Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Coca prebiótica (para alimentar al «lobo bueno»)

27 agosto, 2019

Coca prebiótica (para alimentar al «lobo bueno»)

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La antigua tradición Cherokee dice que dentro de todos nosotros conviven dos lobos en constante lucha. Uno es bondadoso, compasivo y alegre. El otro es agresivo, egoísta y ruin. Adivinad cuál dice la leyenda que gana las sucesivas batallas diarias y se alza con la victoria final… Pues, ineludiblemente, «aquel al que alimentamos».

 

 

Algo así ocurre también con la microbiota que hospedamos. En nuestro intestino tiene lugar una contienda eterna entre distintas cepas de bacterias y microorganismos, unos que nos protegen de las infecciones y nos aportan nutrientes (algunos esenciales, como la vitamina K)… y otros que nos provocan las primeras y nos roban los segundos.

Aún estamos muy lejos de comprender las intimidades de los contrincantes y los pormenores de la guerra (no os perdáis lo que nuestra experta en microbiota, Natalia, nos cuenta sobre ella en El Microbioma y el Sistema Inmunológico), pero sí existe cierto quórum en cuanto a qué alimenta al “lobo bueno”… y qué alimenta al “lobo malo”.

 

 

Apuesto a que no os sorprende saber que los procesados abarrotados de azúcar alimentan a las cándidas y otros huéspedes poco halagüeños, mientras que las bacterias consideradas «buenas» parece que se regodean fermentando la fibra que nosotros no podemos digerir.

Así que las dietas ricas en fibra (que no debemos confundir con aquellas repletas de cereales inflamatorios y de alto índice glucémico, por muy integrales que sean) se postulan como el mejor dopaje (lícito) para inclinar la balanza hacia nuestro afable «lobo bueno».

 

 

Y poquita cosa encontraréis por ahí con más fibra que esta coca (de ahí el apodo de «prebiótica» o «que ejerce de sustrato o alimenta a la microbiota»), que además es «tri-apta» (léase keto, paleo y vegana). Y encima está estupenda. Es un fenómeno de la naturaleza, vamos.

Para hacerla, me he limitado a apañar la versión sin lácteos de mi muy adorada masa quebrada de aguacate o «el tiempo es oro… y el aguacate también», coronarla con las delicias diversas que el buen destino había dispuesto que coincidieran en mi nevera (cebolla, olivas, pimientos, champiñones, tomate y albahaca) y hornearla apenas 10 minutos a 180º.

 

 

Y ya veis qué colorido y bello dopaje le ha caído hoy a mi bienhechora microbiota.

Será la pura autosugestión, pero ya creo notar el chute de vitamina K recorriendo mis venas… y oír a mi «lobo bueno» aullar de felicidad convenientemente dopado. Aunque la guerra no haya llegado a su fin, la batalla de hoy está ganada 😁

 



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