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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Timbal o «la argentinidad, como el sarampión,

31 agosto, 2019

Timbal o «la argentinidad, como el sarampión,

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… es contagiosa» (Mario Vargas Llosa)

Doy fe. Apenas un bocado de esta delicia y ya siento mi «argentinidad» aporreándome el pecho (desde dentro)… ¡Madre de Maradona! Menuda ambrosía de los dioses he desayunado hoy. Ha sido como subir al cielo y morder una nube (con sabor a atún) 😁

 

 

Aunque ya antes de probarlo tenía la semillita de la «argentinidad» bien arraigada, gracias a mi amor por Julio Mazziotti, por Les Luthiers y por mi compi, Natalia, quien a pesar de tener unos envidiables niveles de insulina (y ninguna necesidad de pasarse al low carb) ha tenido el detalle de instruirme en el noble arte argentino de los timbales. Para ti va este celestial timbal low carb. ¡Gracias, mujer! 😘

 

 

Y es que, independientemente de vuestro grado de «argentinidad» («actual», que es verdad que se pega), imaginaos el placer de saludar felizmente al nuevo día saboreando… ¡una nube!

Acepto que quizá no sea un desayuno para cuando aquejen prisas o perezas varias, pero en un día plácido de verano es una auténtica gozada (y mucho más sencillo de lo que parece). Solo necesitáis una batidora y 10 minutos escasos (o un brazo hercúleo o paciente y algún minutejo más).

 

 

La idea es sustituir las crêpes que darían forma al timbal argentino típico por «nube-tortillas», una suave delicia que se logra sencillamente separando las claras de las yemas y montando las primeras a punto de nieve antes de unirlas de nuevo. Es súper fácil, pero queda soberbio, como una «tortita-soufflé»  ultra-fácil y veloz. Nadie sospechará que no es más que huevo.

Para hacer las seis tortitas de los dos timbales, han bastado (y sobrado) dos huevos (ha salido una extra que me he visto obligada a probar -y esconder inmediatamente- por aquello de la paridad). Para cada tortita, he dorado un par de cucharadas de la mezcla nebulosa salpimentada sobre una plancha con mantequilla. Y en apenas un minuto, les he dado la vuelta con toda alegría.

 

 

Como acertadamente supondréis, el timbal admite tantas capas como os permita vuestra paciencia y acepta que las rellenéis con lo que os apetezca más.

Hoy, básicamente porque era lo que buenamente tenía, he cubierto las «nube-tortillas» de abajo con un pelín de tapenade de olivas negras y atún desmigado. Luego he colocado una segunda, que he corononado con una rodaja de tomate aliñado y unas hojiñas de lechuga rizada.

 

 

Y les he puesto la guinda con una tercera tortita, una olivilla y un pelín de semillas de sésamo, antes de servir los timbales templaditos.

Debo decir que en mi pecho no retumbaba solo la «argentinidad» creciente, sino también el orgullo colosal de aparecer, tras apenas 10 minutos, con esta suave y esponjosa ambrosía de los dioses, sin gluten, paleo y low carb, ante el asombro de la concurrencia.

 



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