Terapia nutricional y recetas bajas en carbohidratos

PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Dulce de coco “yo te cielo” (mi humilde homenaje a Frida)

2 mayo, 2019

Dulce de coco “yo te cielo” (mi humilde homenaje a Frida)

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“¿Se pueden inventar verbos? Quiero decirte uno… Yo te cielo.” 

No me cabe duda de a quién asestó Frida Kahlo esta bella frase… a su amado “accidente”¹, Diego Rivera. Él fue el gran amor (y confesa obsesión) de la vida de esta apasionada mujer de lengua afilada y estocada certera.

 

 

Su arte, de trazo ingenuo pero sobrecogedor, nació del ingenio de un alma singular aquejada por el sufrimiento. Primero por la polio y después por su “otro accidente” (fue arrollada por un autobús), se vio postrada en una cama durante años y tuvo que someterse a 32 operaciones² para intentar reconstruir su maltrecha columna… Y sospecho que su inconfundible vello facial delata además un contundente síndrome de ovario poliquístico. ¡Pero qué orgullosa lo lucía³!

 

Autorretrato con Collar de Espinas (1940, Museum of Fine Arts, Boston)

 

(1). Dijo Frida: “Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida. En uno, un autobús me tumbó al suelo… El otro accidente es Diego.”

(2). Y yo que me quejo de mis 5 cirugías del año pasado…

(3). Olé tú, Frida, olé. Que con lo que llevo gastado en depilación tendría hoy varios cortijos...

 

 

Así que para ella va esta versión low carb del dulce de coco, la zalamera delicia centroamericana (que he leído por ahí formaba parte de su repertorio de postres favoritos). La receta original es una suerte de confitura sencilla de coco rallado (fresco o no) con leche y azúcar (lo que facilita mucho su “low-carbización”). Solo hay que sustituir la primera por leche de coco (por la causa paleo) y obviar el segundo (o añadir un pelín de edulcorante).

 

 

Para dos bellos boles de “yo te cielo”, me he limitado a cocinar a fuego muy lento dos vasos de leche de coco (de la de beber), ocho cucharadas de coco rallado y una ramita de canela (hoy no os digo que sea canela de la verdadera que no daña el hígado, que encontrarla en rama es una tarea digna de sabuesos), removiendo de vez en cuando. Apenas 35 o 40 minutos más tarde, mi “yo te cielo” tenía la consistencia de una crema espesa. He apagado el fuego (astutamente, antes de que se quemase), he comprobado que mis papilas no requerían edulcorante adicional y lo he dejado enfriar.

 

 

Y ha quedado acaramelado, mimoso y (como cabría esperar) con un intenso sabor a coco. Así que, si contáis con la inmensa suerte de tenerlo cerca, aseguraos de que a vuestro “accidente” le gusta el coco antes de sorprenderle con un dulce “yo te cielo”. Y abrazadle mucho, mucho, mucho.



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