Admito que con Italia mantengo una relación de amor-odio¹: la amo locamente, pero también me repatea en lo más profundo. Y es que la patria de la pizza y del tiramisú cobija visiones, sonidos, historias, olores y sabores sublimes que me han sumido en un profundo síndrome de Stendhal… y otros tantos que me han sacado de él abruptamente de puro cabreo 😀
Pues sabed que estos bellos pinchitos se ubican en el primer grupo: he aquí una versión brocheta de la eterna ensalada de mozzarella, tomate y albahaca. Imposible (improbable al menos) encontrar un aperitivo que aporte tanto placer y gratificación por unidad de esfuerzo y dinero invertido.
Es una combinación clásica con la que no se puede fallar, que solo requiere que ensartéis alegremente unas mini-mozzarellas y unos tomatitos cherry en unas brochetas (decoradas -o no- con hojas de albahaca fresca) y las aliñéis con aceite de oliva y sal. Si la ocasión lo merece, un toque de salsa pesto escopeteará automáticamente estos modestos pinchos a la categoría de delicia stendhaliana.
(1). Debo admitir que, en el fondo, lo mío con Italia no es una relación amor-odio, es más bien pasión-rabiosa-no-correspondida 😊
