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Nutricionista, psicóloga y keto coach apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Tarta de queso low carb con fresas o «me rindo, tú ganas»

23 abril, 2019

Tarta de queso low carb con fresas o «me rindo, tú ganas»

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No, no soy de piedra. Confieso que hoy, para celebrar el alegre día del libro (que en Cataluña viene dulcemente escoltado por una rosa), me he rendido. Mi (generalmente férrea) voluntad ha sucumbido a una tentación obscenamente deliciosa (pero de perfidia controlada): la irresistible tarta de queso low carb con fresas.

Así que sí, admito que hoy ha ganado ella… aunque lo cierto es que muy abatida no me siento 😊

 

tarta de queso low carb sin gluten con fresas

 

Imaginaos el bocado: la dulce acidez de la gelatina de coulis de fresas, la untuosidad de la mousse de mascarpone aromatizada con limón y la turgente esponjosidad del bizcocho de almendra y yogur… Sospecho que la combinación es capaz de tentar a las mismísimas piedras… ¡cómo iba a resistirme yo!

Miradla y decidme si no merece la pena echar un ratillo en la cocina para poder sucumbir al rotundo placer de esta pecaminosa delicia con la paz espiritual de saber que no lleva ni gota de gluten, ni de azúcar, ni de aditivos raros. Yo firmo 😊

 

 

Lo cierto es que es uno de mis postres favoritos-para-siempre-jamás. Ya sé que está feo que lo diga yo, pero queda soberbio… Y es mucho más fácil de lo que parece, solo requiere un poquito de paciencia y ganas de pasteleo.

He utilizado dos moldes, uno grande para hacer el bizcocho (y recortarlo para que quedase aún más bello y uniforme) y otro (este desmontable sí o sí) para cuajar la tarta propiamente dicha. Obviamente, no es necesario, pero el truco tiene la ventaja añadida de que obtendréis un valioso alijo de retales de bizcocho (que podréis congelar alegremente y embadurnar de café el día que decidáis regalaros un sublime tiramisú).

 

 

Para el bizcocho, he seguido la receta del chaleco salvavidas low carb (que tenéis aquí) para tres huevos y la he cocido en un molde de 28cm de diámetro. La he dejado enfriar sobre una rejilla (para evitar que el vapor hierva el bizcocho) y la he recortado alegremente para que encajase bien con el molde desmontable (este era de 22cm de diámetro).

¡Esencial! Poned papel de horno bajo el bizcocho antes de acomodarlo en el molde definitivo si esperáis desmoldarlo sin tener que suplicar clemencia a todos los santos. Y, si vais «pa’ nota», colocad papel de acetato adicional alrededor del borde. Si dejáis solo el papel de horno también podréis desmoldarlo entero, pero se marcarán las inevitables dobleces. Con el extra de plástico duro queda liso y perfecto.

¡Y ya tenemos la primera fase de nuestro trifásico!

 

 

La mousse de mascarpone es una de esas maravillas que irremisiblemente nos recuerdan la suma alegría de la existencia… ¡y es tan fácil!

Para una segunda fase generosa, he utilizado 200g de nata para montar, 200g de mascarpone, edulcorante (una cucharada de xylitol), el zumo de un limón, la ralladura de su piel y 2 hojas de gelatina.

Primero, disolved la gelatina prehidratada y el edulcorante en un par de cucharadas de nata bien caliente, luego añadid el zumo de limón, la ralladura y el mascarpone y mezcladlo todo con la nata restante montada bien fría. Volcadlo con cariño sobre la base de bizcocho y a la nevera con ello. Dejadlo al menos un par de horas antes de pensar siquiera en la tercera capa: la obscena (aunque súper fácil) gelatina de coulis de fresa.

 

 

Para coronar la tarta, mezclad el zumo de otro limón, un par de puñados de fresas cortadicas y un chorrillo de agua. Llevadlo a ebullición a fuego lento hasta que las fresas se deshagan (tardan apenas 10 o 15 minutos). Mientras, poned a hidratar otra hoja de gelatina.

Cuando las fresas tengan una pinta de coulis que tire «p’atrás», añadidles edulcorante al gusto (yo le echo apenas una cucharadita de xylitol), retiradlas del fuego y disolved la gelatina.

Dejad que se enfríe la mezcla antes de volcarla sobre la mousse, que si no deshará la parte superior y (aunque la tarta estará tremenda igual) las «interfases» no quedarán tan limpias.

 

 

¡Y ya está!!! Solo queda esperar a que cuaje la indecente gelatina de fresa, desmoldar con muuuucho amor y sentaros a admirar la belleza de vuestra obra… justo antes de caer rendidos a su exquisitez.

Y para los curiosos, aquí os dejo el análisis nutricional de la receta. Voy a regodearme un poco más en mi dulce derrota 😋

 

tarta de queso low carb sin gluten con fresas

 

Eso sí, entre la nata, el mascarpone (ved aquí por qué hay que racionar los lácteos) y el edulcorante (ved aquí por qué no conviene abusar), el chute insulínico es inevitable, así que relegad esta delicia a días en los que la ocasión merezca que sucumbáis a la tentación.



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