Aunque me declaro una enamorada incondicional del recetario tradicional mediterráneo, debo admitir que el anglosajón tiene algunas joyas que no desmerecerían el mostrador del mejor bar de pinchos de San Sebastián. Entenderás que no me refiera a las curiosas anguilas frías en gelatina (que también contarán con sus admiradores, pero para mí no pidas), ni al mítico fish’n’chips (cuya versión low carb que me regalo asiduamente tienes aquí), sino a los exquisitos «angels on horseback» (cuyo bello nombre se traduce por ángeles a caballo), las celestiales ostras con panceta.
Y es que no solo de pollo con cigalas, rape con panceta o lenguado con jamón viven los apasionados del mar-y-montaña, también pueden darse un merecido homenaje paleo y rotundamente keto con un alegre alijo de ostras. Además, esta es una de esas recetas súper-veloces que quedan monísimas (y deliciosas) como entrante. Y tiene la ventaja añadida de que se pueden montar los angelitos y guardarlos en la nevera hasta que llegue el momento de pasarlos por la plancha (que hay que comerlos recién hechos, eso sí).




La lista de ingredientes se limita a ostras y panceta. Tan sencilla es.
La única mini-dificultad (que tampoco lo es) es abrir las ostras. Por si no es una habilidad que domines ya, te diré que solo necesitas meter un cuchillo corto y robusto en el vértice entre las dos valvas y darle una vueltecita. Se abrirá y se vengará soltando un chorrillo de agua, así que si lo haces sujetándola con un trapico mejor.
Si el plan es impresionar a alguien, puedes aprovechar la cáscara a modo de platito dándole un agüilla. Todo sea por la causa.
Y ya solo faltará enrollar la ostriña en media lonchilla de panceta, pincharle un palillito para que no se desmorone y pasar los angelitos por la plancha. Ni salpimentar hace falta (que la panceta ya lleva sal y pimienta). Colócalos en su valvita (o no) y sírvelos bien calientes.
¡Cronometrado!
Para hacer estos cuatro angelicos, he tardado diez minutos de principio a fin.
La verdad es que, aunque los ingleses no son precisamente famosos por su gastronomía, los celestiales ángeles a caballo son exquisitos (y la ostra queda a medio cocinar, así que hará las delicias tanto de aficionados a las ostras crudas como de los comedores de moluscos reticentes a las mismas).
Y si el plan es impresionar… A la vista está que no pueden fallar.
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