Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Galletas risueñas de chocolate (o «tan feliz que duele»)

22 junio, 2018

Galletas risueñas de chocolate (o «tan feliz que duele»)

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¿Alguna vez habéis sentido tal felicidad que la emoción os produzca dolor? Es una sensación extrema que no había experimentado nunca en 37 años. Hasta hoy.

No soy capaz de describir con palabras la rotundidad de mi dicha. Solo os diré que he gimoteado y llorado a mares completamente incapaz de parar (ante el estupor de un restaurante muy concurrido) durante media hora de reloj… de pura alegría. Y estas galletas risueñas de chocolate son mi homenaje particular a esa sensación.

 

 

Hacía eones que atesoraba este cortador de galletas con forma de cara sonriente, pero no me decidía siquiera a sacarlo de su embalaje. Pero, curiosamente, hoy he ido derechita hacia él sin siquiera ser muy consciente de ello. Y he repartido estas alegres galletas entre mis conejillos de indias en un intento de compartir un poquito de mi felicidad.

Son unas bellas galletas paleo unidas entre ellas con chocolate 100%. Así que si no tenéis este cortador risueño en el armario, no os preocupéis, que dibujando sobre una galleta redonda de toda la vida, ¡conseguiréis una sonrisa igual!

 

 

Si os decidís a probarlas (que, risueñas o no, la verdad es que están buenísimas), contad que, para una feliz bandejita, necesitaréis:

  • un huevo (y una yema para pintarlas)
  • 4 cucharadas de almendra molida
  •  2 cucharadas de harina de coco
  • cucharadita de canela
  • una cucharada de aceite de coco
  • edulcorante al gusto (yo le he puesto una puntita de xylitol)
  • chocolate negro (idealmente, 100%) para pegar las mitades

 

 

Y no tenéis más que encender el horno y mezclar los ingredientes en una alegre bola, aplanarla sobre un papel sulfurizado y cortar las galletas (¡risueñas o no!)

Pintadlas con la yema y horneadlas a 180ºC. En apenas 10 minutos estarán, no las perdáis de vista, que pasarán rápidamente de ser galletas felices a curiosos cachos de carbón.

 

 

Y ya podréis proceder a unirlas por pares después de cubrir una de las mitades con un delicioso chocolate negro derretido (al micro se hace en un plis, pero no lo dejéis más de pocos segundos que también se quema en seguida!)

Aunque son muy chulas y están buenísimas, admito que no están a la altura de la magnitud del sentimiento que pretenden homenajear.

 

 

Y es que hoy he recibido un mensaje que ha catapultado mi espíritu a a la estratosfera. Hoy he ganado una batalla al cáncer y me he dado de bruces con mi vocación. Creo sinceramente que hoy sí es el primer día… del resto de mi vida.

 



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