido para que se dore, coronarla (o no) con semillas de sésamo para mayor belleza y pincharle 3 o 4 mini-respiraderos para darle una vía de escape al vapor de agua y minimizar el riesgo de rotura.

Hornead la empanada a 180º (a mí me tarda unos 20 minutos). El olor ineludiblemente os guiará, pero mejor id controlando no vaya a ser.

¡Y lista! Mirad qué maravilla de empanada sin apenas carbohidratos que me he agenciado. Nada que envidiarle a las versiones con gluten y high carb (que las trencitas en los bordes son muy cucas, ¡pero nadie se las come!)

 

 

Confieso que todavía no sé cómo queda congelada. Hasta la fecha nunca ha sobrado una miga y no he podido comprobarlo. A ver si la próxima vez me auto-obligo a que sobre un poquiño… todo sea por la causa.



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