Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Fettuccine alla carbonara (sin fettuccine, ni carbonara)

29 julio, 2019

Fettuccine alla carbonara (sin fettuccine, ni carbonara)

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Con perdón del recetario tradicional italiano (o sin él, me da igual, que chinche reviente¹ 😀), hoy os propongo una opción keto y ultra-paleo de una famosa receta de pasta que (en España) se suele bañar en nata y (en todas partes) abarrotar de queso.

 

 

Aunque ninguna de las dos cosas es estrictamente necesaria para disfrutar de una cena saciante y reconfortante a la par que intestinal y metabólicamente inofensiva. Y encima la tendréis lista en dos minutos (bueno, échale cinco si también os apetece añadirle el dulzor del sofritillo de cebolla).

Solo tenéis que echar mano de unos tallarines de konjac (el «rizoma del no-ser» que os presenté aquí) y apañarlos un pelín.

 

 

Mi versión de carbonara (para cuando no me tocan lácteos – ved aquí por qué los raciono) es un sencillo (aunque sabroso) sofritillo de cebolla, al que añado bacon a cachillos y setitas diversas hasta que el primero queda crujientito y las segundas alegremente salteadas.

 

 

Y una vez está todo bien doradito y la cocina casi huele a trattoria, le añado los tallarines shirataki  bien escurridos (afortunadamente, cada vez es más fácil adquirirlos online a precios más que módicos) y les doy un garbeíllo.

Lo salpimento todo, lo retiro del fuego y le añado una yema de huevo opcional para aportar cremosidad.

 

 

Obviamente, si es el día feliz en el que os permitís un paseíllo por el mundo de los lácteos (o vuestra salud exenta de autoinmunes, cáncer o disfunciones metabólicas e intestinales varias os da vía libre), con un poco de parmesano rallado pasará de cena sencilla aunque exquisita a ambrosía de los dioses. Si no, pues tampoco lo echaréis (demasiado) de menos.

Es verdad que ese maldito adalid de la cocina italiana resulta exquisito, pero a veces el disfrute momentáneo de sensaciones intensamente placenteras (y ciertamente adictivas) no compensa el casi «síndrome de retirada» (las supra-poderosas «ganas de más», el célebre «mono», vamos) y malestar posteriores.

 

 

Aunque a veces sí… 😁

(1). Es que admito que, apaños aparte, las delicias que más echo de menos, muy a mi pesar, pertenecen al susodicho recetario. Así que el comentario no es fruto de un desdén real, ¡sino de una confesa e implacable rabia contenida!



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