Blog de nutrición y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

“Antídoto para el Alzhéimer” de Amy Berger

10 noviembre, 2018

“Antídoto para el Alzhéimer” de Amy Berger

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No sabéis qué feliz me ha hecho encontrar un flamante ejemplar de este libro en una biblioteca pública de Barcelona. La tan esperada noticia de que EL ALZHÉIMER YA NO ES UNA CONDENA VITALICIA va venciendo reticencias y atravesando fronteras. Ya es solo cuestión de tiempo que se haga un hueco en las consultas neurológicas y alcance por fin a quienes más lo necesitan.

 

No, el título no es una hipérbole o exageración literaria

Si el motivador protocolo del Dr. Bredesen para detener (y revertir) el alzhéimer os dejó esperanzados pero un pelín aturdidos, he aquí la joya de libro que os ayudará a ponerlo en práctica. Amy Berger es una nutricionista neoyorquina a la que sigo desde tiempos inmemoriales, no solo porque me encanta y sabe una barbaridad de nutrición, sino también porque es una escritora rigurosa y un motor motivacional del carajo.

Con un prólogo firmado por el gran David Perlmutter (que ya os presenté con su imperdible Cerebro de Pan), esta minuciosa obra maestra (con más de 30 páginas de bibliografía) cumple a la perfección su digno cometido. Amy Berger ejerce de traductora y traslada los esperanzadores avances de la ciencia biomédica más puntera (a menudo escritos en lenguaje poco apto para profanos) a quienes ya no pueden permitirse esperar a que atraviesen las gruesas paredes de los laboratorios y empiecen a implementarse en las consultas médicas.

Y es que, lamentablemente, se estima que el tiempo que tarda el conocimiento médico-científico en alcanzar a los primeros interesados, los pacientes, ronda los 17 años. Obviamente, quienes ya han empezado a andar por la senda del alzhéimer o del deterioro cognitivo, no disponen de ese tiempo. Ante esta tesitura, tanto ella, como mi admirado Dale Bredesen, se han propuesto gritar a los cuatro vientos que el alzhéimer ya no es una condena vitalicia, ni mucho menos. De hecho, se puede no solo esquivar, sino curar. De ahí la rotundidad del título. Realmente existe un antídoto para prevenir y tratar el alzhéimer. Y no es un caro tratamiento médico.

 

 

Alzhéimer y dieta cetogénica

Sí, no solo es eficaz para tratar la epilepsia o el síndrome de ovario poliquístico y para ponérselo ciertamente difícil al cáncer, la dieta cetogénica (vedla aquí un héroe acusado de villano) también hace milagros con el alzhéimer. Sí, la palabra es “milagros”.

No ahondaré en fisiología cerebral (tanto el libro de Amy como el del Dr. Bredesen detallan los mecanismos concienzudamente). Sí os diré por qué una dieta baja en carbohidratos tiene el poder de amilanar al alzhéimer: 

El beta-amiloide, la proteína que se acumula formando placas en el cerebro de quienes lo sufren (que, por cierto, no es la causa de la enfermedad, sino un mecanismo de defensa), comparte “basurero” con nuestra vieja conocida, la insulina.

Prueba del reloj de un paciente con alzhéimer

 

Una dieta que obliga al páncreas a segregar grandes dosis de insulina (léase aquellas de alta carga glucémica a base de carbohidratos como el pan, la pasta, el arroz, el maíz, el azúcar, las patatas y todos sus miles de derivados) también requerirá que la enzima encargada de degradarla haga horas extra cuando aquella ya ha hecho su función (vedla en resistencia a la insulina o la caja de Pandora). Y esta enzima, que presenta mayor afinidad por la insulina (así que ignorará cualquier otra proteína que haya que limpiar mientras haya insulina que degradar), es la misma que destruye el beta-amiloide cerebral. Así, unos niveles permanentemente elevados de insulina evitan que “limpiemos” el cerebro de beta-amiloide, sencillamente porque la enzima encargada de hacerlo está ocupada “limpiando” la insulina.

Aunque no es la única causa de alzhéimer, esta perenne hiperinsulinemia sí contribuye a su insidiosa aparición, lo que nos abre una puerta a la esperanza. Tenemos el poder de darle la vuelta a la tortilla y permitirle a la enzima degradar el amiloide. Y solo tenemos que mantener bajos nuestros niveles de insulina. ¿Cómo? Siendo fiel a una dieta baja en carbohidratos, alta en antioxidantes, moderada en proteínas de calidad y repleta de grasas saludables (no aceites vegetales ultra-procesados ni “frankenquímicos” con grasas trans), durmiendo bien, haciendo ejercicio regular y relegando el estrés al baúl de los recuerdos.

De hecho, las recomendaciones son idénticas tanto si queremos eludir el alzhéimer y el deterioro cognitivo, la epilepsia y el envejecimiento prematuro, como el cáncer, la diabetes y el resto de enfermedades crónicas no transmisibles. Así que bien vale la pena que empecemos a prestarles la atención que merecen.

El libro de Amy Berger no es solo un compendio de sabiduría que explica cómo y por qué, también es una guía práctica que recomiendo encarecidamente a todos los que quieran eludir el deterioro cognitivo e incluso revertir el alzhéimer ya instaurado. Por favor, dadle una oportunidad, no tenéis nada que perder… más que, quizás, un paseo a la biblioteca.

 

Myosotis, la bella nomeolvides

 

Puestos a olvidar…

Por fin, he aquí un recuerdo que, afortunadamente, no solo podemos, sino que debemos relegar al olvido. Borrad de vuestra mente la idea de que es normal perder la memoria conforme envejecemos. Olvidaos de que, ante un diagnóstico de alzhéimer, no hay nada que hacer más que esperar un insidioso declive y una muerte en vida… porque sí lo hay.

Tanto si apenas empezáis vuestra quinta década en este mundo y notáis que vuestra memoria ya no es lo que era, como si el deterioro cognitivo ya se ha plasmado en un diagnóstico, lo que sí debéis recordar es que el cerebro tiene una capacidad increíble para regenerarse y que nunca es tarde para empezar a cuidarse. No esperéis más y embarcaos hoy mismo en vuestra propia epopeya.

Ánimo, que vale la pena.



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