Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Ceguera por degeneración macular asociada… a la dieta

11 agosto, 2019

Ceguera por degeneración macular asociada… a la dieta

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Lamentablemente, casi todos conocemos a alguien que ya no puede perderse fascinado en la mirada de la Gioconda, ni opinar con vehemencia sobre si una jugada ha sido «penalty» o no. Y si ese alguien ya ha cumplido los 55, las probabilidades de que su ceguera se deba a unos ojos que han perdido la batalla contra la llamada degeneración macular asociada a la edad son notables. Pero…

¿Y si os dijera que, en realidad, un término más preciso para describirla sería «degeneración macular asociada… a la dieta»?

¡La idea no es mía! Quisiera presentaros al Dr. Chris Knobbe, un excepcional médico oftalmólogo americano que, extrañado por las alarmantes estadísticas al alza de la que ya es la primera causa de ceguera irreversible en los mayores de 65 años, hace apenas un lustro se propuso averiguar por qué. Y lo hizo, vaya si lo hizo.

 

A día de hoy, su principal objetivo no es otro que divulgar las conclusiones de su minuciosa investigación y con ello evitar que el número de personas que cada día pierden la capacidad de contemplar los primeros pasos de sus nietos siga en aumento. Y, afortunadamente, lo está logrando.

Sí, habéis leído bien. Esa condena vitalicia de curso insidioso e inevitable con causa desconocida y propia del envejecimiento… ya no lo es. No. De hecho, eludir la ceguera por degeneración macular está en nuestra mano: se puede prevenir aplacando los genes que nos hacen proclives a padecerla. Adivinad cómo…

 

La degeneración macular

Es un trastorno ocular que nos arrebata lentamente la visión. Es otra condición que se suma a la infinita lista de enfermedades crónicas no transmisibles que esperan a que añadamos velas a nuestras tartas de cumpleaños para aposentarse a nuestra vera… y quedarse para siempre.

La mácula es la parte central de la retina. Aunque apenas supone un 4% de su superficie, es la zona encargada de captar y transmitir la imagen de aquello que enfocamos, lo que fuere que ubiquemos en el centro de nuestro campo de visión. Es la que nos permite reconocer la señal de prohibido el paso, releer por enésima vez esa vieja novela, avistar aquella estrella fugaz en una cálida noche de agosto y perdernos en la mirada cómplice de nuestros amantes.

 

Mácula sana (Imagen cortesía de Eric Wiessner)

 

A pesar de que hace apenas un siglo era un trastorno desconocido, a día de hoy es alarmantemente común. Las estadísticas hablan alto y claro: la degeneración macular acompaña a casi 200 millones de personas y cada día se diagnostican cerca de 20.000 nuevos casos.

Durante décadas, la condición se achacó a la pura lotería genética y al mero envejecimiento (de ahí su apellido de «asociada a la edad»). Sin embargo, no os sorprenderá saber que su prevalencia creciente correlaciona con la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2, la hipertensión, el cáncer y la obesidad. Aunque, afortunadamente, también comparte con ellos un factor desencadenante sobre el que sí ejercemos control: la dieta.

 

«La causa de la degeneración macular no es la genética ni el envejecimiento, sino una dieta deficitaria basada en alimentos procesados.» (Dr. Knobbe)

La afirmación es contundente, pero el buen oftalmólogo la apoya con toneladas de evidencia que ha recopilado a lo largo de los últimos años. La conclusión es clara: allá donde la dieta tradicional (repleta de alimentos frescos y densa en nutrientes) se sustituye por alimentos procesados (a rebosar de azúcar, harinas refinadas, aceites industriales oxidados y grasas trans)… aparece la degeneración macular.

Para que os hagáis una idea, así veríais la deliciosa tarta cappuccino o «si puedes soñarlo, puedes hacerlo»

 

con visión normal

 

… y con degeneración macular

 

Tampoco o sorprenderá saber que uno de los marcadores del envejecimiento de la mácula es la presencia de beta-amiloide, la proteína que os presenté en antídoto para el alzhéimer, que también se acumula en los cerebros con demencia y que comparte «basurero» con la insulina¹.

Es la historia que se repite una y otra vez: si aunamos cierta susceptibilidad genética y unos niveles de insulina permanentemente altos², la enzima encargada de degradar la insulina (y el beta-amiloide) pasará su jornada ocupada con la primera y el segundo se acumulará, en nuestra mácula… o en nuestro cerebro.

(1). ved más detalles en Resistencia a la insulina o «la caja de Pandora»

(2). porque convivimos con un estrés matador perenne o con una dieta de alta carga glucémica (a rebosar de azúcar, pan, pasta, cereales, maíz y patatas fritas) 

 

Y cómo prevenirla

¡Como siempre! Intentad que el grueso de vuestra dieta lo compongan productos frescos y perecederos de alta densidad nutricional que vuestros genes reconozcan como alimentos, que no inflamen el intestino, ni distraigan al sistema inmune de sus quehaceres. Dormid, reducid en lo posible vuestra exposición a tóxicos, moveos, salid al sol, obligaos a torear el estrés y a limar esas «terribilitis» que os aquejan, dad más abrazos y decid «te quiero» más a menudo, a los demás y a vosotros mismos.

 

 

Que no se diga que no hicisteis todo lo posible para que vuestros yoes del futuro puedan sumergirse en la sobrecogedora visión de un amanecer color de fuego… por muchas velas que añadáis a la tarta.



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