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PORQUE LOS GENES NO SON UNA CONDENA VITALICIA

Nutricionista, psicóloga y química en proceso (además de feliz superviviente de cáncer, insulinorresistente con síndrome de ovario poliquístico y EX-gorda-depresiva-polimedicada)

El arduo camino de Santiago paleo low carb

20 septiembre, 2018

El arduo camino de Santiago paleo low carb

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Curiosos masoquismos aparte, ¿hay algo que invariablemente os cause un dolor atroz, pero al mismo tiempo os haga extrañamente felices? A mí me ocurre con el camino de Santiago. Cada vez que me regalo unas etapas, acabo hecha una piltrafa, mis amados pies pierden como mínimo un par de uñas y me pregunto por qué estoy sufriendo esa tortura cuando podría estar tumbada en una playa… pero siempre quiero más.

¡Es como la vida misma! No es fácil, pero tiene su encanto.

El objetivo es caminar durante horas y horas sin fin (a pleno sol, soportando la lluvia o luchando contra el viento), con los pies destrozados y el cuerpo dolorido… Y no permitir que tu diablillo comodón coja el móvil subrepticiamente y llame a un taxi para poner fin al calvario, sin otra recompensa que la satisfacción personal de saber que lo has logrado (y unos glúteos de acero, eso sí) 😊

 

 

Aunque el gustazo de llegar al destino lo compensa, no dudéis de que sudaréis y sufriréis. Y si encima pretendéis seguir con vuestra estricta dieta paleo low carb antiinflamatoria mientras os dejáis pies y articulaciones varias en el camino, el desafío se convierte en pura agonía. Pero no dejéis que ese detallito os aleje del enorme placer que supone ir venciendo etapas. Es difícil, sí, pero no es imposible.

Ya os adelanto que, a menos que podáis llevaros de séquito un par de elefantes cargaditos de deliciosas viandas perfectamente frescas, paleo y low carb, algunas concesiones sí habrá que hacer. Os dejo aquí unos truquiños para minimizar el inevitable garbeo ocasional por el mundo “no-paleo-no-low-carb”, por si pudiera ayudaros a que, aunque os mojéis los pies, no os sumerjáis en él.

 

 

Kit de supervivencia inicial

Por mucho que “mole” improvisar, para el buen paleo-low-carbista, la previsión es esencial para minimizar la exposición. Asumo que, hoy en día, muchos no podréis permitiros hacer de una tirada el camino entero y optaréis también por ir haciendo etapiñas. Aquí radica la importancia del kit de supervivencia inicial, ese que traéis de casa y, aunque sea perecedero y no vaya a durar mucho, os permitirá empezar el camino con un par de días de saciado caminar. Y eso que tenemos ganado.

Y lo más recomendable para un buen kit de supervivencia inicial del camino, cómo no, es una densa y saciante tarta de Santiago a prueba de embestidas mochileras. Además de estar tremenda, resistirá tranquilamente el par de días que la tengáis sin nevera. Ni siquiera notaréis que no está recién hecha cuando le hinquéis el diente hambrientos, exhaustos y resignados ante los 15 kilómetros que aún faltan para el siguiente pueblo.

Y ya que encendéis el horno, aprovechad para incluir en ese tesoro de kit unas galletas de coco o unos alegres almendrados (que también son poco menos que inmortales y os iluminarán el rostro si el desayuno disponible se limita a tostadas con mermelada y bollería industrial).

 

 

Kit de supervivencia perenne

Algo que siempre hay que tener en la mochila (que podéis ir reponiendo en la mayoría de las tiendecitas de los pueblos en los que durmáis) son los frutos secos (que sean variaditos, no os hinchéis a almendra día sí y día también, que no queremos pasarnos de oxalatos tampoco).

Llevaos vuestro tarrito de aceite de coco (que café siempre hay) para haceros un delicioso bulletproof coffee (o café a prueba de balas) con el que podréis tirar millas hasta un bar más surtido sin preocuparos excesivamente por no haber desayunado. Idealmente, eso sí, que sea en un tarrito de cristal, no queremos que el aceite disuelva el bisfenol-A del plástico y nos haga un flaco favor.

Aseguraos también de incluir en el kit un alijo de vuestro chocolate 99% o 100% que, por muy encantadores que sean los pueblecitos que abrazan al camino, en ellos no encontraréis.

Y, por si surgieran momentos de crisis (cuya probabilidad de aparición dependerá de qué tramos elijáis y cuán estrictos seáis), yo añadiría al kit unos torreznitos de cerdo feliz, ¡que más vale prevenir!

Desayunos

Aunque este año me he regalado mis etapas en modo marquesa (con mochila ligerita y cama reservada), sabed que he tenido que renunciar al desayuno igualmente la mayor parte de los días (lo cual no le ha restado un ápice de alegre sufrimiento al camino) 😊

En algunos lugares sí ofrecen huevos para desayunar, pero yo recomiendo que no contéis con ello, mejor que sean una alegre sorpresa inesperada eventual a que os llevéis un chasco día sí y día también.

En el peor de los casos (que también son la mayoría), no habrá más que café, tostadas, zumo y bollería industrial. Si suplicáis, algunas veces os darán algo de fruta (y algunas no), aunque vale la pena intentarlo. He aquí una de las concesiones: si vais a caminar de 20 a 30 kilómetros, algo de fruta mañanera no debe asustaros. Quemaréis su azúcar alegremente. Eso sí, que sea fruta: el zumo de naranja (natural o no) mejor rechazarlo (no creo que compense el chute épico de insulina y el bajón de azúcar subsiguiente).

Si además de mermelada hubiera queso y embutido para las tostadas, podéis hacer otra concesión. Yo, dada mi condición de combatiente, he optado por renunciar al queso industrial que sí se me ha ofrecido (ved por qué en Lácteos: El Dilema), pero, a cambio, he hecho la vista gorda a las dextrosas y aditivos varios y he cogido algo de embutido cuando tenía (más o menos) buena pinta.

 

 

Aunque la verdad es que la mayoría de días me he echado a andar después de solo un café con aceite de coco tan feliz y sin mayores problemas (es otra de las ventajas de ser una eficaz quema–grasas, que “haberlas haylas“) 😀… ¡Y tampoco querréis afrontar cuestas con el estómago a reventar!

 

Almuerzos y cenas

Afortunadamente, casi en todas partes de este lindo país puede un@ agenciarse una ensalada, unos huevos, algo de verdura o carne sin rebozar (¡aunque no en todas! yo tiré de torreznos con un pepino a mordiscos en una ocasión).

Sabed que lo más habitual son los menús del peregrino a base de pasta, arroz o legumbres, rebozados varios y postres lácteos con mucho pan. Y, a menudo, que podáis almorzar o cenar bien no dependerá en absoluto de vuestra cartera, sino de que “haya” o “no haya”. ¡Pero será mucho más fácil que desayunar! A poco que el pueblecito tenga cara y ojos, habrá donde pedir unos pimientos (del piquillo o del padrón, según dónde os pille), unas judías verdes con jamón o un estofado a la antigua.

Sí os recomiendo decirle a todo el mundo que tenéis alergias alimentarias y/o que sois diabéticos y debéis controlar el azúcar, porque incluso en los pueblecitos del camino echan curiosos aliños azucarados a las ensaladas y pan con leche a las albóndigas con muy buenas intenciones.

Aunque será imposible controlar que realmente todo lo que comáis quepa realmente en una dieta paleo low carb antiinflamatoria (porque nunca podréis a menos que preparéis vosotros la comida de principio a fin), sí es posible mantener la afrenta en niveles aceptables durante el tiempo que os regaléis.

Disfrutad del merecido descanso del peregrino y de la rotunda belleza del camino que, tortura o no, vale la pena.

 

 

Quizás os preguntéis, con lo difícil que resulta mantenerse fiel a la dieta (y la extrema importancia que tiene, especialmente cuando combatimos un cáncer o una autoinmune), por qué recomiendo que os lieis la manta a la cabeza y echéis a andar. Pues, sinceramente, porque creo que, si lográis manteneros a flote y no sumergiros en menús de macarrones, croquetas y natillas, el ejercicio, el aire puro, el buen ambiente y el baño de luz diario lo compensará con creces.

¡Buen camino!



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