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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y cocinillas apasionada (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y ex-gorda-depresiva-polimedicada)

Tarta de fresa y chocolate o «mejor ser rey de tu silencio…

13 octubre, 2019

Tarta de fresa y chocolate o «mejor ser rey de tu silencio…

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… que esclavo de tus palabras» (William Shakespeare)

No, esta tarta no es para ti. Ni siquiera es para mí.

 

 

Esta tarta es para acallar esas voces que desoyen el sabio consejillo anterior y optan por soltarte majamente que «aunque tú vayas a traer postre, mejor comprar también algo que guste a los demás para la ocasión».

Así, digna y silenciosamente, propongo contestar apareciendo con esta obscenidad de pastel sin azúcar, sin gluten y low carb. Hala, pa’ vosotros, con todo mi cariño 😁

 

El «proto-brownie»

 

Y no solo acallará voces por su pinta celestial, encima está «requetebuena». Y es que no es más que mi infalible «llena-vacíos», las sempiternas fresas con chocolate, pero en modo tarta tetrafásica, exquisita y ultra cremosa.

 

La base de brownie recortada y protegida con el acetato-salvador-de-los-desmoldamientos de rigor

 

Y aunque sí requiere un pelín de rato de feliz pasteleo, lo cierto es que no es especialmente difícil y el resultado es soberbio. Solo hay que ir por partes tranquilamente.

 

La nata batida con las fresas feas trituradas un pelín gelatinizadas

 

Idealmente, habría que disponer de dos moldes, uno grande para hacer el brownie y otro más pequeño desmontable para apañar la tarta propiamente dicha.

Aunque si vuestro objetivo no es acallar voces, sino halagar invitados de buen corazón, colocad las distintas fases sobre el brownie en su molde original (habiendo puesto tras su cocción y enfriamiento el papel-de-acetato-salvador-de-los-desmoldamientos contra los bordes). La fase de abajo se verá menos nítida y no dispondréis de los retales de brownie para vuestro regocijo ulterior, pero estará exquisita igual.

 

El brownie a punto de desaparecer bajo una capa de nata «fresizada»

 

Para el pastel de la foto (que ha bastado para acallar 8 comensales, entre esclavos de sus palabras y reyes de su silencio), han caído:

  • un brownie o «denso suspiro de chocolate» hecho con 4 huevos en un molde de 25cm de diámetro (del que han sobrado unos exquisitos bordes cuando lo he recortado para adaptarlo al molde desmontable)
  • 400g de fresas
  • 400g de nata para montar (200 para la nata «fresizada» y 200 para la trufa)
  • una hoja de gelatina para dar un poco de consistencia a la nata «fresizada»
  • cacao puro en polvo (una cucharada colmada)
  • edulcorante al gusto (yo le eché una cucharadita de xylitol a cada alijo de nata)
  • un par de oncillas de chocolate negrísimo picadas
  • picadillo de almendra para decorar (¡o no!)

 

La interfase de laminillas de fresa y chocolate negro picado sobre la nata «fresizada»

 

Primero de todo, hay que hacer el brownie, dejarlo enfriar y colocarlo como base del molde definitivo. Poned papel de horno debajo y acetato contra los bordes para que vuestro yo desmoldeador del futuro no sufra más de lo estrictamente necesario.

Elegid las fresas más bellas para que decoren la tarta, las medio feas para ejercer de interfase y las menos agraciadas para «fresizar» la nata.

 

Manga pastelera lista para «trufizar» la interfase

 

Llegó el momento de la «fresización». Poned a hidratar la hoja de gelatina en agua fría y triturad las fresas más feas (unas 8 o 10 bastarán). Calentad el jarabe de fresas hasta que arranque a hervir, retiradlo del fuego y disolved en él la gelatina hidratada y el edulcorante. Dejadlo por ahí que se temple mientras montáis la mitad de la nata (con unos 200g tendréis bastante para una «capa sobre brownie» alegre en un molde de 20cm).

Mezclad el jarabe de fresas (ya fresquillo pero no del todo, que la gelatina cuajará antes de hora) con la nata montada, con cariño y movimientos envolventes. ¡Y nata «fresizada» lista!  Colocadla sobre el brownie e id a por la interfase.

 

Tercera fase de trufa, lista para acomodar las mitades de las fresas más bellas

 

Colocad láminas de las fresas medio feas y chocolate negrísimo picado sobre la nata «fresizada».

¡Y ya vamos a por la trufa! Montad la nata restante hasta que esté bien firme. Añadidle (también con amor y movimientos envolventes) el cacao y el edulcorante.

Meted la trufa en una manga pastelera (o no, que total luego las fresas la tapan) y cubrid la interfase de fresas medio feas y chocolate. Con 200g de nata «cacaoizada» también bastará.

 

La tarta en todo su esplendor

 

Y ahora sí que sí: llegó el feliz momento de recuperar las fresas más bellas y disponerlas sobre la trufa. Si la ocasión (o vuestro orgullo herido) lo merece, dadle un último toque con una lluvia de picadillo de almendra, tanto sobre las fresas como en los laterales cuatrifásicos.

Y disponeos a acallar voces digna y silenciosamente 😁

 

Mi mirada de orgullo (y sonrisa malévola oculta) ante el silencio atronador de la concurrencia


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