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Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Mardi Gras King Cake (un loco Carnaval sin colorantes)

9 febrero, 2019

Mardi Gras King Cake (un loco Carnaval sin colorantes)

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Con el permiso de cariocas, tinerfeños y venecianos, mi medalla de oro al carnaval más loco y original es para el Mardi Gras de Nueva Orleans (aunque no he ido a ningún otro, así que cabe la posibilidad de que mi juicio no sea muy fiable) 😊

Qué barbaridad. Louisiana es un estado curioso. No solo ofrece inhóspitas marismas repletas de caimanes, voces desgarradoras acompañando acordes de jazz improvisados y curiosos drive thrus de mojitos (sí, además de hamburguesas con patatas fritas, uno puede comprarse una litrona de mojito sin salir del coche), también se monta una parranda increíble por carnaval.

 

 

Para que os hagáis una idea, desde las carrozas se reparten collares de cuentas a las chicas que se levantan la camiseta (en teoría, que en la práctica a una la acribillan a cuentas tricolores enseñe los pezones o no). Y absolutamente todo se engalana de verde, amarillo y morado.

Incluso el postre típico, el King Cake (una versión sureña del castizo roscón de Reyes con un exquisito sabor a canela) viene ineludiblemente decorado con glaseado tricolor. Y aunque es una bomba de colorantes, azúcar, harina y “franken-margarinas” diversas… el maldito está requete-tremendo.

 

la grosella que hace las veces del típico “mini-bebé de plástico”

 

Pues este Carnaval me he propuesto aniquilar el antojo de King Cake tricolor desde la tranquilidad de mi sofá, sin ser bombardeada con collares de cuentas… y sin colorantes. Y no solo lo he conseguido (contra todo pronóstico), también me lo he pasado bomba (y ha resultado mucho más sencillo de lo esperado). Será la medio-química que hay en mí, pero intentando lograr esos tres colores he sido rotundamente feliz 😊

 

 

Y aunque la tradición sureña dicta que se coloque la figurina de un bebé (que ejerce las veces del haba de nuestro roscón), he optado sabiamente por sustituirlo por una alegre grosella de la suerte camuflada entre deliciosos arándanos.

Y al final, para esta versión felizmente paleo del “roscón-king-cake”, han caído:

  • 200g de calabaza cocida
  • 3 huevos (claras a punto de nieve)
  • una cucharadita de impulsor químico
  • una cucharada de canela en polvo
  • edulcorante al gusto (en el mío ha caído una cucharadita de xylitol)
  • 3 cucharadas de harina de coco
  • 6 cucharadas de harina de almendra (si veis que no os queda lo suficientemente manejable, ¡añadidle más!)

 

 

que me he limitado a mezclar (tras encender el horno previsoramente a 180º). Después, he colocado la mitad de la masa formando un aro sobre un papel sulfurizado y lo he cubierto de arándanos (escoltados por la “sorpresiña” de rigor), para luego cubrirlo con la otra mitad de la masa acabando de darle forma al roscón.

En apenas media hora, estaba dorado y toda la cocina olía a mi idolatrado bizcocho de calabaza con canela, así que me he visto moralmente obligada a liberarlo de su sofocante encierro 😊

 

 

Y una vez horneado, ha llegado la parte divertida, ¡el tricoloreo! En lugar de azúcar con colorantes, he echado mano de mi amado e infalible coco rallado y lo he pintado con col lombarda, cúrcuma y té matcha. Y no, sus sabores apenas se aprecian (no esperéis un roscón sabor a col, porque ni el mejor sumiller del universo la detectaría), pero los colores quedan preciosos.

Para el “no-azúcar” morado, me he limitado a hervir un par de hojas de col lombarda con dos cucharadas de coco rallado un minutejo. Es increíble como la col tiñe todo lo que se le acerca. Enseguida era coco lila. Lo he colado y dejado sobre papel absorbente hasta que se ha secado bien (tranquilamente toda la noche).

 

 

Para el amarillo, solo he añadido las dos cucharadas de coco rallado a una tacita con cúrcuma disuelta en agua caliente. En apenas unos minutos el coco estaba ultra-teñido (mi inefable piedra filosofal particular nunca falla). Lo he colado y dejado sobre papel absorbente también.

¡Y el verde ha sido aún más fácil! Me he limitado a añadir té matcha en polvo al coco rallado hasta que ha adquirido un color lo suficientemente verde para hacerle justicia al bello king cake tricolor.

 

 

Y una vez listo el botín de coco rallado tricoloreado, me he limitado a cubrir el roscón (le he dado una capiña de aceite con una brocha para mayor adherencia “tricolo-coquil”).

Y ha quedado bellamente tricoloreado, además de rotundamente alegre y delicioso. Nada que envidiarle al original, ni en locura ni en sabor. ¡Y sin tener que someteros al torpedeo de cuentas tricolores… ni al chute de azúcar, gluten, “franken-margarinas” y aditivos diversos!

 



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